Desafíos cotidianos y alternativas posibles desde las economías transformadoras >

Sara Sama Acedo - Universidad Nacional de Educación a Distancia
Gema Alcañiz Olmedo - Centro Universitario Cardenal Cisneros

Introducción

En las últimas dos décadas, especialmente tras el estallido de la crisis financiera de 2008 que visibiliza las consecuencias de una acumulación de crisis --ecológica, de reproducción social, financiera, de legitimidad política (Pérez-Orozco, 2011, 2013)--, han emergido numerosas iniciativas y prácticas organizacionales críticas con el modelo socioeconómico dominante con el fin de hacer frente a unas necesidades y demandas sociales y medioambientales básicas y urgentes.

Es el caso de emprendimientos productivos y de empleo enmarcados en el cooperativismo; proyectos que defienden formas de propiedad compartida; plataformas digitales cooperativas; sistemas de aprovisionamiento agroecológico; o iniciativas comunitarias y colaborativas que abogan por la producción/gestión de recursos comunes y para la provisión de cuidados, frecuentemente vinculados con la Economía Social y Solidaria, el ecologismo, la economía feminista o con teorías y prácticas renovadas de commoning. De un modo amplio, estas iniciativas han sido planteadas como “Economías Transformadoras” (ET) (Suriñach, 2017; Tapia, 2018) desde una propuesta conceptual y programática que permita sumar en la construcción de un relato común a un buen número de propuestas, prácticas económicas y políticas que, aun siendo diversas entre sí, participan de un proyecto socioeconómico emancipatorio común.

Partiendo de la línea de trabajo seguida en el marco del proyecto de investigación desarrollado desde 2020 a 2024 “Cambiando los paradigmas: prácticas y discursos de las “Economías transformadoras” en un contexto de urgencia ecosocial” (PID2019-106757GAI00 financiado por MCIN/AEI/ 10.13039/501100011033), proponemos poner el foco en las limitaciones, ambivalencias y tensiones existentes entre la perspectiva “transformadora” en términos económico-políticos de las ET y aquello que sucede en la práctica cotidiana. Consideramos que esta vía de conocimiento y reflexión, centrada en prácticas, procesos y contextos concretos de acción y relación, permite avanzar en la comprensión de las “transformaciones” que desarrollan las diversas iniciativas cuando imaginan, discuten y llevan a la práctica respuestas concretas ante los desafíos intrínsecos que las atraviesan (Sanz, Sama y Carrero, 2023).

Acorde con ello, nuestra investigación se ha basado en la realización de estudios de caso de entidades que se autoidentifican con las ET en diferentes lugares de España y Portugal, considerando cinco ámbitos de acción pertinentes en el contexto actual por las transformaciones que emergen de ellos: (1) la (Re) Significación de la propiedad y los bienes comunes; (2) formas de organización económica no orientadas a la acumulación monetaria adscritas a la Economía Social y Solidaria; (3) manejos de los recursos medioambientales y la provisión alimentaria en el contexto de la transición ecosocial; (4) provisión de los cuidados dedicados a la vida; (5) (re) significación de la producción/gestión en la “economía de plataforma”.

Desafíos cotidianos y alternativas posibles: sostenibilidad, cuidados y transformación

A continuación, presentamos una selección de aquellos desafíos y respuestas más representativas surgidas de un trabajo conjunto de sistematización con 14 iniciativas en torno a tres categorías amplias sobre las que más habitualmente reflexionan, organizan y proyectan sus objetivos: la sostenibilidad, los cuidados y la transformación.

Debemos tener en cuenta previamente dos cuestiones importantes: (1) estas categorías no son estancas o independientes, sino que están íntimamente interrelacionadas; (2) las respuestas ante los desafíos comunes que expresaron las iniciativas son variadas porque responden a las características organizativas y trayectorias específicas de cada una de ellas. Algunas son iniciativas de base comunitaria, gestionan los recursos y producen valor no solo a partir de relaciones mercantiles ni tampoco desde fórmulas únicamente asumidas por el Estado. Otras, se organizan desde fórmulas cooperativas, o bien como fundaciones sin ánimo de lucro y como asociaciones formalizadas.

En menor medida encontramos proyectos e iniciativas que son comunidades, asociaciones, espacios y/o redes no formalizadas. Además de estas iniciativas comunitarias, participaron empresas cooperativas que organizan la producción/distribución de bienes y servicios y el trabajo. Algunas de ellas están vinculadas a la ESS y tienen una larga trayectoria. Otras cooperativas más recientes y de menor tamaño están relacionadas con el aprovisionamiento alimentario agroecológico, con la economía de plataforma o con las energías renovables.

