18 mayo, 2016
Desarrollo

Crónica del evento “Fiscalidad: eficiencia y equidad”

El pasado 17 de mayo nos dimos cita en la Fundación Hogar del Empleado (FUHEM) para debatir sobre fiscalidad española. Un coloquio y posterior debate, introducido y moderado por Juan A. Gimeno, presidente de Economistas sin Fronteras, en el que pudimos abordar algunos aspectos relacionados con la eficiencia y equidad de algunas figuras impositivas del sistema fiscal español. El motivo que nos condujo a celebrar este evento fue la presentación del dossier nº 20 de Economistas sin Fronteras (disponible aquí), centrado en esta temática. Pero no solo eso, pues un tema tan importante como la estructura fiscal española apenas tiene cabida en la arena de la opinión y el debate público.

El primero de los intervinientes, Jesús Ruiz-Huerta, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos y colaborador en el dossier, realizó una serie de consideraciones generales acerca del papel que juegan los impuestos en las sociedades actuales. La fiscalidad es un elemento esencial para financiar los servicios públicos de calidad; unos servicios públicos como instrumentos indispensables para combatir algunos de los problemas sobre los que la crisis económica actual más ha incidido, como son el aumento de la pobreza y la desigualdad. Haciendo referencia a la obra de Holmes y Sunstein, los impuestos no dejan de ser otra cosa que el coste de los derechos. En ese sentido, son dos los aspectos fundamentales a la hora de analizar el sistema fiscal. Por un lado, el nivel de presión fiscal, hoy en día muy por debajo de la media de la Unión Europea para el caso español, y la composición de la estructura tributaria, es decir, elementos a evaluar como sobre qué colectivos sociales recae el grueso de la recaudación o a quién beneficia el sistema fiscal tal y como está configurado actualmente.

Jesús Ruiz-Huerta también hizo referencia a algunos de los mantras más que extendidos que subyacen a la idea bajar impuestos. Entre otros, cabría destacar la idea de que los niveles de presión fiscal elevados dificultarían la actividad privada, en la medida en que detraen recursos que el sector privado, de manera más eficiente que el sector público, podría destinar a la inversión y con ello impulsar el crecimiento económico. Acto seguido señaló algunos estudios que ponen en entre dicho todo ese argumentario que  nos dice que el aumento de la presión fiscal supone un obstáculo al crecimiento. Entre otros, cabría destacar al estudio que realizan Piketty, Saez y Stantcheva, disponible aquí.

Por último, también señaló la creciente limitación de la capacidad redistributiva del sistema tributario, y las dificultades que entraña el contexto global sobre el margen de maniobra que tienen los Estados; esa tensión entre sistemas fiscales reducidos al ámbito del Estado-nación y un contexto internacional cada vez más interconectado y globalizado.

El segundo de los ponentes, Santiago Díaz de Sarralde, también profesor de la Universidad Rey Juan Carlos y colaborador en el dossier, centró su presentación en la equidad y la eficiencia del sistema fiscal. Comenzó apuntando que en España tenemos unos niveles impositivos bajos (80% de la media de la UE), cuya caída ha sido notable en el contexto de crisis en comparación al resto de socios europeos; también injustos, pues el grueso de la recaudación recae sobre los salarios y además existen grandes bolsas de fraude y “beneficios” fiscales; ineficientes, en la medida en que las PYMES pagan proporcionalmente más que las grandes empresas; e insuficientes, toda vez que nuestro nivel de recaudación es equiparable al de países como Polonia, Estonia, Eslovaquia, Rumanía o Lituania.

09_09_02_elroto_elpais

De esta manera, apuntaba el ponente, el diseño del impuesto sobre la renta adolece de una serie de problemas. Entre otros, cabe destacar que los distintos tipos de gravámenes para diferentes tipos de renta violan la neutralidad en el tratamiento de las rentas, que el diseño del impuesto sobre la renta no resuelve los problemas relacionados con la inflación, no elimina algunos efectos de doble imposición, o penaliza a las rentas bajas y medias y beneficia a los contribuyentes de altos ingresos.

Para tratar de resolver este tipo de problemas, Santiago Díaz propuso, de entre un conjunto más amplio de medidas, tratar de integrar el gravamen de la renta y la riqueza conformando un impuesto global sobre la renta. En concreto, la propuesta va encaminada a configurar el IRPF como un verdadero impuesto global sobre toda la capacidad de pago, teniendo en cuenta las rentas declaradas y las rentas implícitas derivadas de la riqueza, evitando tanto la doble no tributación como la tributación excesiva de los rendimientos honestamente declarados. A esta reforma vendrían asociadas una serie de ventajas, como la de contar con un gravamen más progresivo, homogéneo y neutral de todas las fuentes de renta, se incentivaría el uso productivo de los capitales frente al improductivo, o se ampliaría la capacidad de control sobre el fraude fiscal.

El último interviniente, Carlos Garcimartín, que al igual que los dos anteriores también es profesor de la Universidad Rey Juan Carlos y ha colaborado en el dossier, se centró en el impuesto de sociedades. El ponente puso especial énfasis en la dificultad que supone gravar la renta de sociedades en un entorno globalizado, donde las empresas, y sobre todo las grandes empresas, pueden localizar sus centros de operaciones en aquellos territorios con unos sistemas de tributación para las empresas más laxos. Además, esa “ingeniería fiscal” es mucho más fácil de realizar para las grandes empresas, lo que en última instancia desvirtúa la competencia.

En este sentido, basándose en un indicador que mide la recaudación por cada punto del tipo de gravamen del impuesto de sociedades, los resultados a escala Europea revelan como esta “productividad” del impuesto de sociedades es mucho más alta en países como Irlanda o Malta, países que presentan grandes incentivos fiscales para las grandes empresas.

Por otra parte, también puso de relieve las principales causas de la caída recaudatoria del impuesto de sociedades durante la crisis. Esta caída de recaudación se debe en cerca de un 64% al resultado contable de las empresas. Asimismo, casi la mitad de la disminución en la recaudación es causada por ajustes de empresas a ese resultado contable. En cambio, la eliminación de deducciones ha contribuido positivamente en el aumento de la recaudación del impuesto de sociedades.

Finalmente, Carlos Garcimartín también señaló la dificultad creciente que existe a la hora de establecer un mismo impuesto de sociedades en mercados unificados, como es el caso de la Unión Europea. Enfrentarse a este problema exige medidas multilaterales. Si bien es cierto que algunas medidas ya se han puesto encima de la mesa, todavía queda mucho por hacer.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *