16 octubre, 2017
Comunicación

El falso debate entre renta básica y pleno empleo

Por Juan A. Gimeno Ullastres

Artículo publicado en ctxt.es 27 de Septiembre de 2017

Me resulta difícil entender la oposición desde determinadas posiciones a la propuesta de implantación de una renta básica, de una renta mínima garantizada con carácter universal y automático. Por ejemplo, quienes la contraponen al objetivo del pleno empleo, como se ha recogido en CTXT en los últimos meses y recientemente (30 de agosto de 2017) en un artículo de Stuart Medina y Andrés Villena (en adelante, MyV). Como señalaban, se trata de un debate que se debe realizar con profundidad y honradez, y a ello pretendo contribuir. Aunque no me resisto a señalar que echo de menos esas dos cualidades en muchas de las afirmaciones de MyV.

Comparto su reflexión inicial sobre “la supremacía ideológica neoliberal sustentada en una doctrina con fundamentos teóricos acientíficos, que han propiciado niveles sin precedentes de pobreza y desigualdad en la distribución de las rentas y de la riqueza”. Es precisamente esa situación la que hace urgente aplicar medidas que solucionen la grave situación en que se encuentran tantas familias, uno de cada tres menores en España. La situación de exclusión social de una cuarta parte de la población obliga a poner en marcha ya esa renta mínima garantizada automática.

Sorprendentemente, para MyV, afirmar lo anterior equivale al reconocimiento de una derrota, a la renuncia al pleno empleo y a algunas otras aberraciones semejantes que citaré más adelante. Según ese razonamiento, si tengo una grave enfermedad que me provoca grandes dolores, pedir remedio al dolor equivale a renunciar a curar esa enfermedad. MyV, coherentemente con su postura, exigirían que los esfuerzos se centraran en la curación y se opondrían vehementemente a cualquier medicación paliativa. 

¡Eso sí que es un razonamiento neoclásico! ¡No pongamos en marcha la renta básica porque a largo plazo conseguiremos el pleno empleo! Ya sé que desearíamos que éste se alcanzara a corto plazo; pero me temo que todos esos hogares en situación de pobreza se sentirían bastante más tranquilos si, mientras tanto, se les da alguna solución que garantice unos mínimos de dignidad. 

Evidentemente, luchar contra la desigualdad sangrante y la pobreza y la exclusión social exige actuar sobre sus causas, sobre las bases del sistema, sobre las condiciones del mercado de trabajo, sobre la financiarización depredadora de la economía real, sobre los oligopolios y, en definitiva, sobre el propio modelo neoliberal. Pero no es menos evidente que el éxito en ese intento va a llevar bastante tiempo. Y, hasta entonces, ¿no hacemos nada? A largo plazo, ya sabemos, todos muertos. 

Los peyorativos argumentos de MyV contra la renta básica sí que harán las delicias de los políticos neoliberales. Si “causa anomia y reduce a sus perceptores a la minoría de edad”, como afirman, ponen en bandeja los recortes en prestaciones sociales, pues parece ser que los subsidios crean vagos y maleantes. No es un caballo de Troya, es un ataque directo y en toda regla.

Los subsidios actuales contra la pobreza no es solo que humillen a los perceptores. Es que conllevan una brutal carga administrativa (para las Administraciones Públicas y para los afectados), sufren retrasos de hasta doce meses de media (según datos de EAPN), no llegan a una gran parte de sus teóricos destinatarios, son tremendamente desiguales, ineficaces e ineficientes…

Además, y esto es muy importante en relación con los argumentos de MyV, sí pueden generar a menudo la denominada trampa de la pobreza. Al ser habitualmente incompatibles con otra retribución, se pierden cuando se acepta una oferta de trabajo.  Dada la proliferación de empleo basura, son muchas las ocasiones en que trabajar supone perder dinero. O la mejora es ínfima. El incentivo es claro a optar por mantener la situación subsidiada o ingresar en la economía sumergida. 

La renta automática e incondicionada suprime ese efecto al ser compatible con otros ingresos. Y reduce por ello también los hipotéticos incentivos a la vagancia. Cualquier ingreso adicional que se consiga incrementa la renta personal, con lo que el atractivo a aceptar una oferta laboral es evidentemente mayor.  

¿Por qué, dicen los detractores, va a aceptar un trabajo si ya tiene una renta garantizada? Porque, coincidimos, difícilmente un nivel realista de renta mínima permitirá una vida de muchos lujos. Sus perceptores preferirán normalmente buscar formas de incrementar sus recursos. Así lo demuestran todos los estudios disponibles sobre experiencias semejantes o asimilables. Así lo demuestra la propia existencia de horas extraordinarias o la búsqueda de trabajos complementarios porque se desea incrementar la renta…, trabajando más. En todo caso, hay muchas más probabilidades de que se acepte el trabajo con un sistema de renta básica universal que con los sistemas actuales.  

¿Supone ello una subvención a las malas prácticas empresariales, como dicen MyV? No diré que la renta básica vaya a solucionarlo (es en la legislación laboral y en la potenciación de la inspección donde hay que discutirlo), pero es evidente que la existencia de esa renta otorga al trabajador un mayor grado de libertad a la hora de rechazar empleos basura y de luchar por sus derechos.

Argumentos generalizables respecto a los colectivos que más dificultades tienen para encontrar trabajo (mujeres, minorías raciales, personas con antecedentes penales o con minusvalías…). Es obvio que la renta básica no es panacea para todos los problemas sociales. Ninguna medida lo es. Pero es evidente que ganan en libertad y en recursos respecto a la situación actual.

