La V feria de la Economía Social y Solidaria de Madrid en su esplendor

Mañana de sábado soleada en el distrito de Arganzuela; familias, jóvenes y mayores que se dirigen por el paseo de la chopera hacia la Casa del Reloj. Me parece oír hablar de boniatos, un salmón que nada a contracorriente, milhojas de papel y traficantes de sueños. ¿Qué está pasando esta mañana al lado del río Manzanares?

Me decido a seguir a una familia para descubrirlo cuando un  voluntario me ofrece un folleto en el que se puede leer: “V feria de la Economía Social y Solidaria en Madrid”. Economía Social Y solidaria… Como no acabo de tenerlo del todo claro, me acerco a uno de los más de cien expositores que conté para preguntar. Allí me hablan de una economía con valores, un instrumento hecho por y para las personas. Una herramienta de transformación social, que apuesta por la sostenibilidad, la equidad y cooperación en las relaciones económicas.

 

Como parecía inofensivo, decidí unirme a lo que parecía una fiesta. Había música y caras sonrientes de gente que compartía proyectos e ilusiones. La primera parada era obligatoria. Tenía que encontrar eso que llamaban boniato. Resultó fácil de averiguar, porque los encontré en el primer puesto de la feria. Me contaron que se trata de la moneda complementaria del Mercado Social de Madrid. Un medio de intercambio del que se conoce origen y destino, ya que los boniatos solo crecen dentro de la red del MES y se nutren por sus principios.

Así que cambié unos cuantos euros por boniatos y estuve recorriendo los puestos de la feria. Hablando con Som energía comprendí el funcionamiento del mercado energético en España, con Somos Conexión que la factura de teléfono también puede ser una expresión de militancia.  Visitando el puesto de 2decológico redescubrí el sabor de la fruta de huerto. En EcoEko me enseñaron a reconocer los ingredientes de cosméticos que a nadie le gustaría ponerse sobre la piel, y El Salto me hizo recapacitar sobre la importancia de mantenerse críticos en la era de la información.

 

Por último, tuve la suerte de coincidir con Alicia Rius y sus compañeras de la Red de Economía Feminista, quienes con su decálogo remueven conciencias e invitan a la reflexión. Me quedé con la necesidad de repensar el concepto del amor, amor en cuyo nombre muchas mujeres siguen dando más a los demás que a sí mismas, a menudo sin reconocimiento. Justo después Eva Parra sorprendió a la audiencia con su ingenio y vitalidad en el monólogo “Las edades de la mujer” el cual, en clave de humor y con solo tres personajes –una niña avispada, una mujer embarazada y una abuela combativa- fue desmontando uno a uno los mitos más añejos que giran en torno a estas tres edades.

Creo que hice bien en cambiar de rumbo esa mañana de sábado. Salvo algunas pinceladas que se podrían mejorar (falta de puntos de reciclaje, un mapa de los expositores más detallado, algún parasol para protegerse de los últimos rayos del verano…) la V feria me enseñó que casi siempre existen alternativas, y que apostar por otra economía más justa deja de ser una utopía cuando son tantas personas las que trabajan con los pies en la tierra para conseguirlo. Poco a poco atrae a más curiosos como yo, quienes de una manera u otra llegan a la ESS, para quedarse.

 

Sara Rueda Fernández

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