Sostenibilidad

Esta categoría hace referencia al difícil equilibrio que afrontan las iniciativas al buscar su sustentabilidad y viabilidad económica, poniendo en el centro el cuidado y respeto del medioambiente y las personas sin externalizar los costes que ello implica, como sí sucede en el ámbito mercantil regido por criterios de rentabilidad y productividad. No obstante, siendo un término polisémico y controvertido, las diversas iniciativas apuntaron varios retos, posibles respuestas y algunos dilemas abiertos.

(...) La mayoría de los proyectos y empresas cooperativas organizan la producción de bienes y servicios y el trabajo basándose en PRINCIPIOS de equidad, justicia y compromiso con el entorno, aunque ello suponga ser menos rentables económicamente, al verse en la tesitura de tener que mantener unos precios justos y a la vez accesibles y competitivos, lo cual solo es posible a costa de: (1) que las iniciativas soporten –sobre los cuerpos y economías implicadas– el sobrecoste que conlleva; (2) limitar los gastos en mejorar las infraestructuras y/o mantener salarios justos y equitativos; (3) reducir la provisión de productos sostenibles y/o ecológicos locales cuyos precios suelen ser más elevados; (4) recurrir a formas de financiación como créditos y subvenciones públicas. . . 

, lo cual choca con sus deseos de autonomía y genera una fuerte tensión económica al introducir temporalidades, requerimientos y burocracias difícilmente asumibles.

Como respuesta a ello, las iniciativas tratan de potenciar su autonomía fomentando relaciones de intercooperación con iniciativas semejantes para cerrar cadenas de valor o abaratar los gastos mediante compras colectivas, el desarrollo común de la gestión tecnológica, campañas conjuntas, acciones logísticas coordinadas, etc. En relación con el dilema de su vinculación (o no) con las entidades públicas, aunque la dependencia de subvenciones parece algo generalizada, en algunos casos se opta por diversificar los ingresos buscando fuentes de contratación externa (ej. de prestación de servicios con Ayuntamientos).

Otro reto para buena parte de las iniciativas con una base de personal asalariado significativa –como fundaciones y cooperativas medianas– tiene que ver con la aspiración de mantener los principios de igualdad salarial. En algunos proyectos nos encontramos con que la respuesta principalmente pasa por la aplicación del salario interprofesional o del convenio, sin considerar diferencias en cuanto a la responsabilidad, dedicación o grado de cualificación que implican determinadas tareas. Esto, no obstante, no está exento de dilemas. Por ejemplo, la igualdad salarial dificulta la atracción de perfiles especializados en saberes más técnicos o con conocimientos expertos en gestión, burocracia, marketing y representación para realizar ciertas tareas que se vuelven imprescindibles en el caso de depender de subvenciones nacionales y/o europeas y/o aumentar las fuentes de contratación de servicios externos.

Si hablamos de cómo las iniciativas tratan de ser sostenibles medioambientalmente, encontramos que, en general, desarrollan e implementan alguna medida en esta dirección, que, según el caso, puede ser: la reducción y reciclaje de baterías, plásticos, residuos orgánicos, el consumo de producto local y la supervisión de la trazabilidad de algunos productos y/o el abastecimiento a través de proveedores de producción ecológica y energías sostenibles. Sin embargo, las iniciativas se topan con verdaderas dificultades que frustran estas medidas, ya que su implementación y la ampliación de servicios medioambientales tiene costes que son internalizados, de nuevo, a costa de incorporar formas de autoexplotación o de comprometer los “beneficios” destinados a la viabilidad de las iniciativas.

Finalmente, frente al reto de la sostenibilidad temporal de las iniciativas, encontramos que algunos aspectos favorecen/limitan la continuidad temporal de la iniciativa en coherencia con sus valores fundacionales, y que ésta se ve principalmente afectada por: (1) la diversificación de los participantes cuando las iniciativas crecen o se contratan nuevos perfiles “más técnicos” y “menos comprometidos” con la iniciativa y sus valores; (2) la renovación generacional de las iniciativas. Como respuesta a esto, se realiza un trabajo acompañamiento y formación junto a la sensibilización en los valores de la iniciativa y/o el cooperativismo cuando entran nuevas personas contratadas (o socias). Además, se aplican medidas (por ejemplo, la rotación de cargos y tareas, plazos para la renovación de las comisiones, o apertura de los espacios) que facilitan la renovación de los órganos de deliberación y decisión para que las personas hagan propia la iniciativa, se sientan parte de ella y, así, aseguren la continuidad del proyecto y se mantenga su coherencia sin que ello suponga un estancamiento de este.

