Luis Antonio Sáez Pérez. Universidad de Zaragoza
Bárbara Soriano. Universidad Politécnica de Madrid (UPM)
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1. Introducción
En junio de 2021, la Comisión Europea (CE) presentó la visión a largo plazo para las zonas rurales (LTVRA) de la UE, en la que se reconocía la relevancia de preservar e invertir en el futuro de las áreas rurales como parte esencial de su bienestar y del potencial económico de Europa. La ambición de la LTVRA, en un horizonte a 2040, es generar un nuevo impulso para las zonas rurales cambiando la forma en que estas son percibidas y creando nuevas oportunidades en torno a cuatro principales líneas: áreas rurales más fuertes, conectadas, resilientes y prósperas.
En relación a estas cuatro estrategias, y en verdad respecto de cualquier política de desarrollo rural, se plantea la diversificación como medio y como meta, y debería añadirse también, es nuestra propuesta, una gestión propositiva de la diversidad. Así, una polinización cruzada suele ser fundamento de una mayor creatividad (Rauch 1993) e induce situaciones en las que prima la cohesión y el bienestar, a partir de la fortaleza de los vínculos entre personas que se reconocen y cooperan porque valoran a los diferentes (Granovetter 1973). Sin embargo, las lecturas más habituales suelen quedarse en su acepción meramente funcional y urbana, que, siendo muy relevante, no tienen en cuenta otras “diversidades” culturales, etarias, étnicas, afectivas, etc. que desencadenan dinámicas importantes, habitualmente hibridadas con las que generan una mayor competitividad y que en pequeñas poblaciones cristalizan en un cosmopolitismo peculiar.
En este artículo se reflexiona sobre cómo la diversidad del mundo rural contribuye a esas cuatro líneas antes citadas ‒fortaleza, integración, resiliencia y dinamismo‒ pero introduciéndonos por sus significados más humanistas, para ser más audaces y que se hable de relaciones y compromisos más que de funciones y sinergias, de comunidades antes que de unidades administrativas, y de felicidad como algo que metaboliza la eficiencia y la dota de mayor profundidad, especialmente, en las pequeñas poblaciones rurales.
Se plantea la diversificación, además de como fuente de mejores alternativas en las formas de producir y consumir regidas por los mercados y corregidas por los gobiernos, como vía para gobernar y ejercer la ciudadanía de manera más consciente y solidaria y, especialmente, para ampliar y hacer efectivas las capacidades de la sociedad civil compuesta por personas que son diversas y complejas.
Como señalan Dax y Copus (2022), es interesante debatir la conveniencia, en las analíticas y en las propuestas, de un giro desde un enfoque devoto de la eficiencia economicista asociada a la diversificación, sobre la base de la competitividad empresarial, que ejemplificaban la Estrategia de Lisboa y la trasposición aséptica del Smart Growth al ámbito rural, hacia un desarrollo de carácter más integral, en nuestro caso, inspirado en Nussbaum y Sen (1993), con sus ideas de capacidad y relevancia de las personas y sus comunidades.
En lo que sigue, inicialmente planteamos una diversificación dentro de las posiciones centrales en la literatura académica y en la política europea, focalizada en la economía rural, para en un posterior epígrafe ampliar esa visión para que tenga en cuenta aspectos sociales para un buen gobierno, así como posteriormente introducir las cuestiones comunitarias, que posibilitan unas poblaciones abiertas y vibrantes. Terminaremos con una breve discusión y conclusiones
2. La diversificación económica impulsada por la política europea
El principal eje de actuación definido en la LTVRA para fomentar la prosperidad de las áreas rurales es el apoyo a la diversificación de actividades y funciones en las mismas. Dicha diversificación principalmente se refiere a la económica, la cual se define como una estrategia transformadora de la economía local orientada a pasar de una única a múltiples fuentes de ingresos procedentes de los tres sectores, primario, secundario y terciario. Esta estrategia responde a la necesidad percibida desde hace tiempo de que la población rural no se limite a generar ingresos derivados de la producción agraria, sino que cuente con la posibilidad de una variedad de ocupaciones que permiten reducir riesgos en los ingresos y posibilitar el surgimiento de nuevos negocios.
