15 diciembre, 2015
EsFComunicación

Un 0,14% del presupuesto: hablemos de la Cooperación al Desarrollo

Por María Atienza Artículo publicado en El Salmón Contracorriente, el 7 de noviembre de 2015   Talleres MMREn las últimas semanas ha sido tema de debate en los medios la Cooperación Internacional Española. Esto es debido a la falta de compromiso presupuestario arrojado a la luz tras la reciente aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, los cuales destinan un 0,14% del total del presupuesto a la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), porcentaje que continúa en la línea del brutal retroceso que ha sufrido esta partida desde 2008. Se ha eliminado la Convocatoria de Convenios, que es una de las modalidades de financiación de las ONGD (Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo) en las que se apoyan proyectos de cuatro años -esto permite que las actuaciones tengan un impacto mayor en la zona de intervención- Pero, ¿qué es cooperar? ¿Qué es la cooperación internacional? La idea de cooperación ha estado presente en las relaciones diplomáticas internacionales desde hace mucho tiempo. En su origen, la cooperación era entendida como una forma de resolver los problemas entre los diferentes países de un modo distinto al militar. Sin embargo, la vinculación directa entre Cooperación y Desarrollo comienza a darse en la práctica tras la II Guerra Mundial, en el marco de las necesidades y problemas planteados en el nuevo panorama internacional a finales de los años 40. El término tal y como ahora lo conocemos ha evolucionado sustancialmente en su enfoque y metodología práctica. En la actualidad, la cooperación internacional -para el desarrollo- se podría abordar desde dos perspectivas según la formulación y posterior ejecución de las actuaciones: a nivel micro, dejando de lado los antiguos enfoques asistencialistas y colocando a la persona beneficiaria como principal actor de su propio desarrollo. Por otro lado, desde el punto de vista macro, la cooperación internacional muchas veces supone una política de acción exterior de los países y está supeditada a los compromisos (en su mayoría económicos y comerciales) que adquiere el país receptor de la ayuda. En un mundo globalizado como el actual, las relaciones entre los diferentes países ya no coexisten bajo una relación país-país, sino que dependen de las decisiones de un gran número de instituciones supranacionales por un lado, y del propio funcionamiento del sistema capitalista por otro, que tiene como actores principales a las grandes corporaciones transnacionales. Este tipo de organismos que actúan como lobby se caracterizan por su poder de influencia y una forma de actuación en la que “el fin justifica los medios” produciendo una serie, de lo que algunos vienen a denominar, externalidades negativas, que desvirtúan los resultados de muchas de las actuaciones de cooperación en una suerte de círculo vicioso en la que las acciones de unos conllevan necesariamente la existencia de los otros. Este panorama no es del todo negativo si tenemos en cuenta los avances a nivel internacional en la elaboración de Planes, Objetivos y Estrategias como la reciente aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), elaborados bajo el marco de la Agenda Post-2015. La voluntad política de los países vendrá a marcar las nuevas agendas de cooperación y el consiguiente logro de sus metas. Sin embargo, no podemos dejar en manos de las políticas de los gobiernos (que se dictaminan en función del partido político que esté en ese momento en el poder) el logro de objetivos tan importantes como por ejemplo “el fin de la pobreza en todas sus formas” o “la igualdad de género”. La sociedad civil y los actores que formamos parte de la cooperación tenemos responsabilidad de exigir unos niveles de transparencia y mecanismos de gestión eficaces en estas políticas Pero entonces, ¿qué es la Ayuda Oficial Al Desarrollo (AOD)? Es un instrumento de financiación que tiene que ser otorgado por un Organismo Oficial (Estatal, local, Universidad Pública…) del país donante, con el objetivo de promover el desarrollo y bienestar social y económico del país receptor de la ayuda, calificación determinada por el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD). Su carácter es concesional, esto significa que la ayuda se otorga como donación o bien, en el caso de otorgarse como préstamo, (lo que se conoce como ayuda reembolsable) éste se concede a un tipo de interés por debajo del mercado y con un elemento de donación de al menos un 25%. En el contexto español, la principal razón esgrimida del recorte en AOD es el grave retroceso de la economía tras la grave crisis originada en 2008 que ha llevado a unos elevadísimos recortes en materia del gasto público para solventar el déficit producido. Sin embargo, en un análisis más detallado siguen existiendo partidas, como el gasto en defensa u otros, que podrían destinarse a la AOD, por no hablar de los casos de corrupción que han venido llenando el panorama político del país demostrando la mala gestión de los fondos públicos disponibles. Una vez más es cuestión de un ejercicio de voluntades. La sociedad civil y los actores que formamos parte de la cooperación tenemos responsabilidad de exigir unos niveles de transparencia y mecanismos de gestión eficaces en estas políticas. Es necesaria la articulación de movimientos de base que tomen parte en la consecución de las acciones de ayuda y desarrollo. Las campañas de sensibilización y las movilizaciones, por ejemplo, son parte fundamental para modificar las políticas de los países y las empresas. ¿Hay límites a la cooperación? La respuesta está en la propia coyuntura internacional actual. Los recursos para llevar a cabo los proyectos de desarrollo, aunque bien gestionados y distribuidos, pueden llegar a ser muchas veces escasos, ¿de qué forma entonces se podría lograr entonces la sostenibilidad de las organizaciones que llevan a cabo estas acciones? Desde el enfoque de la Economía Social y Solidaria, aunque estemos hablando de un plano aún micro, se pueden transformar los contextos sociales, económicos y ambientales de las realidades que se pretenden cambiar. Hablamos por tanto de un modelo basado en los principios de equidad, sostenibilidad ambiental, trabajo, cooperación y compromiso con el entorno, que promueven un sistema de relaciones distinto en las que las organizaciones empresariales, el modelo de mercado y consumo y las relaciones humanas, buscan un equilibrio multidimensional en todos los contextos. Los enfoques y modelos de desarrollo están en continua evolución y requieren de una revisión continua. Además, es importante identificar a todos los actores que formamos parte de este gran entramado de relaciones causa-efecto. Son las voluntades de todas y todos.    

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