Cuidados

Esta categoría hace referencia a cómo las iniciativas afrontan el reto de poner en el centro de su actividad el cuidado de las personas y dan respuesta a las necesidades diversas de estas, así como las formas en que manejan y acompañan en la práctica cotidiana la inclusión de la diversidad.

Uno de los principales desafíos identificados tiene que ver con el reparto equilibrado de los tiempos dedicados a sostener la(s) vida(s), el trabajo y la militancia, es decir, nos confronta con la tensión no resuelta entre capital-vida. En este sentido,

(...) la mayoría de las iniciativas lidian con el DILEMA de cómo ajustar los exigentes tiempos/espacios que exige el trabajo y la militancia con los necesarios para el cuidado de las vidas. Buena parte de las iniciativas con personal asalariado, considerando el deficiente marco legal estatal sobre conciliación, opta por amplificar y flexibilizar las condiciones y derechos laborales con permisos por maternidad/paternidad más largos, flexibilizar o aumentar los permisos para el cuidado de personas mayores/dependientes a cargo o para el acompañamiento en hospitalizaciones. En cooperativas de orientación explícitamente feminista, se aborda la desigual organización de las tareas productivas y reproductivas que perjudica a las mujeres.. . 

Por ejemplo, introducen medidas como hacer del cuidado de los/as hijos/as de las personas cooperativistas una tarea rotativa y remunerada entre estas para evitar que ello recaiga sobre otras mujeres de la familia.

Otro de los desafíos importantes es crear y mantener lugares/tiempos de encuentro regulares y distendidos donde visibilizar las tensiones y establecer formas de cuidados y apoyo mutuo para remediar “el quemado” que acarrea la sobrecarga de trabajo y responsabilidades. Referente a esto, la mayoría de las entidades destinan un tiempo al inicio de las asambleas para realizar rondas emocionales. También, en ocasiones, a la hora de tratar algún tema delicado y/o que pueda comprometer a algún/a compañero/a se plantean espacios/tiempos para dinamizar la comunicación fuera de la asamblea. Sin embargo, estas medidas pueden ampliar las exigencias de dedicación y terminar también colonizando el tiempo dedicado a la vida personal y familiar. Por eso, algunas cooperativas destinan una parte del presupuesto a contratar servicios especializados en mediación, formación y organización de espacios/tiempos para los cuidados entre las personas.

Por último, en cuanto a la inclusión/gestión de la diversidad, en términos generales,

(...) las iniciativas consideran que existe un problema de INCLUSION no resuelto en buena parte de sus proyectos, aunque identifican este valor como algo deseable. Buena parte de las iniciativas están llevadas a cabo por y enfocadas fundamentalmente a personas de clase media, formadas y principalmente urbanas. En algunos sectores, además, existen desajustes de género que traslucen desigualdades estructurales en el acceso a formación y trabajo. Las pocas iniciativas que se reconocen diversas social y culturalmente en la composición de sus participantes advierten, no obstante, dificultades para generar dinámicas realmente inclusivas y participativas en la toma de decisiones.. . 

las iniciativas consideran que existe un problema de inclusión no resuelto en buena parte de sus proyectos, aunque identifican este valor como algo deseable. Buena parte de las iniciativas están llevadas a cabo por y enfocadas fundamentalmente a personas de clase media, formadas y principalmente urbanas. En algunos sectores, además, existen desajustes de género que traslucen desigualdades estructurales en el acceso a formación y trabajo. Las pocas iniciativas que se reconocen diversas social y culturalmente en la composición de sus participantes advierten, no obstante, dificultades para generar dinámicas realmente inclusivas y participativas en la toma de decisiones

y, como respuesta, tratan de hacer accesible la información en formatos didácticos y adecuados a la diversidad de comprensión y expresión existente.