Existen numerosos impactos positivos asociados a los procesos de diversificación económica, entre los que se pueden desatacar su contribución al crecimiento de los ingresos, la reducción del riesgo de especialización (obsolescencia, nuevos competidores, mala gestión de las empresas locomotoras, etc.), la generación de externalidades positivas entre sectores diferentes, la estimulación de la transferencia de conocimientos, innovación organizativa, e intangibles de alto valor estratégico, la atracción de nuevos habitantes y oportunidades de empleo, el avance en nuevos procesos de gobernanza territorial, y la conservación del medio ambiente.
La diversificación económica se enfrenta al reto de la definición de la escala territorial. Para que sea efectiva necesita de un umbral o masa crítica mínima, que, en territorios en baja densidad, desvertebrados, es difícil que surja. En zonas rurales remotas y despobladas puede que a nivel local se dé por defecto, como un mero efecto estadístico ante un número limitado de actividades económicas, pero sin la presencia de un sector líder y una estructura económica suficiente y dinámica. Hay una cierta tensión entre la diversificación y la especialización, porque para que los modelos de negocio sean viables tienen, en unas primeras etapas, que aprovechar sus ventajas relativas, a nivel empresarial pero también sectorial, como peaje inevitable.
De acuerdo con Martino et al. (2022) en la actualidad hay cuatro dimensiones clave para avanzar en la diversificación rural:
1.- Empleo, emprendimiento y nuevos modelos de negocio: En este ámbito se concibe que el agro-turismo puede ofrecer oportunidades para una actividad económica diversificada, promovido por el desarrollo de modelos de negocio que se basen en la economía colaborativa, cohesión social, y el uso sostenible de los recursos naturales. Junto con el agro-turismo, estrategias de apoyo al trabajo a distancia y desarrollo de centros de servicios múltiples surgen también como una fuente interesante de generación de empleo.
2.- Ruralidad inteligente y digitalización: Consiste en potenciar la participación de la población local en la mejora de sus condiciones económicas, sociales y ambientales, la cooperación con otras comunidades y la innovación social. La digitalización implica facilitar el acceso y uso de tecnologías digitales en aspectos en la vida personal y laboral en las zonas rurales, así como en la provisión de servicios públicos y privados a través de la formación y capacitación.
3.- Diversificación agraria: principalmente orientada al impulso a producciones locales de alta calidad, desarrollo de cadenas cortas de suministro y certificación de productos alimentarios (locales) dentro de los esquemas de calidad nacionales y de la UE (DOP, IGP, ETG, etc.)
4. Respuesta al clima y desarrollo de la bioeconomía: En esta dimensión principalmente destaca el sector energético, especialmente en la generación de fuentes de energía renovables (biomasa, eólica, solar), y la investigación e la innovación en el sector agrario para la producción sostenible de alimentos.
3. Diversificación económica y diversidad social
Los procesos de diversificación económica van acompañados de procesos de innovación (Mc Fadden, Gorman, 2016), los cuales abarcan innovación tecnológica (nuevos productos y procesos de producción), e innovación social, entendida como aquellos cambios en prácticas sociales que derivan en nuevas formas de interacción y de inclusión, entre las que se incluyen:
1.- Innovaciones organizativas y de cooperación entre actores locales, otros productores y consumidores, integrando conocimientos locales y científicos;
2.- innovaciones de comercialización;
3.- innovaciones en actitudes, incluida la cooperación y el aprovechamiento de las capacidades, el comportamiento o las percepciones existentes de los diversos actores; y
4.- el emprendimiento social orientado a la prestación de servicios en el medio rural (Gamito y Madureira, 2019).
