La Comisión Europea ha anunciado su intención de reformar la Directiva Marco del Agua (DMA) bajo el argumento de “simplificar” la normativa ambiental para mejorar la competitividad. Sin embargo, esta reforma abre la puerta a un debilitamiento del principio de no deterioro y a una menor exigencia en la protección de ríos, acuíferos y ecosistemas acuáticos en toda Europa.
En un contexto de emergencia climática, sobreexplotación de los recursos hídricos y creciente presión de sectores extractivos e industriales, no podemos permitir ningún paso atrás. La Directiva Marco del Agua ha sido una conquista clave de la política ambiental europea y una garantía para compatibilizar actividad económica, salud pública y defensa de los bienes comunes.
Por ello, diversas organizaciones de la sociedad civil han impulsando un manifiesto conjunto para exigir que la Comisión Europea renuncie a modificar la Directiva y, en su lugar, refuerce su aplicación efectiva. Creemos que es el momento de defender con claridad que el agua no es una mercancía ni una variable de ajuste, sino un derecho y un pilar de la vida y de los territorios.
Economistas sin Fronteras se ha adherido a dicho manifiesto.




Se me antoja como de una inexcusable necesidad el exigir que el sentido común presida siempre la puesta al día y actualización/revisión de la calidad del agua, producto ESENCIAL para la vida.
No me atrevo a pensar (sí a desear) en la deriva negativa del uso PARTICULAR (el agua será ¿está siendo? el motivo por el que se producirán guerras como ahora lo son el petróleo) de aquello que, en definitiva no es propiedad de nadie y a la vez de todos.
Totalmente de acuerdo, Juan Ángel. Gracias por tu comentario.