Crónicas_Otra economía está en marcha

Autor: Enrique Gómez Pinel

Voy a intentar contar mis percepciones este fin de semana. Para contextualizar cómo me presento a las actividades, soy un estudiante de la UNED de los grados de ADE y Psicología, tengo 37 años, dos hijas y trabajo en una multinacional. Me tocó planear concienzudamente el fin de semana para poder asistir. Tuve que coordinar los turnos de mi trabajo desde hacía unas semanas y negociar con mi pareja que se hiciera cargo de nuestras hijas, con la esperanza de tener plaza. Me tocó trasnochar un poco para llevar al día las lecturas recomendadas. No conocía el Medilab y me pareció un sitio fascinante, tanto por su estructura como por su función.  Llegué pronto y  enseguida empecé a ver a gente muy joven para la reunión de los créditos. Me sentía un tanto fuera de lugar, lo que se reforzó cuando amablemente me indicaron que esta reunión previa sólo era necesaria para temas estudiantiles. Los que estudiamos en la UNED tendríamos que estar acostumbrados a ser un poco una anomalía, pero yo lo sigo pasando mal. Me sorprendió ver tanta gente tan joven involucrada en cambiar la economía. En el partido político al que pertenezco hay un déficit de militancia menor de treinta años. Así que, para empezar, me suponía una inyección de esperanza verme avasallado por críos que casi podrían ser mis hijos. Fue poético por parte del profesorado indicar que uno de los objetivos de las sesiones era sembrar las semillas del cambio.

Tras la firma de rigor me tocó pasar a recoger el aparato de traducción simultánea, con un poco de vergüenza por no poder defenderme a estas alturas con el idioma de Shakespeare. Reconozco que no me había leído los textos de Stefano precisamente por estar en inglés. No sabía qué me iba a encontrar  y la energía y convicción de este economista renegado me entusiasmaron. Su visión de las cosas es dura y sincera, empezando por señalar su sesgo como hombre europeo blanco. Se notó en la ronda de preguntas las ganas de aprender y aprovechar la experiencia todo lo posible. Sobre los Econoplastas, tenía ciertas reticencias a escuchar un cuento de economía (otro cuento de economía). Fue una experiencia muy refrescante, con una propuesta y una puesta en acción muy interesante, que nos demuestra a los urbanitas de Madrid que hay más vida e ideas fuera de las grandes urbes.

El día siguiente empezó fuerte con la Mesa de Economía y Poder. Itciar Ruiz cuestionó los paradigmas estratocéntricos y neomarxista, con el que tengo mayor afinidad. Es  necesario que te cuestionen la naturaleza de tus creencias para poder aprender y comprender. Comparto completamente  su mensaje de cuestionar la economía de mercado liberal depredadora y la democracia representativa actual. José Medina siguió con un discurso más sosegado en las formas pero igual de transformador, centrado en cómo dar batalla a las empresas y apuntando las contradicciones e incoherencias de la Agenda 2030. Fue muy gráfico el ejemplo de Shakira, cuando una persona pública y reconocida aboga por el filantrocapitalismo. Me acordé mucho de las palabras de Antonio Banderas en Antena 3, tan aparentemente inocentes e inspiradoras y tan hegemónicas en el fondo. Su final fue esperanzador, señalando la necesidad de construir democracia, progreso sin crecimiento y ciudadanía.

Ignacio Martínez de Egoa, se centró en construir poder desde la sociedad civil, indicando que se imponen las lógicas transnacionales. Se dominan las estructuras de toma de decisiones retroalimentando los procesos de concentración de poder que generan asimetría. Insufla aliento instando a la movilización de la sociedad civil, frente a las transnacionales de las élites aboga por la transnacionalización de la sociedad civil. Me parece una visión complementaria a la que se plantea en el Plan B para Europa, que aboga por la internacionalización en lugar de la globalización. Víctor Alonso Rocafort trató el tema de la crisis de democracia. Explica que los elementos oligárquicos ganan la partida a los democráticos en nuestro régimen. Me resultó particularmente interesante la reflexión sobre la abstención de las capas más pobres, que no reciben respuesta a sus necesidades.

En la siguiente mesa, eché de menos la representante feminista en repensando la economía, con Oscar Carpintero y Mª Eugenia Rodríguez Palop, aunque ésta última, mientras hablaba de la economía de los comunes, realizase alguna pincelada. Me sorprendió el discurso de Mª Eugenia cuando vi que daba clase en la Universidad Carlos III de Madrid. El relato ecológico de Óscar Carpintero es de los que se sigue obviando en los medios de comunicación mayoritarios, aunque palpemos el cambio climático en nuestro entorno de forma tan ostensible. Se hace difícil encontrar, con el mero sentido común, argumentos para contravenir que la jerarquía ecológica es la superior, que la biosfera condiciona lo que se puede o no se puede hacer, y aún así esto se ignora sistemáticamente. El paradigma hegemónico aguanta poco cuando nos recuerda que, en la economía tradicional los recursos elaborados y los residuos son externalidades del sistema. La falacia de que el crecimiento es factible porque no hay restricciones físicas es, desde fuera, impresionante que se siga sosteniendo. Cuando sacó las leyes de la termodinámica y la entropía, pensé en muchos tertulianos. María Eugenia trató el tema con el que estaba menos familiarizado, los bienes comunes. Me llamó la atención la defensa de la articulación de normas para gestionar el bien común en una sociedad democrática, en un momento en el que la moda es abogar por reducir la normativa. Expuso de forma muy clara la unión de los bienes comunes con los conceptos de justicia social, empoderamiento ciudadano y ampliación del espacio público. Concreta la gestión de los bienes en democracia, justicia social y autogobierno. Me resultó muy llamativo que abogase por la existencia de los movimientos sociales como tal, independientemente de los partidos. Es un debate que tenemos abierto en los nuevos partidos.