De aquí que en los procesos de diversificación grandes grupos de población han de estar involucrados, y que en el caso del mundo rural abarca desde los actores rurales tradicionales, como los agricultores y ganaderos, hasta los emprendedores y trabajadores en el resto de sectores económicos, decisores de política, y ciudadanía que pueda beneficiarse de la diversificación.
Uno de los principales resultados que se espera que acompañen a la diversificación económica sea la diversidad social, en la que personas con características, condiciones y aptitudes diversas interactúen contribuyendo al desarrollo de la región. De esta manera se facilita el análisis de la diversificación más allá de perspectiva vertical/sectorial (limitada a los sectores de producción), incorporando una perspectiva horizontal, en la que se consideran los intangibles estratégicos que emergen y se emplean en el proceso de diversificación: talento, innovación, redes y contactos, calidad institucional.
Desde esta perspectiva, la CE en la LTVRA identifica la necesidad de prestar un mayor apoyo a proyectos dentro de la economía social, de manera que se atiendan las necesidades de colectivos vulnerables (jóvenes, mujeres, migrantes, etc.) y apoyen a las organizaciones sociales y grupos de productores. La CE, en su informe de seguimiento de la LTVRA, indica que durante estos años se ha avanzado en el apoyo a la diversificación a través de la definición de un plan de acción de la UE para la economía social, la publicación de buenas prácticas en materia de economía social en las zonas rurales y el apoyo a nuevas oportunidades de financiación. En dicho informe, la CE concluye que el apoyo a la economía social y a la educación ha de seguir siendo reforzado en el horizonte 2040.
4. Claves para una diversidad vibrante
La diversificación se podría reinterpretar como un proceso que, impulsado por discrepancias y contrastes, consigue avanzar hacia un desarrollo que capacite a las personas y las comunidades. La diversidad rural la representan hoy en día en mayor medida los nuevos residentes con procedencias y trayectorias imposibles de simplificar, los cuales están ausentes de la mayoría de las estrategias de desarrollo rural que ignoran sus capacidades (y derechos/responsabilidades). También es relevante la configuración de identidades muy líquidas a nivel personal y grupal, cambiantes durante las etapas vitales, y que en sociedades en las que la naturaleza, los paisajes, el patrimonio material e inmaterial heredados apenas son móviles, necesitan personas comprometidas, que estén enraizadas, a las que pasar el relevo.
La divergencia generacional en los proyectos vitales es otro proceso difícil de reconducir hacia algo propositivo. Una de las carencias más graves, por difíciles de revertir, tiene que ver con aquellas tradiciones del acervo comunitario que se extinguen junto con proyectos emergentes que no podrán madurar por falta de relevo. La diversidad también adquiere otras dimensiones, como la temporal y física, porque la movilidad es consustancial al medio rural actual, con diversos grados de pertenencia simultánea a comunidades distantes, todas ellas tan complejas y enrevesadas que los discursos en torno a la autoctonía y autenticidad no siempre son armónicos, no cristalizan con razones y empatía.
Como señala Appiah (2019), la acción colectiva que moviliza a las comunidades, sean países o pueblos, necesita construir una identidad compartida que subsuma esa diversidad y la transforme en progreso; conseguir que de las diferencias que chocan salten las chispas de las mejores ideas que energicen debates y discusiones y musculen los proyectos con la tensión de los anhelos. Hemos de aprender a inventar procesos constructivos e inclusivos a partir de la diversidad, con equilibrio y sentido, porque, en cambio, si se agitan indebidamente, pueden arrastrar a situaciones de enfrentamiento que cronifiquen estereotipos y guetos. No debería ser tan difícil lo primero cuando las diferencias e identidades consisten en construcciones sociales, esto es, “mentiras que nos unen”, según Appiah (2019). Sin embargo, lo es, porque las cuestiones retorcidas por las mentes, “the wicked problems”, son las más difíciles de resolver (Tietjen & Jøersen, 2016).