MyV incluyen aquí uno de las afirmaciones más inaceptables y deshonestas de su artículo: “La solución que les proponen desde la RBU es excluirles definitivamente en vez de exigir al estado que los integre en la comunidad”. Entonces sería válido decir a la inversa: “La solución que proponen MyV a los desempleados y a quienes se encuentran en situación de pobreza es que se dediquen a la mendicidad o al robo mientras conseguimos el pleno empleo y que el Estado los integre”. 

Tan absurda es una afirmación como la otra. Defender la renta básica es compatible, aún más, coherente, con el apoyo a la igualdad de la mujer, al pleno empleo, a la dignidad en el trabajo y a cualquier otra política en favor de los derechos de la persona. Quien quiera contraponerlos no solo hace demagogia, sino que juega claramente a favor de los interesados en mantener ejércitos de reserva en la pobreza.

Es cierto que desde la derecha (por ejemplo, gobierno de Finlandia), se va a querer aprovechar para seguir desmantelando el Estado de bienestar. Ya lo están haciendo, en nuestro país y en muchos otros, sin necesidad de la renta básica. Ese es uno de los criterios claros para diferenciar las propuestas de renta básica. La coherente es la que propone esta renta como sustitución de subsidios asistenciales y como garantía de mínimos de los contributivos. Pero sin tocar para nada el resto de las prestaciones sociales. Quienes pretenden aprovechar para defender recortes, son los mismos que se escudan en la crisis o en imposiciones exteriores para aplicar las políticas regresivas que están en su ideario. Cambiar las relaciones de poder es la misma lucha que necesitamos tanto para implantar la renta básica correcta como para implantar políticas de pleno empleo, defender la igualdad y los derechos de los trabajadores, etc.

Uno de los párrafos más sorprendentes del artículo de MyV es el siguiente: “Esta es la gran debilidad ética de la RBU. En la nueva sociedad de rentistas básicos habrá ganadores que conseguirán acceder a los empleos retribuidos y perdedores condenados a una magra renta sin muchas posibilidades de realización personal más allá de una austera vida de ocio barato, de jubilación anticipada.”

Debo de vivir en otra sociedad, porque es ahora cuando estamos en una sociedad de ganadores que acceden a los empleos retribuidos y estables, y perdedores condenados a contratos de mísera retribución y duración de días, o al desempleo de larga duración sin subsidio alguno, o a la jubilación anticipada de hecho, porque el mercado expulsa a partir de cierta edad…. Sin posibilidades de realización personal ni siquiera de acceso a una vida de ocio barato ni, a veces, de alimentación digna. La tentación es caer en el mismo juego y señalar que “esta es la gran debilidad ética de MyV: que parece no importarles lo que ocurra a los perdedores de hoy”. 

De hecho, curiosamente, se defiende implícitamente la renta básica solo para los ganadores. Porque no hay crítica, por ejemplo, a las deducciones en la cuota del IRPF por mínimos personales y familiares, que no es sino un subsidio de renta mínima… para quienes ganan dinero previamente. ¿Se oponen a que ese subsidio para los afortunados se generalice también para los “perdedores”? 

Coincidimos en que la vida laboral es uno de los cauces más importantes de participación en la vida social y uno de los factores que más puede ayudar a consolidar sentimientos de realización personal y de valía de las personas. Pero podríamos imputar un sustrato ideológico neoclásico a quienes solo admiten como trabajo el que pasa por el mercado y tiene una retribución. Y de jacobinos y déspotas ilustrados a los que solo aceptan como opción personal la vida “ortodoxa y ordenada”. Incrementar el grado de libertad de las personas parece resultar molesto. Defendamos el pleno empleo también para que las personas tengan libertad para elegir qué tipo de trabajo desean. 

Para MyV, demostrar la viabilidad de la financiación de la renta básica es una obsesión que delata las bases neoclásicas de la propuesta por tener una visión del Estado constreñido financieramente. O sea, ¡que pueden hacerse propuestas sin preocuparse de si son viables porque el Estado tiene dinero para todo! Demostrar que la renta básica es viable financieramente es un requisito elemental de cualquier propuesta seria. Y los estudios aportados lo demuestran y subrayan el carácter redistributivo del juego conjunto de la renta básica y de su financiación. Algunos incluso demostramos que podría hacerse sin incremento de gasto y preconizamos una paralela reforma fiscal que solucione la inadmisible desigualdad de trato de las rentas del capital financiero respecto a las del trabajo. 

Hablemos de macroeconomía y el peligro inflacionista de la renta básica. Es cierto que la redistribución en favor de los hogares con menores niveles de renta probablemente conlleve un incremento en el consumo global de los hogares. Ese incremento en la demanda provocaría inflación si no hubiese un correlativo aumento de la producción de bienes y servicios. Pero lo normal, keynesianismo puro, es que ocurra precisamente lo contrario: que el efecto sea una mayor producción y una reducción de las cifras de desempleo. La renta básica, lejos de ser una rendición, jugará a favor de mayor empleo. Y en caso de fase depresiva, al asegurar un colchón mínimo de consumo, la renta básica atempera la caída de la demanda y el crecimiento del desempleo.

MyV dan por hecho el efecto inflacionista porque, ya hemos visto, suponen que con la renta básica ya nadie querrá trabajar. Aunque la lógica y las evidencias disponibles nos digan lo contrario. 

La defensa de la renta básica se fundamenta en la defensa de la dignidad de las personas, de todas las personas. Por supuesto que es deseable crear empleo para todos. Por supuesto que sabemos que no es una medida que solucione todos los problemas (¿lo hace el pleno empleo?). Por supuesto que hace falta actuar sobre las raíces de la desigualdad. Por supuesto que son necesarias muchas más medidas. 

¿No sería mejor unir fuerzas en favor del ideal de la dignidad y la justicia para todos, en vez de enfrentar artificialmente propuestas perfectamente complementarias que van en la misma dirección?

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