 

Transformación

En esta categoría, las iniciativas apuntaron principalmente los modos en los que de forma práctica consiguen difundir y amplificar las transformaciones ecosociales que proponen y orientan sus actuaciones. Es importante destacar que, siendo esta una categoría especialmente asociada a lo imaginable y deseable, los agentes implicados aportaron significado a la misma en términos de acción. A modo de resumen, podemos englobar sus aportaciones en dos tipos de estrategias:

1) Estrategias asociadas al crecimiento y a la escala de actuación. “Crecer” aparece como una pulsión intrínseca a muchas de las iniciativas: para mantenerse viables económica y socialmente, para amplificar sus propuestas a un público social más amplio y para tener “peso” en los ámbitos político-institucionales de toma de decisiones e introducir cambios en las políticas públicas. El crecimiento no es pues definido como un fin en sí mismo, sino como “un medio para …”. Esta pulsión genera una serie de debates en las iniciativas en torno a cómo crecer y/o para qué, asumiendo que el proceso implica, en buena medida, incorporar lógicas del sistema de mercado que son consideradas insostenibles social y medioambientalmente y que, por lo tanto, limita las transformaciones que esperan desarrollar.

En este orden de cosas, no extraña que bastantes iniciativas a priori no prioricen el crecimiento, o que este se realice generalmente siguiendo tres estrategias: (1) la intercooperación entre iniciativas locales y organizaciones sociales relacionadas; (2) estableciendo, en algunos casos, acuerdos de no competitividad con otras entidades ubicadas en el sector; (3) incorporando límites a los sobreesfuerzos de los agentes que exige el proceso.

No obstante, estas opciones también entrañan otros dilemas. Por ejemplo, el hecho de que las iniciativas muevan volúmenes reducidos de beneficio genera dificultades logísticas y económicas que entorpecen la intercooperación, aun sabiendo que esta reforzaría la viabilidad económica (Sama, Homs y Berna, 2024). Además, aunque traten de mitigar las lógicas competitivas entre las distintas entidades del sector, es difícil confrontar el impulso de fortalecimiento de cada entidad en relación con el objeto que persigue. Finalmente, incorporar limitaciones a los sobreesfuerzos de los agentes es complicado, en tanto que intercooperar (establecer redes y acuerdos con otras entidades, etc.) implica un aumento de tareas y dedicación (no retribuido en la mayoría de los casos).

2) Estrategias asociadas a la coparticipación con el ámbito público-institucional. En este sentido, encontramos que las iniciativas demandan y promueven espacios “reales” de coparticipación con las instituciones públicas, aunque cuestionan las lógicas extractivas que estas introducen sobre las innovaciones y los servicios sociales y medioambientales que generan las comunidades e iniciativas. A pesar de haber aumentado la financiación pública orientada a la transición ecosocial, esta última se percibe, sin embargo, desanclada de las “necesidades prácticas” de los proyectos, desequilibrada hacia el ámbito formativo, de investigación y difusión y condicionada por quien otorga los recursos, principalmente el Estado, y los distribuye, como grandes consultoras, fundaciones, empresas, etc., que mayoritariamente concurren a las convocatorias (Sama, Homs y Berna, 2024). Además, incorpora una carga burocrática y de gestión, así como formas de regulación y control inasumibles para buena parte de las pequeñas iniciativas, especialmente de base comunitaria con fórmulas asociativas y no formalizadas. Ello explica que algunas iniciativas opten por la autonomía y lo manifiesten explícitamente como opción política, asumiendo una mayor precariedad económica y sobreexplotación laboral desde el compromiso militante. Y que entidades más dependientes de las Administraciones públicas prefieran no significarse políticamente si no es a través de las prácticas concretas que se llevan a cabo desde la entidad, como la sensibilización de género, capacidades diversas, etc.

Conclusiones:

El estudio de los diferentes casos en los que se ha basado nuestra investigación y las dinámicas de discusión y reflexión conjunta con las diferentes entidades dan cuenta del esfuerzo y creatividad invertidos por las diferentes iniciativas para construir “otra economía” siguiendo lógicas diferentes a la racionalidad capitalista. Sin embargo, existe una tensión permanente entre el deseo y voluntad de los/as participantes de “hacer las cosas de otra manera” y los condicionantes culturales, materiales y estructurales con los que se encuentran. Ante las limitaciones y desafíos existentes e intrínsecos al devenir de las iniciativas, estas no desarrollan respuestas únicas ni soluciones acabadas. En este orden de cosas, consideramos que gran parte de su capacidad transformadora consiste precisamente en visibilizar y abordar las limitaciones, tensiones y dilemas a los que se enfrentan cotidianamente, situándolos como ámbitos concretos de reflexión y experimentación a partir de los cuales se desarrollan los procesos de transformación socioeconómica que impulsan.

