Memoria del año 2011

Es el segundo año en el que desde esta Junta Directiva tratamos de coordinar los pasos a dar por Economistas sin Fronteras, donde pienso que estamos logrando articular un trabajo con cierto nivel de armonización, al margen de las lógicas
y naturales discrepancias entre personas con un concepto no uniforme de lo que son las relaciones humanas, pero sí coincidentes en los principios de lo que es la justicia social y la libertad de las personas, en definitiva, los derechos humanos.

Repasando la carta que escribí el año pasado, me decepciona observar que la imagen que tenía entonces de la falta de interés de nuestras administraciones públicas en apoyar a los países empobrecidos y, en general, a las personas más desfavorecidas, no solo no ha sido modificada, sino que, por el contrario, ha ido aumentando alarmantemente. Y todo ello, por el efecto de las medidas tan desalentadoras adoptadas últimamente por la práctica totalidad de los países europeos y, en general, por los de todo el mundo occidental, que demuestra la ralentización del compromiso adquirido por el llamado mundo desarrollado en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y, sobre todo, al comprobar cómo los grandes esfuerzos se sacrifican en favor del consumismo, la competitividad y la desbocada obsesión por la creación de riqueza.

Desafortunadamente, esta sombría realidad quedó perfectamente dibujada en mayo de 2010, cuando nuestro gobierno anunció un recorte de la Ayuda Oficial al Desarrollo de 300 millones de euros, y de otros 500 millones para 2011 (que al final superó los 900 millones, un 17%), dejando a la AOD española en el 0,4% del PIB, muy por debajo del compromiso del 0,7%. Y lo que augurábamos que podría ir a peor, desafortunadamente se ha visto confirmado, ya que el nuevo gobierno no sólo no ha mejorado estas previsiones, sino que ha incrementado las reducciones notablemente.

Y mientras tanto, continuamos caminando sobre el corredor de la miseria que muchos habitantes del mundo soportan, y que se hace más visible en según que escenarios del planeta, marcando una profunda división económica entre el Norte y el Sur, y estableciéndose un nuevo orden mundial bajo el control de los todopoderosos mercados, alrededor de los cuales giramos todos los países como si de un tiovivo de feria se tratase.

El Nobel de Economía Stiglitz pronunció unas palabras a los concentrados del 15-M que personalmente me impactaron: “No se pueden reemplazar las malas ideas por la ausencia de ideas sino que hay que cambiarlas por buenas ideas. Lograr que se integren en el debate público requiere organización y liderazgo. Va a ser una lucha difícil porque esas malas ideas están asentadas en el discurso económico dominante, pero ahora tenemos una gran oportunidad para unir la ciencia económica con el compromiso y la justicia social, y lograr así una nueva economía”.

Por eso, en Economistas sin Fronteras seguimos conservando la esperanza de que nuestro trabajo proporcione sus frutos y podamos ver algún día que, con el esfuerzo de todos los miembros de esta organización, desde la unión de sus voluntades y la responsabilidad de cada uno de nosotros, hayamos podido influir en la  sensibilización de una parte significativa de la población, a fin de que superen las estructuras económicas actuales, y sirvan de herramienta transformadora para lograr una economía más justa.

Y para terminar, aprovecho esta oportunidad para agradecer, en mi nombre y en el de mis compañeros de Junta Directiva, la entrega y dedicación del personal profesional, así como de socios y voluntarios de EsF; igualmente agradecemos las acertadas y siempre valiosas aportaciones de nuestros patronos. Y también, hacemos extensible nuestro agradecimiento a los organismos e instituciones públicas y privadas que han confiado en nosotros, y siguen haciéndolo, en apoyo de los proyectos que desarrollamos y que sin su ayuda no sería posible realizar.

Alejandro Represa Martín
Presidente de Economistas sin fronteras

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