El papel de las nuevas tecnologías en la agricultura y el desarrollo rural

Rosa Gallardo-Cobos y Pedro Sánchez-Zamora
Universidad de Córdoba

El sector agrario y agroalimentario, así como el mundo rural en su conjunto, se enfrenta en la actualidad a grandes retos que le empujan simultáneamente a una búsqueda de mayor eficiencia, sostenibilidad, calidad y rentabilidad. Responder a estos retos simultáneamente requiere de una apuesta decidida por la innovación, ámbito en el que emerge con contundencia la necesidad de una transformación tecnológica y digital.
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1.  Oportunidades y desafíos de la digitalización para el sector agroalimentario y el medio rural

En el sector agrario, la adopción de tecnologías digitales y los sistemas de gestión de datos están revolucionando las prácticas agrarias. Sensores, drones y satélites permiten un monitoreo preciso del suelo y de los cultivos, optimizando el uso del agua, de los fertilizantes y de los fitosanitarios. El objetivo es recopilar datos de buena calidad con nuevas tecnologías, almacenarlos y analizarlos para generar soluciones que ayuden a la toma de decisiones en la cadena agroalimentaria para aplicarlas haciendo uso también de las nuevas tecnologías disponibles (Peña et al., 2021).

Estas innovaciones no solo incrementan la productividad, logrando aumentar la producción de alimentos haciendo un uso más eficiente de unos recursos cada vez más escasos, sino que también reducen el impacto ambiental, promoviendo prácticas más sostenibles. Entre las principales oportunidades que ofrece el uso de la tecnología en el sector agroalimentario destacan:

1. Eficiencia: Las tecnologías como la agricultura de precisión optimizan el uso de recursos, aumentando la productividad y reduciendo costes.
2. Calidad y trazabilidad: La digitalización mejora la trazabilidad y el control de calidad en toda la cadena de suministro, desde la producción hasta el consumidor final.
3. Sostenibilidad: Las innovaciones tecnológicas ayudan a minimizar el impacto ambiental mediante el uso eficiente de agua, fertilizantes y fitosanitarios, promoviendo prácticas más sostenibles.
4. Seguridad de los alimentos: La automatización y el monitoreo continuo permiten reducir riesgos de contaminación, permitiendo una respuesta rápida a problemas.
5. Toma de decisiones informada: La recopilación y análisis de datos proporcionan a los agricultores y a los actores de la cadena de valor agroalimentaria información valiosa para tomar decisiones más informadas y estratégicas.
6. Reducción de pérdidas y desperdicios: Las tecnologías de almacenamiento y transporte optimizadas reducen las pérdidas postcosecha y el desperdicio de alimentos.
7. Adaptación al cambio climático: Las herramientas tecnológicas permiten a los agricultores adaptarse mejor a las variaciones climáticas y gestionar los riesgos asociados.
8. Relevo generacional: la digitalización puede convertirse en un elemento de atracción para que los jóvenes se incorporen profesionalmente a este sector.

Hay casos de uso muy interesantes en el sector agroalimentario para muchas de las tecnologías digitales más pujantes. Entre ellas, cabe destacar la analítica big data, la inteligencia artificial, el IoT, la realidad aumentada/virtual, el Cloud/Edge computing, los sensores inteligentes, la robótica o las tecnologías de ciberseguridad. No estamos, por tanto, frente a un problema exclusivamente tecnológico, sino de mejora de la tasa de la adopción de esta tecnología.

A modo de ejemplo, según los datos que ofrece el 3er Informe del Observatorio para la Digitalización del Sector Agroalimentario, de Cajamar (2023), las herramientas digitales para gestionar las explotaciones para el control hídrico se emplean en un 19% de los casos, o en un 8% para alertar de la presencia de plagas y enfermedades y en un 7,7% para la determinación de un plan de fertilización.

Así, factores de tipo económico, de formación y capacitación, de conectividad, de interoperabilidad, e incluso culturales y actitudinales, son determinantes para avanzar en la dirección correcta (Gallardo-Cobos, 2020). Según el citado Informe de Cajamar, el 66,1% de los productores manifiestan estar a favor de implementar nuevas tecnologías en sus explotaciones agropecuarias, pero se identifican barreras importantes a la digitalización del sector agroalimentario, entre las que destacan el coste de las nuevas tecnologías (71,1 %), la falta de financiación publica (52,4 %), la falta de conocimiento de las nuevas tecnologías (42,6 %) y el temor a no recuperar la inversión realizada en nuevas tecnologías (40,5 %).

Acompañar al sector en la superación de estos obstáculos es uno de los grandes desafíos que deben abordarse, destacando:

1. la reducción de los costes para permitir una digitalización inclusiva que acerque la transformación digital también de pequeños y medianos productores;
2. la integración de sistemas que permita la compatibilidad y la integración de diferentes tecnologías y plataformas;
3. la reducción de la brecha de conocimiento para adecuar la formación y habilidades digitales entre los agricultores y trabajadores del sector; y
4. la reducción de la resistencia a la adopción de nuevas tecnologías debido a la preferencia por métodos convencionales y la desconfianza en la tecnología.

