El impacto del gasto militar en la estabilidad global desde la perspectiva del dilema de seguridad

Chloé Meulewaeter [1]
Universidad Internacional de Valencia e investigadora del Centre Delàs d´Estudis per la Pau

El gasto militar global ha alcanzado niveles históricos en los últimos años, generando un debate sobre su impacto en la seguridad y la paz. En 2023, el gasto militar mundial superó los 2,44 billones de dólares por noveno año consecutivo (SIPRI, 2024). Quienes defienden estos altos presupuestos argumentan que son esenciales para disuadir amenazas y garantizar la estabilidad nacional e internacional. Sin embargo, desde la perspectiva de los Estudios Críticos de Seguridad, este paradigma militarizado es problemático e incluso contraproducente.

A lo largo de este artículo, se explorarán los efectos del gasto militar en la seguridad global, analizando cómo la militarización puede influir en la estabilidad internacional y en la probabilidad de conflictos armados. Se revisarán tanto las teorías que defienden la disuasión militar como aquellas que argumentan que el gasto en defensa puede fomentar la inestabilidad y aumentar las tensiones entre Estados. A través de una revisión de la literatura y de estudios empíricos recientes, se examinará el impacto de la militarización en la seguridad internacional, con especial énfasis en el ciclo económico militar y su papel en la perpetuación de conflictos..

El paradigma hegemónico de seguridad y sus límites

El paradigma dominante en política internacional concibe la seguridad en términos estatales y militares. Desde la perspectiva del realismo político, la teoría de la disuasión sostiene que una capacidad militar fuerte puede prevenir conflictos al incrementar el coste de una posible agresión para los adversarios. En este marco, un gasto militar elevado funciona como una señal de determinación, disuadiendo a otros Estados de recurrir a la violencia. Así, desde el realismo político, el Estado es el principal actor de la seguridad y la acumulación de poder militar se considera la mejor estrategia para evitar amenazas (Dunne y Tian, 2013).

Sin embargo, la literatura crítica cuestiona los efectos disuasivos del armamento, pues, con frecuencia, conllevan el riesgo de alimentar carreras armamentísticas y dilemas de seguridad. De hecho, la lógica de la disuasión legitima un ciclo de militarización en el cual el presupuesto anual en defensa de un Estado sostiene su industria armamentística, fomenta la acumulación y transferencia de armas y, en última instancia, facilita el uso de la fuerza en los conflictos. A largo plazo, este proceso, conocido como el ciclo económico militar (Calvo, 2015), tiende a normalizar culturalmente la guerra, disminuyendo así el umbral para utilizar la violencia como herramienta política o estratégica. Además, se produce una dinámica en la que cada Estado percibe como amenazante la acumulación de armas en sus vecinos, lo que lo lleva a incrementar su propio gasto militar en respuesta. Como resultado, se genera una escalada armamentística sin que por ello se genere una mejora proporcional en la seguridad global. Siguiendo a Dunne y Smith (2007), esta dinámica se puede explicar mediante la teoría de juegos, especialmente a través del dilema del prisionero. Este modelo muestra cómo dos actores racionales pueden optar por decisiones individualmente beneficiosas pero colectivamente contraproducentes, resultando en resultados subóptimos para todos. Aplicado a la política internacional, implica que las decisiones racionales desde una perspectiva individual (incrementar las capacidades militares, el presupuesto de defensa y el armamento) conducen a una situación general de mayor inseguridad y a una asignación ineficiente de recursos (Perlo-Freeman, 2020).

En este marco, surge la dinámica del dilema de seguridad, concepto clave en la literatura crítica sobre militarización. Este dilema se caracteriza por una paradoja: el incremento en la capacidad militar de un Estado, aunque se justifique como defensivo, es interpretado frecuentemente como una amenaza ofensiva por otros Estados.

En consecuencia, los países vecinos responden incrementando también su propio armamento y capacidades militares, iniciando una espiral de inseguridad mutua y desconfianza permanente (Peoples y Vaughan-Williams, 2021). En lugar de proporcionar estabilidad, esta carrera armamentística alimenta la tensión, aumenta la probabilidad de conflictos y profundiza la percepción generalizada de inseguridad global.

Algunos estudios clásicos en relaciones internacionales, como los realizados por Jervis (1978), subrayan que el dilema de seguridad es una causa fundamental detrás de numerosos conflictos interestatales. La interacción entre la percepción de amenazas, la acumulación de armamento en respuesta y la desconfianza mutua entre países genera condiciones propicias para que cualquier medida de seguridad tomada por un Estado sea vista por otros como una potencial agresión.

