¿Cómo hacer para que las políticas públicas no se estorben entre sí?

Reflexiones desde el taller sobre coherencia de políticas para el desarrollo sostenible:

El pasado 7 de abril, en Donostia, se celebró un taller que nos hizo pensar (y mucho) sobre cómo se toman decisiones desde las instituciones y qué implicaciones tienen para la vida de las personas y del planeta. Convocado por la Coordinadora de ONGDs de Euskadi de Ayuda al Desarrollo de Euskadi, este espacio reunió a distintas organizaciones, entre ellas Economistas sin Fronteras, para hablar de un concepto tan fundamental como a menudo olvidado: La coherencia de políticas para el desarrollo sostenible.

Una jornada formativa, sí, pero también una experiencia transformadora, que nos permitió analizar con lupa cómo funcionan —o no— las políticas públicas en la práctica.


   ¿Qué significa la “Coherencia de políticas”?

La primera intervención del taller corrió a cargo de María Luisa Gil Payno, miembro del colectivo “La Mundial” y de Economistas sin Fronteras. Su presentación arrancó con una pregunta sencilla pero poderosa: ¿Qué es la coherencia de políticas?

La respuesta fue directa: significa hacer políticas pensando no solo en lo económico, sino también en lo social y lo ecológico, de forma integrada y simultánea. Implica dejar atrás la lógica tradicional que separa las áreas de gobierno en compartimentos estancos y que prioriza los resultados a corto plazo.

“No hay una receta mágica para aplicarlo. Cada lugar debe adaptarlo a su contexto. Y ojo, que esto no es neutro: es una cuestión profundamente política”.

Esta frase dejó huella. Porque, como bien explicó, la coherencia de políticas no consiste simplemente en coordinar departamentos, sino en tomar decisiones valientes, decidir a qué intereses se les da prioridad, y eso siempre genera tensiones.

Hacer políticas coherentes con el desarrollo sostenible exige valentía: decidir a qué intereses se da prioridad implica renuncias y genera tensiones.


El caso de Euskadi: avances, retrocesos y tareas pendientes

La segunda intervención vino de la mano de Raffaela Galante, también del colectivo “La Mundial”. Su exposición repasó el camino recorrido por Euskadi en la implementación de la Agenda 2030, con especial énfasis en el enfoque de coherencia de políticas.  Dividió el proceso en tres etapas

    • 2017 en adelante: Se inicia el debate sobre la Agenda 2030. Se crean documentos estratégicos, pero sin mención explícita a la coherencia.
    • 2021–2024: Se avanza en planificación, se crea una secretaría específica y Euskadi destaca por sus informes voluntarios. La coherencia entra en el discurso, pero no tanto en la práctica.
    • 2024–2028: El enfoque persiste en algunos documentos, pero con menor rango institucional y sin estrategia clara de implementación.

“Se ha hecho un gran esfuerzo en el plano de la planificación, pero el reto sigue siendo transformar de verdad las políticas públicas. Hay voluntad, sí, pero todavía falta pasar del dicho al hecho.


Detectar interacciones: el arte (y la técnica) de no contradecirse

El tercer turno fue para Pablo Martínez Osés, quien abordó cómo lograr que las políticas públicas no se contradigan entre sí. O dicho de forma más técnica: cómo aplicar el enfoque de coherencia de políticas para el desarrollo sostenible

Su intervención se centró en la necesidad de contar con herramientas que permitan analizar las “interacciones” entre políticas: identificar las sinergias (cuando se refuerzan entre sí) y las contradicciones (cuando se etorpecen).

Pablo presentó algunas claves desarrolladas por organismos como la OCDE para aplicar este enfoque:

    • Compromiso político real desde los niveles más altos.
    • Visión a largo plazo.
    • Trabajo conjunto entre departamentos.

También compartió experiencias inspiradoras, como la del “Laboratorio del Donut” en Ámsterdam, donde se cruzaron datos sociales y ecológicos para analizar, por ejemplo, cómo el turismo afectaba al acceso a la vivienda.

“Es fundamental evaluar si los presupuestos están realmente alineados con los ODS. Muchos gobiernos lo dicen, pero pocos lo hacen con rigor”.


 Un taller participativo (y revelador)

Tras las exposiciones llegó el momento más dinámico de la jornada: el taller práctico. Nos organizamos en pequeños grupos que simulaban ser gobiernos, con sus propias consejeras, una persona haciendo de Lehendakari, representantes del sector privado y de la sociedad civil.

La dinámica era sencilla en apariencia, pero exigente en su desarrollo: había que analizar seis interacciones entre políticas públicas (transición energética, agroecología, economía social, reto demográfico, etc.) y decidir en qué medida se complementaban o se contradecían.
Se trabajó con una tabla de puntuaciones de
         -3 (muy conflictivas).
        +3 (altamente sinérgicas).

La actividad fue reveladora: aunque todos los grupos contaban con la misma información, surgieron interpretaciones muy distintas. Hubo debates intensos, momentos de consenso inesperado, y muchas risas que no ocultaron la complejidad del ejercicio.

Fue como ponerse en la piel de quienes toman decisiones, pero sin traje ni corbata. Lo importante no era encontrar “la respuesta correcta”, sino entender cómo diferentes miradas pueden enriquecer (o complicar) una política pública. Y cómo la toma de decisiones debe hacerse escuchando y argumentando… no desde la imposición.


Lecciones aprendidas: sin recetas mágicas, pero con mucho por hacer

La jornada dejó claro que no hay soluciones fáciles. Que muchas veces, una medida “verde” puede chocar con una infraestructura social necesaria, o una política económica puede olvidar a los colectivos más vulnerables. En esos casos, no hay que seguir adelante sin más: hay que parar, hablarlo y repensarlo.

El diseño de políticas públicas no puede quedarse encerrado en los despachos. Hace falta más diálogo entre departamentos, más evidencia, y más participación de la ciudadanía desde la experiencia real.

“Donde falta información, metemos ideología. Por eso es tan importante hablar más, y hablar mejor”, se dijo en el taller.

Y quedó clara una gran verdad: construir políticas mejores es, en el fondo, construir mejores conversaciones.


Desde Economistas sin Fronteras: nuestro compromiso sigue

En Economistas sin Fronteras valoramos profundamente este tipo de espacios. Nos ayudan a pensar juntas, a cuestionar inercias, y a seguir avanzando hacia una economía más justa, feminista y sostenible.

La coherencia de políticas no es solo un reto técnico o institucional.

Es una herramienta clave para que las decisiones públicas estén realmente al servicio de las personas, de los derechos humanos y de los límites del planeta.

Seguiremos participando, proponiendo y generando diálogo. Porque creemos que otro modelo es posible, y que se construye desde el compromiso colectivo.