El rechazo mostrado recientemente a la implementación del cuaderno digital de explotación, por la dificultad que representaba su adopción, es un claro ejemplo de la necesidad de un acompañamiento, asesoramiento y capacitación adecuados para salvar barreras que están obstaculizando la incorporación de tecnologías digitales.

Sin duda, el sector agroalimentario presenta peculiaridades, tales como su funcionamiento por campañas, operaciones tensas y con muchas transacciones, inversiones de largo plazo, cadenas largas con muchos intervinientes, control sanitario y de seguridad de los alimentos, productos perecederos y de carácter biológico, distribución territorial o sistemas abiertos, que hacen necesario contar con soluciones especializadas y adaptadas, habiendo diferencias notables entre los distintos segmentos del sector, lo que representa igualmente un desafío importante para la formación de los nuevos profesionales que el sector está demandando (Molina-Zamora, 2021).

Por su parte, el medio rural español se caracteriza, entre otras cuestiones, por la gran heterogeneidad de sus territorios y la amplia variedad de sus espacios naturales. Si bien esta diversidad implica realidades rurales diferentes y singulares que requieren de análisis específicos y adaptados para identificar los problemas concretos que les acucian y los factores en los que podrían basar su desarrollo, lo cierto es que, en la actualidad, la mayor parte de ellos comparten una serie de retos y desafíos que les son comunes y a los que deben hacer frente.

Desde un punto de vista demográfico, la pérdida de población se ha convertido en uno de los problemas más importantes para el medio rural de gran parte de los países occidentales (Johnson y Lichter, 2019). En España, la población que habita en zonas rurales descendió un 7,1% en el período 2011-2020, mientras que la urbana ascendió un 2,1% en un contexto de crecimiento total de un 0,6% (MAPA, 2021). Esta pérdida de población rural se ha convertido en los últimos años en un problema social con graves consecuencias de pérdida de identidad territorial, de valores sociales y culturales, y de sostenibilidad ambiental de unas áreas que para su mantenimiento necesitan de efectivos demográficos.

Otros de los grandes problemas que en este ámbito se pueden observar en muchos territorios rurales son el envejecimiento y la masculinización de su población. En el caso español, la tasa de jóvenes en las áreas rurales ha descendido en los últimos años un 9,1%, y la masculinización de la población se sitúa un 9,2% por encima de la que se observa en las zonas urbanas (MAPA, 2021). Esta situación se ha convertido en uno de los desafíos actuales y futuros más relevantes para el medio rural, ya que no sólo afecta a la estructura demográfica en sí, sino que también tiene implicaciones significativas para la cohesión social, la economía local y el bienestar general de la comunidad rural.

La innovación en general, y la digitalización en particular, ofrecen importantes oportunidades al mundo rural para avanzar en la respuesta a los grandes retos anteriormente destacados. Entre el conjunto de estas oportunidades destacan algunas como las siguientes (Moodie et al., 2017):

1. la contribución de las herramientas digitales en la construcción de sistemas agrarios más eficientes, productivos y respetuosos con el medio ambiente;
2. la superación del aislamiento geográfico a través de la creación de vínculos más fuertes con los centros urbanos, los focos de desarrollo y los mercados internacionales;
3. la posibilidad de diversificar los negocios a través del uso de servicios en línea;
4. la mejora de la competitividad a través de la expansión de las empresas locales a nuevos mercados nacionales e internacionales; o
5. la reducción de la migración de la población joven y la fuga de cerebros.

De hecho, cada vez son más las experiencias que en este sentido se pueden observar en los territorios rurales nacionales y europeos. Estas experiencias se centran en innovaciones digitales en el ámbito de la oferta local de bienes y servicios, así como de la mejora de la comunicación y la transparencia, la movilidad y el transporte, la sanidad y asistencia social, la educación y formación, el empleo, los servicios de las administraciones públicas, la energía, la logística, etc. (ENRD, 2018; Cowie et al., 2020)

En cualquier caso, si bien son muchas y variadas las oportunidades que brinda la innovación tecnológica y digital para contribuir al desarrollo de los territorios rurales, también es importante entender que un cambio tecnológico disruptivo ejerce un impacto en los territorios rurales, y que de no ser gestionado en la forma adecuada puede llegar a generar una brecha entre ganadores y perdedores, o puede marginar aún más a determinadas zonas rurales. De hecho, varios autores han argumentado que algunas tecnologías digitales, en lugar de transformar la agricultura y las zonas rurales, pueden reforzar algunos de los sistemas actuales que son considerados insostenibles. Esto significa que es de vital importancia comprender plenamente los efectos de la tecnología y cómo ésta se integra en los sistemas sociales dentro de los diferentes grupos de interés (Klerkx y Rose, 2020).