En consecuencia, existe un amplio debate teórico sobre el impacto real del gasto militar en la seguridad global. Frente al argumento realista, que ve la militarización como un factor estabilizador, desde el punto de vista del ciclo económico militar se enfatiza cómo la inversión constante en armamento incrementa las tensiones y facilita el desencadenamiento de conflictos armados. Numerosas investigaciones apoyan esta última interpretación: países con elevados gastos militares tienden a involucrarse más frecuentemente en conflictos debido a una mayor capacidad para proyectar fuerza, lo que facilita la decisión de recurrir a soluciones militares en disputas internacionales (Pozo, 2021; Meulewaeter, 2022).

Asimismo, diversos estudios cuantitativos sobre carreras armamentísticas confirman que, aunque no todos los incrementos en armamento conducen directamente a guerras, las expansiones competitivas aumentan significativamente la probabilidad de conflictos (Sample, 1998; Rider et al., 2011). Desde el trabajo pionero de Richardson (1960) hasta investigaciones más recientes, como las de Senese y Vásquez (2008), se evidencia que aumentar la militarización constituye uno de los principales determinantes de los conflictos armados.

En definitiva, las disputas militarizadas tienden a intensificarse en contextos de alta militarización debido a las presiones generadas por el dilema de seguridad. A medida que aumenta el poder militar, crece la percepción de amenaza, y la desconfianza mutua incrementa el riesgo de confrontación. En este contexto, el gasto militar no solo influye en las percepciones psicológicas y materiales de amenaza, sino que también limita las opciones diplomáticas disponibles, incrementando la probabilidad de recurrir a la fuerza como herramienta política..

Conclusión

A medida que el gasto militar mundial alcanza cifras récord, crecen las preocupaciones sobre el riesgo de una nueva era de conflictos. Los datos sobre conflictos de la Universidad de Uppsala para 2023 reportan 59 conflictos armados estatales activos (UCDP, 2024), coincidiendo con el auge del gasto militar global desde el inicio de la Guerra contra el Terror, y agudizado desde el inicio de la guerra en Ucrania. Aunque la correlación no implica causalidad, esta tendencia es coherente con las advertencias de la literatura: un mundo altamente militarizado es un mundo en el que los conflictos encuentran un terreno fértil para desarrollarse.

En conclusión, el balance de los estudios recientes sugiere que el incremento del gasto militar eleva la probabilidad de conflictos armados o de participación en disputas. Un gasto en defensa elevado, especialmente cuando es replicado por Estados rivales, fomenta carreras armamentísticas y percepciones erróneas de amenazas, factores que aumentan el riesgo de enfrentamientos bélicos. Además, el ciclo económico militar refuerza estas dinámicas, al sostener la industria armamentística y fomentar la acumulación de armamento, reduciendo así el umbral para el uso de la fuerza. Esto no implica que la guerra sea inevitable, pero la literatura advierte que los Estados no pueden asumir que el aumento del gasto militar es una garantía de seguridad; por el contrario, pueden estar invirtiendo en su propia futura participación en conflictos. Considerando estas tendencias, es fundamental explorar enfoques alternativos a la seguridad, como la diplomacia preventiva, la cooperación internacional y estrategias de desescalada militar que reduzcan la probabilidad de nuevas confrontaciones armadas..


[1]  Doctora en la línea de Cultura de Paz en el programa Doctorado de Ciencias Sociales de la UGR, máster en Estudios de Paz, Conflictos y Desarrollo (UJI), especializada en técnicas de investigación en ciencias sociales (UCL, Bélgica).  

Este artículo forma parte de Dossieres EsF nº 57: «La economía de la guerra»  correspondiente a primavera 2025

 
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.Bibliografía

  • Calvo, J. (2015), “El ciclo económico militar”, en Calvo, J., y Pozo, A. (eds.), Diccionario de la guerra, la paz y el desarme. Barcelona: Icaria.
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  • Dunne, J. P., y Smith, R. P. (2007), “The Econometrics of Military Arms Races”, en Sandler, T., y Hartley, K. (eds.), Handbook of Defense Economics: Defense in a Globalized World, 913-940.
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  • SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute) (2024). SIPRI Yearbook 2024: Armaments, Disarmament and International Security. Oxford University Press.
  • Uppsala Conflict Data Program (UCDP) (2024), “Record number of armed conflicts in the world”, Press release, Uppsala University, 3 June 2024.