Después de comer, se trataron las interdependencias globales, con Carlos Sánchez Mato y Pablo Martínez Osés. Fue refrescante contrastar con un concejal de los llamados ayuntamientos del cambio todo el argumentario que se vierte contra ellos, desde la ideología extrema hasta la falta de experiencia, pasando por el todos son iguales. Con un lenguaje muy directo, que imperó en las jornadas, dio ejemplos concretos de las limitaciones para gobernar un ayuntamiento intentando implantar políticas progresistas. Lo que más me impactó fue que tuviera asumido su fecha de caducidad dentro de tres años, pero que estaban intentando incluir mecanismos, como los presupuestos participativos o los pliegos de requisitos sociales en las empresas que contraten con la administración, que sean interiorizadas por la ciudadanía y tengan difícil vuelta a atrás.

La última mesa de movimientos sociales en un mundo global con Erika González, Iolanda Fresnillo y Ricardo García Zaldívar fue un gran cierre de las jornadas. Me interesaban mucho sus propuestas porque el activismo es un tema oculto en los medios y porque nunca he militado, mi indignación me llevó directamente a un partido político sin pasar por el asociacionismo. Erika González, investigadora del Observatorio de Multinacionales en América Latina, expuso claramente los mecanismos de las empresas transnacionales para lograr la acumulación de recursos, pasando por la violación de derechos humanos, la explotación de recursos naturales, mercantilizar nuevos sectores (como los servicios) y la especulación. Propone la resistencia frente a las grandes empresas, para detener la expansión del capital transnacional y frenar impactos; la regulación de los gobiernos, con mecanismos de control; y las iniciativas de la sociedad civil, con propuestas alternativas postcapitalistas. Detrás de cada impacto de las sociedades transnacionales hay respuestas de colectivos de la sociedad civil. Puso como ejemplo a Endesa, en la construcción de una planta eólica en Colombia. También cita la campaña Desmantelar el Poder Corporativo, con tribunales permanentes de los pueblos, como instrumento para visibilizar problemas. Me pareció triste cómo se ningunea la lex marcatoria y se tapan tratados como el TTIP o el TISA sin apenas información. Resumió que los estados no pueden ser los únicos ejes de la construcción de derecho internacional. Después intervino Iolanda Frenillo pertenece a la Plataforma de Auditoría Ciudadana de la Deuda, un tema denostado en muchos medios. Explicó que la deuda es un problema sistémico, que se refleja en aspectos como la reforma de nuestra constitución el artículo 135 de la constitución o el papel del eurogrupo con Grecia, indicando que la deuda se usa como instrumento de restar soberanía para la imposición de determinadas políticas públicas. Identifica la deuda como un mecanismo de desposesión de recursos económicos. Me pareció una intervención muy clara y necesaria para recordarnos, como dijo, que la deuda ha desaparecido de la agenda política y es un tema vital. Por último intervino Ricardo García, representante de ATTAC y profesor en la Universidad Carlos III. Me sorprendió una postura valiente, como me había pasado por la mañana, procediendo de un centro tan tradicional, por no emplear otro adjetivo, como es esa universidad madrileña.

El regusto final de las jornadas fue agridulce. Por un lado esperanza por la existencia de las jornadas en sí, por el peso intelectual de los ponentes y por la extrema juventud de parte de los asistentes. Por otro, la visión dura de la realidad y la ansiedad sobre si habrá tiempo de cambiar las cosas antes de que sean irreversibles. Me recordó lo que dijo Yanis Varoufakis en una reciente entrevista de Javier Gallego para el programa Carne Cruda, la cabeza dice que es imposible, pero el corazón dice que hay que intentarlo. De cara a ampliar el espectro, para futuras jornadas, creo que sería constructivo tener en cuenta la línea de Eduardo Gudynas con el “buen vivir” y Nines Maestro con las relaciones de capitalismo y salud mental. También sería interesante ahondar en las contradicciones citadas por Ricardo García en el cierto vacío de militancia que han sufrido los movimientos sociales, en su caso ATTAC, debido al ingreso en las fuerzas políticas del cambio y las contradicciones, también apuntadas por Carlos Sánchez, de los activistas que ahora son representantes políticos.

 

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