5. Conclusiones
A pesar de la heterogeneidad de todas las motivaciones y contextos que sugieren una visión integradora y heterodoxa cuando se habla de diversificación, la atención principalmente se dirige hacia donde luce el mercado, que ilumina datos cuantificables con precios e impuestos, no en lo intangible y cualitativo donde predominan los valores y persuasiones vinculados a la tolerancia, el talento y una técnica innovadora para configurar “lugares creativos” (Florida, 2003).
La diversidad se ha de inspirar desde lo posible y no se ha de renunciar a ella como horizonte que guía a cambio de una falsa paz, que adormecería y sería peligroso. En consecuencia, no se deberían eludir discusiones y enfrentamientos desde la acción política y desde la academia que resulten en una armonía inteligente y sensible. En diversos debates sobre el desarrollo rural, la reinterpretación de la diversificación ya está encima de la mesa. Esta alude a los valores y posibilidades de las poblaciones rurales a adaptarse a situaciones de decrecimiento, las cuales brindan oportunidades para una convivencia más plena en su diversidad, que fomentan capacidades y relevancia (Pinilla y Sáez, 2021).
En consecuencia, creemos que cuando se trate la diversidad han de considerarse aspectos adicionales a los estrictamente empresariales y productivos. Sin duda, son importantes, porque más y mejores empleos tiene consecuencias sociales, empodera géneros y edades, y posibilita la efectividad de las capacidades. Las actividades económicas moldean el espacio rural, determinan grupos que ganan y otros que territorialmente son “dejados atrás” (Rodríguez-Pose, 2022), por lo que es preciso analizarlas y actuar en consecuencia. Sin dotación económica las restricciones son muy potentes y limitan el desarrollo de ciertas capacidades. Pero hay otras esferas vitales a tener en cuenta también. A partir de ciertos niveles de renta, Easterlin (2023) lleva bastante tiempo comprobando que la felicidad no suele aumentar. Y las pequeñas poblaciones rurales permiten escalas de acción colectivas en las que afrontar la diversidad con sentido y sensibilidad. Por tanto, han de redefinirse las estrategias de diversificación, ampliar su sentido, dotarlas de significados que nos digan algo… igual que la vida.
- Appiah, K. A. (2019). Las mentiras que nos unen: Repensar la identidad. Creencias, país, color, clase, cultura. Taurus, Madrid.
- Dax, T., & Copus, A. (2022). European rural demographic strategies: foreshadowing post-Lisbon rural development policy?. World, 3(4), 938-956.
- Easterlin, R. A. (2023). Why does happiness respond differently to an increase vs. decrease in income?. Journal of Economic Behavior & Organization, 209, 200-204.
- Florida, R. (2003). The Rise of the Creative Class: And How It's Transforming Work, Leisure, Community and Everyday Life. Canadian Public Policy, 29 (3)
- Gamito, T. M., & Madureira, L. (2019). Shedding light on rural innovation: Introducing and applying a comprehensive indicator system. Regional Science Policy & Practice, 11(2), 251-278.
- Granovetter, M. S. (1973). The strength of weak ties. American Journal of Sociology, 78(6), 1360-1380.
- Mc Fadden, T., & Gorman, M. (2016). Exploring the concept of farm household innovation capacity in relation to farm diversification in policy context. Journal of Rural Studies, 46, 60-70.
- Nussbaum, M., y Sen, A. (eds.) (1993). The quality of life. Clarendon Press.
- Pinilla, V., & Sáez, L. A. (2021). What do public policies teach us about rural depopulation: The case study of Spain. European Countryside, 13(2), 330-351.
- Rauch, J.E. (1993). Productivity gains from geographic concentration of human capital: evidence from the cities, Journal of Urban Economics, 34, 380-400.
- Tietjen, A., & Jørgensen, G. (2016). Translating a Wicked Problem: A Strategic Planning Approach to Rural Shrinkage in Denmark, Landscape and Urban Planning, 154: 29-43.
Este artículo forma parte de Dossieres EsF nº 56: «El futuro de la agricultura y el mundo rural» correspondiente al Invierno 2025