La innovación tecnológica y digital debe ir, por tanto, acompañada de innovación social. Esta innovación hace referencia a la capacidad que tienen las comunidades rurales para tomar la iniciativa y, en base al ingenio local, responder directamente, en combinación con la tecnología disponible, a las necesidades del territorio. Los actores del territorio deben, por tanto, construir y gestionar el ecosistema digital en el que deseen participar. En este contexto, toman especial relevancia los “Living labs” (laboratorios vivos) y los “Rural digital hubs” (centros digitales rurales), ecosistemas que promueven la innovación y el acceso a tecnologías digitales mediante el intercambio de conocimientos entre agricultores, empresas tecnológicas, universidades y centros de investigación, y otros actores del territorio, facilitando así la adopción efectiva y rentable de estas tecnologías y fomentando la cooperación y la creación de redes de colaboración.

2. Sistema institucional para impulsar la digitalización agroalimentaria y rural

En el impulso de este necesario sistema de acompañamiento a la innovación digital, es importante contar con el apoyo institucional de las diferentes Administraciones que tienen incidencia en el medio rural español. A nivel europeo, además de con la Estrategia para el Mercado Único Digital aprobada en 2015, también se cuenta para tal fin con iniciativas como Europa digital, Conectar Europe, los Programas Copérnico y Galileo, o el Programa Horizonte Europa. Asimismo, la actual PAC 2023-2027 presenta como objetivo transversal el fomento y puesta en común del conocimiento, la innovación y la digitalización, lo que implica que los Planes Estratégicos Nacionales incluyan una estrategia de desarrollo de las tecnologías digitales. De hecho, en el Plan Estratégico de la PAC de España, la innovación digital se convierte en un pilar clave para impulsar la transformación del sector agrícola y rural hacia un modelo más sostenible, eficiente y competitivo mediante la adopción de tecnologías avanzadas y la mejora de las competencias digitales

Entre otras iniciativas nacionales, también cabe mencionar la aprobación en 2019 de la Estrategia de digitalización de los sectores agroalimentario y forestal, impulsada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). En el contexto de esta estrategia, que ya va por su segundo Plan de Acción, se definen las líneas y las medidas necesarias para impulsar la transformación digital, así como los instrumentos previstos para su implementación. Se trata de una Estrategia que aborda la digitalización desde una perspectiva integral, considerando no sólo los aspectos tecnológicos, sino también los económicos, sociales y medioambientales.

Se trata, por tanto, de un conjunto de iniciativas institucionales que apuestan de forma decidida por la transformación digital del sector agroalimentario y el medio rural, con el establecimiento de estrategias claras, objetivos definidos y medidas concretas para poder alcanzarlos. Entre estas medidas destaca la existencia de instrumentos financieros, pero también otro tipo de incentivos más allá de los económicos. Además, en este contexto es importante destacar también otros elementos como la voluntad para la coordinación y cooperación entre las instituciones comunitarias, nacionales y regionales, y la voluntad para la colaboración pública-privada entre gobiernos, empresas y organizaciones.

En cualquier caso, en este ámbito institucional todavía queda un largo camino por recorrer. Se muestra necesario avanzar hacia el diseño de estándares y normativas en torno a la interoperabilidad de los sistemas digitales, la regulación de la propiedad y rentabilidad de los datos, la agilidad en la adopción de políticas, la disminución de la burocracia, y la coordinación interinstitucional para evitar duplicidades y falta de coherencia en las acciones.

3. Conclusiones

Son evidentes las oportunidades que la transformación digital ofrece al sector agroalimentario en particular y al medio rural en general, pero también son muchos los obstáculos que deben salvarse para avanzar en una transformación digital útil e inclusiva. La tecnología no es el fin, es una herramienta para acompañar al sector en su proceso de desarrollo y avance para responder mejor a sus necesidades económicas, sociales y ambientales actuales, así como a las demandas que la sociedad hoy tiene en relación a la producción de alimentos y al mundo rural.

Es esencial garantizar las condiciones básicas para la digitalización (infraestructuras, servicios y competencias) y favorecer la inclusión digital para lograr que nadie se quede atrás, evitando así la existencia de brechas digitales.

Las peculiaridades y especificidades del sector agroalimentario y del medio rural obligan a adaptar la digitalización a los diferentes contextos sectoriales y territoriales.

Los jóvenes emergen como un elemento clave para que la digitalización agroalimentaria y rural avance al ritmo que el sector y la sociedad necesita. Las alianzas, la colaboración público-privada, el desarrollo de ecosistemas digitales y el diseño de herramientas políticas para la digitalización agroalimentaria y rural sostenible, destacan como factores esenciales para responder a este gran desafío.

Este proceso de transformación no es una opción para ganar competitividad, es una necesidad para la viabilidad y el futuro de la agricultura y el mundo rural.

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Bibliografía

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Este artículo forma parte de Dossieres EsF nº 56: «El futuro de la agricultura y el mundo rural»  correspondiente al Invierno 2025

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