‘El nuevo paradigma de los Tratados de Libre Comercio en las políticas comerciales’ por Sergio Rubio

En la V edición de las Jornadas “Otra economía está en marcha” organizada desde Economistas Sin Fronteras tuve la oportunidad de acudir al taller participativo sobre Políticas Comerciales impartido por Gonzalo Fernández Ortiz de Zárate, investigador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL), donde dinamiza la línea de investigación sobre alternativas al poder corporativo.

El tema principal del debate era la llegada y el posible impacto que pudieran tener los llamados Tratados de Libre Comercio como el TTIP, el CETA y otros. En líneas generales estos Tratados son acuerdos entre la Unión Europea y Estados Unidos (y Canadá) para armonizar la legislación sobre aranceles de productos, trabajadores y regulación medioambiental. Actualmente los dos tratados más importantes son el CETA, que es el Acuerdo Económico y de Comercio que la Unión Europea ha cerrado con Canadá, que actualmente está parcialmente en vigor desde septiembre del 2017. Por otro lado, el TTIP es el tratado de libre comercio que está siendo negociado entre la Unión Europea y EEUU desde junio de 2013 y que actualmente se encuentra paralizado.

Para resumir y poder abordar el debate sobre estos tratados y su posible impacto, voy a dividirlo en 4 puntos de reflexión.

  1. ¿Son estos tratados un fenómeno político o son simplemente una coincidencia?

Claramente es un fenómeno político ya que está impulsado tanto por el Gobierno de Estados Unidos como por las instituciones europeas: Parlamento Europeo, Comisión Europea y Consejo de la Unión Europea. En estos últimos son en donde se están llevando a cabo los principales debates ya que, gracias a las presiones ciudadanas y al apoyo de ciertos partidos políticos, se está consiguiendo más visibilidad a la entrada del TTIP. Por nombres podemos encontrar tanto al comisario de Comercio de la UE en 2014, Karel de Gutch, o el ex presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso, como principales impulsores del tratado del TTIP. Ahora bien, me gustaría ver más allá para ver si hay detrás algo más que un movimiento político. En las últimas décadas estamos asistiendo a un momento de redefinición del sistema capitalista, especialmente impulsada en la década de los 80 con las políticas liberales de Thatcher y Reagan, que pretende imponer unas nuevas reglas de juego en el sistema. El futuro (aunque no muy lejano) agotamiento de las energías fósiles, las ansias de crecimiento a cualquier coste, la continua crisis de la socialdemocracia (y consigo el fracaso parcial del llamado Estado del Bienestar) y la llegada de una cuarta revolución industrial parecen propinar esta nueva escalada de tratados comerciales-económicos. Todo esto marca el contexto de la aparición de dichos tratados pero es preciso recordar los intereses económicos que tiene el poder corporativo que marca el ritmo político a través de los llamados lobbys (especialmente en Estados Unidos de América) y que con la llegada de estos tratados se vería bastante beneficiado, como más tarde comentaré. Desde el estadillo de la crisis financiera en 2008, las grandes corporaciones pretenden, cada vez más, derribar las fronteras mercantiles y hacerse con lo que yo llamo los “grandes trofeos de la economía capitalista del siglo XXI”, que son: el mercado de servicios (especialmente el turismo), la compra de deuda pública de los países (por ejemplo, China tiene alrededor del 7% de la deuda de EEUU) y la aparición de nuevos productos financieros cada vez más complejos de entender.

  1. ¿Qué objetivo tienen?

Los principales objetivos que se pueden extraer directamente del TTIP (y que se pueden asociar tanto al CETA como a otros acuerdos similares como el ya firmado por Estados Unidos, Cánada y México llamado NAFTA): eliminar todas las «obligaciones aduaneras» que sean posibles entre la UE y EE.UU, reducir o suprimir ciertas barreras no arancelarias o indirectas como a las normas y regulaciones legales tanto de productos como de servicios, y proporcionar a las corporaciones privadas derecho de litigio contra las leyes y regulaciones de los diversos estados.

El principal foco de debate es la modificación de la regulación existente en las relaciones comerciales entre ambos espacios económicos, favoreciendo únicamente a las grandes empresas transnacionales que son las únicas interesadas, sobre todo la relacionada con el control sanitario de determinados productos, con los estándares medioambientales, con los convenios laborales, con la propiedad intelectual y la privatización de servicios públicos. Todo esto se sostiene con la perspectiva de creación en EEUU y UE de hasta dos millones de nuevos puestos de trabajo y un crecimiento económico del 1% gracias a la mejora en la competitividad, la oferta de trabajo, la simetría legislativa entre ambas zonas y el aumento de la libertad económica. A mi juicio el principal objetivo que se esconde detrás de estos tratados es la implementación de una macroconstitución económica mundial que esté por encima de las constituciones de los países y que limite la capacidad de los gobiernos para legislar sobre sus ciudadanos. Es decir, un cambio de tendencia desde una soberanía popular hacia una soberanía económica, donde el poder lo tienen las grandes empresas. También creo que existe una intención de ampliar y reorganizar el comercio internacional (con Estados Unidos a la cabeza) con la expansión de economías emergentes como la de China de sus exportaciones.