Quisiéramos terminar compartiendo el sentir de las iniciativas cuando consideran un verdadero logro el mantenimiento de los proyectos, teniendo en cuenta la variedad y calado de las tensiones y dilemas que confrontan y los condicionantes estructurales que las atraviesan. A menudo, a los proyectos inscritos en las ET se les exige demasiado: que sean innovadores, sostenibles ecológica y socialmente, que potencien el desarrollo y cohesión social y que además sean viables económicamente, generadoras de conocimiento y empleo y políticamente activas. Sin embargo, como ellas mismas reconocen “se necesitan transformaciones estructurales profundas, cambios normativos y de mentalidades que no dependen sólo de nosotras”.

Esto invita a reflexionar, cuanto menos, sobre el papel que están llamados a desarrollar tanto las instituciones públicas como los propios consumidores de estas iniciativas. Respecto a las primeras es preciso que asuman un papel realmente habilitador y facilitador para las transformaciones que estas iniciativas emprenden (recursos materiales, humanos, marcos normativos adecuados, etc.).

No basta con ampliar los incentivos y ayudas económicas, menos aún si estas siguen resultando inasumibles para las iniciativas ecosociales medianas y pequeñas o generan nuevas dependencias y precariedades. La carga burocrática que implican, un excesivo énfasis en la multifuncionalidad y la exigencia de formas de formalización y justificación de actividades beneficia mayormente a empresas convencionales, lo que contribuye a una cooptación y despolitización de los discursos desarrollados desde las ET sobre la sostenibilidad socioambiental. Respecto a los segundos, cabe destacar que un tipo de compromiso excesivamente centrado en la compra y disfrute de servicios, no alcanza a transformar las relaciones de producción/reproducción que siguen implicando la (auto)explotación de quienes trabajan y militan en las iniciativas. Se precisan prácticas más profundas de implicación y corresponsabilidad, como compartir los riesgos de la producción o asumir la corresponsabilidad del acceso a los medios de producción, la financiación, la planificación de la producción o la consecución de buenas condiciones de trabajo.

Antes de acabar queremos agradecer la colaboración de todas las organizaciones y entidades que han hecho posible este trabajo, especialmente a: Economistas sin Fronteras, REAS (Red de redes de Economía Alternativa y Solidaria), FUHEM ESF (Madrid), Supermercado Cooperativo La Osa (Madrid), Traperos de Emaús (Navarra), Tambora (Sevilla), El Rincón Lento (Guadalajara), La Red de Huertos Urbanos de Madrid, Sindicato de Manteros/Tienda Pantera (Madrid), Gramagraf (Barcelona), Mol-Matric (Barcelona), Kikiricoop (Asturias), Som Ecologística (Barcelona), Cooperativa La Corriente (Madrid), Agresta (Madrid), Trabensol (Madrid), Otro tiempo (Madrid), y Senda de Cuidados (Madrid).

 

(*) Este artículo forma parte de Dossier EsF nº 54: "Estrategias, alianzas y soluciones colectivas para los retos actuales del emprendimiento en la Economía Social y Solidaria", correspondiente al Verano 2024

Bibliografía

  • Pérez-Orozco, A. (2011) Crisis multidimensional y sostenibilidad de la vida. Investigaciones Feministas, 2, 29–53. https://doi.org/10.5209/rev_INFE.2011.v2.38603
  • Pérez- Orozco, A. (2013) La sostenibilidad de la vida en el centro... ¿y eso qué significa? En Mora Cabello de Albal, L y Escribano, J (2013). La ecología del trabajo: el trabajo que sostiene la vida. (p. 71-100). Ed. Bomarzo.
  • Suriñach (2017) Economías transformadoras de Barcelona. Ajuntament de Barcelona.
  • Sama, Homs y Berna (2024) Habitar, consumir y cultivar. Procesos e iniciativas para la transición ecosocial en Cataluña y Madrid. Revista Española de sociología. Manuscrito aceptado, febrero 2024.
  • Sanz, J., Sama, S., Carrero, G. (2023) Economic, institutional and political advocacy tensions in the field of solidarity economy and commons: an ethnographic approach drawing from three case studies. En: Esteves, A.M., Henfrey, T., dos Santos, L.L, Leal, L. (2023) Solidarity Economy. Alternative Spaces, Power and Politics. Routledge, New York.
  • Tapia, A. (2018). Nuevas Economías Transformadoras. GIZAEKOA - Revista Vasca De Economía Social, (14). https://doi.org/10.1387/reves.19505