  1. ¿Cuáles son los impactos que pudieran tener en nuestras vidas?

Con la entrada de estos nuevos tratados de libre comercio hay que tener claro que, ante el cambio de las reglas de juego, va a haber perdedores y vencedores. Los primeros que pueden encontrar beneficio son las medianas y grandes empresas europeas con perspectiva de crecimiento internacional que, debido a la apreciación de dólar, hagan sus exportaciones más competitivas a corto o medio plazo, ahora sí, a costa del incremento potencial del desempleo en EEUU. En el corto plazo las grandes multinacionales instauradas a ambos lados del charco tendrán más facilidades para adaptarse a la normativa y estarán más seguras gracias al ISDS. No solo en EEUU, Europa también estará obligada a competir en precios a la baja, lo que se traduce en ajustes en los salarios.

El sector que más creo que puede verse afectado es el del trabajo ya que no solo habrá un recorte a la baja de los salarios, sino también de los derechos de los trabajadores debido a la homologación de las normas laborales. Es importante recordar que Estados Unidos se ha negado a ratificar convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), incluyendo aquellos que se refieren a la libertad de asociación y a las prácticas sindicales. Como apunta el profesor Adoración Guamán de  Derecho  del  Trabajo  y  de  la  Seguridad  Social  de  la  Universitat  de  València: “los   tratados   provocan   tres   dinámicas:   limitan   directa   o indirectamente la  capacidad  de  regular  en  materia  de  trabajo  y  de  seguridad  social  del  Estado  y  sus Administraciones  públicas;  impulsan  la  competencia  entre  Estados  para  atraer  las inversiones  mediante  la  rebaja  de  las  normas  reguladoras  de  derechos  laborales  y  sociales)  y ,de esta manera, con el fenómeno de dumping social instalado como práctica empresarial habitual  se  acaba  provocando  un race  to  the  bottom,  es  decir,  una  carrera  a  la  baja  de  los  estándares Socio laborales.”

No solo en el ámbito laboral, también en el sanitario y agroalimentario podríamos sufrir una disminución en la legislación sobre controles de calidad y la entrada de cada vez más alimentos transgénicos (ya que en EEUU existe una legislación bastante laxa sobre dichos productos).

En el medio ambiente podemos fijarnos en que la Unión Europea pretende cambiar la política de exportaciones de petróleo y gas procedentes de Estados Unidos y mantener la dependencia europea hacia los combustibles fósiles. Gracias al informe realizado por Ecologistas en Acción titulado “TTIP, CETA y TíSA: blindajes perfectos para criminales climáticos” podemos resumir el impacto que puede tener en: aumento de exportaciones de gas natural de EE.UU. a la UE, con lo conllevaría más fracking, dependencia de los combustibles fósiles y más emisiones de gases de efecto invernadero.; y un aumento de exportaciones de petróleo crudo de EE.UU. a la UE.

  1. ¿Qué alternativas tenemos como ciudadanos?

La alternativa más clara con la que podemos contar los ciudadanos es la de presionar a los políticos europeos, tanto a través de los parlamentos nacionales como a las instituciones europeas. No queda otra que ejercer una importante influencia y obligar a los políticos a que nos proporcionen toda la información que se vaya generando con respecto a estos tratados e intentar plantear propuestas desde la sociedad civil. Muchos son los ejemplos de sistemas económicos prácticos y alternativos con los que contamos, como la “Economía del Bien Común”, la “Economía Social y Solidaria”, el “Ecofeminismo”, etc., pero es difícil plantearlo a nivel mundial y que pueda considerarse como eje principal de las relaciones económicas. Ahora bien, que sea difícil no quiere decir que sea imposible por lo que podemos estar animados y seguir luchando por cambiar las reglas económicas que hasta ahora nos habían impuesto y pensar que un mundo mejor es posible.

Una respuesta a «‘El nuevo paradigma de los Tratados de Libre Comercio en las políticas comerciales’ por Sergio Rubio»

  1. Se trata de un artículo que carace de todo rigor económico. Los argumentos que se ofrecen para defender una posición proteccionista de los Estados respecto al comercional internacional no está basada en las posibles ganancias netas, en base a criterios económicos o econometricos rigurosos y no en suposiciones conspirativas, que genera una u otra postura para la población en su conjunto. Es curioso que se defienda la divergencia y desharmonización legislativa y de estándares de los productos como medio para mejorar nuestras vidas. Es decir se defiende que poner trabas al comercio, en vez de eliminarlas, es positivo. Todas las civilizaciones que han conseguido progresar minimiamente en este planeta lo han hecho gracias al comercio, y no yendo contra él. No se deben confundir una conciencia social o de mayor igualdad, respecto al establecimiento de reglas al comercio que sean conocidas, acordadas por todas las partes y mejoren la interoperabilidad en los mercados, ampliando tanto la demanda como la oferta, generando por tanto eficiencias de mercado y economías de escala de las que nos beneficiamos todos. Ir contra este tipo de tratados es como ir contra el mercado común europeo y reclamar soberanías y disputas nacionales que tan dañinas fueron durante la primera mitad del s.XX.

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