Dividendo de longevidad y atención integral: dos aspectos clave a considerar

El 27 de noviembre, Economistas sin Fronteras, en colaboración con el Colegio Vasco de Economistas, organizó en Bilbao una jornada dedicada a la Economía Plateada. Este concepto engloba todas las actividades económicas orientadas a personas mayores de una edad comprendida entre 55 y 75 años, considerado un sector de población con alto poder adquisitivo, tiempo libre y propiedades ya pagadas. Sin embargo, con frecuencia la Economía plateada les percibe únicamente como consumidores de productos, sin tener en cuenta sus necesidades sociales y de atención integral. 

La jornada constó de dos partes: en un primer momento, José Ignacio Casas y José Ramón Landaluce, presentaron el dossier EsF nº53: “Una visión crítica de la economía plateada” perteneciente a la línea de dossieres trimestrales que Economistas sin Fronteras publica desde 2011 (y desde 2017 también en euskera). Posteriormente, Aitor Urrutia y Alberto Bokos participaron en un animado debate en torno a la propuesta de un Código de conducta en torno para la Economía plateada, que se recoge en el dossier. 

Se empezó comentando  la ausencia de mujeres entre las ponencias del evento, un contraste evidente con el dossier, en el que cinco mujeres han contribuido con sus artículos frente a cuatro hombres. Sin embargo esta ausencia se debía a que ellas están participando en otros espacios, lo cual es motivo de felicitación por su activa agenda. 

José Ignacio Casas, sociólogo y coordinador del dossier EsF n.53, comenzó su intervención planteando una pregunta clave: ¿Qué es la economía plateada? Según explicó, este tipo de economía se dirige a personas de entre 55 y 75 años, consideradas atractivas para el mercado debido a su poder adquisitivo, su tiempo libre y, en muchos casos, sus viviendas ya pagadas. Sin embargo, la Economía Plateada tiende a ver a este grupo principalmente como consumidores de viajes, seguros y servicios, sin tener en cuenta su rol integral en la sociedad ni sus necesidades reales, como la atención y el cuidado de la salud. 

Casas señaló que existe una desconexión entre lo que el mercado ofrece y lo que realmente necesitan los mayores, como el acceso a cuidados y servicios de salud, que muchas veces recaen de manera gratuita en las familias, especialmente en las mujeres. Su propuesta no es rechazar la economía plateada, sino replantearla para que sea más inclusiva y menos explotadora. Propone un enfoque que considere la interacción entre generaciones, los cambios tecnológicos y los flujos migratorios. En lugar de mercantilizar a las personas mayores, debemos fomentar su participación activa y digna en la sociedad. Otra idea que lanzó para el debate, fue la posible temporalidad de la economía plateada: aunque la generación actual de mayores cuenta con más recursos, como viviendas propias, no se puede asegurar que las generaciones futuras tendrán las mismas ventajas. 

 José Ramón Landaluce, presidente de Nagusiak, destacó que España es uno de los países con mayor esperanza de vida, pero para que esta situación sea sostenible, necesitamos una sanidad pública sólida y bien financiada. Las políticas deben enfocarse en un envejecimiento activo y saludable, no solo en prolongar la vida. Asimismo, advierte sobre el discurso que cuestiona la sostenibilidad de las pensiones, subrayando la necesidad de garantizar pensiones dignas para los mayores actuales y futuros.

En el ámbito de la «Economía Plateada», los productos y servicios están diseñados principalmente para personas de entre 55 y 75 años, pero se olvidan de un grupo fundamental: los mayores de 75 años, que también tienen necesidades importantes. Landaluce señala que cuando se crean productos para mayores, rara vez se les involucra en las fases de prueba y desarrollo. Las asociaciones de mayores tienen mucho que ofrecer, pero a menudo no se les considera en los procesos posteriores.

Otro problema es que muchos de estos productos innovadores son muy caros, y no se están considerando alternativas públicas accesibles. Las empresas, en su mayoría, diseñan pensando más en la rentabilidad que en las verdaderas necesidades de este colectivo. Es urgente crear un código de conducta que ponga el bienestar social y la participación de los mayores por encima de los intereses comerciales. Landaluce critica la falta de empatía de las empresas hacia este grupo.

Por último, alertó sobre las prácticas abusivas a las que se enfrentan los mayores, como el desconocimiento de productos financieros complejos, como las preferentes. Además, señaló que las empresas explotan los datos de navegación de los mayores sin transparencia, lo que afecta su privacidad. Urge un control más estricto sobre el uso de la información personal en internet.

Aitor Urrutia Serrano, doctor en ciencia política y especializado en envejecimiento activo, comenzó hablando de una visión más humanista de este concepto.

La «Economía Plateada» surge a finales del siglo XX y se refiere al conjunto de actividades económicas relacionadas con la población mayor de 55 años, aunque la definición original no consideraba aspectos humanos ni sociales. En lugar de ver a las personas mayores solo como una carga, se plantea la necesidad de un cambio de paradigma: las personas mayores ya no son solo una «edad de decadencia», sino que pueden disfrutar de una jubilación activa y saludable, que incluso puede durar décadas.

A lo largo de la exposición, se destacó que la sociedad está experimentando una nueva etapa en la vida, que antes no existía: la jubilación no es solo un final, sino un periodo con nuevas oportunidades. Sin embargo, también se cuestionó cómo se gestionan las pensiones y el mercado laboral, dado que los sistemas de pensiones actuales fueron diseñados para una esperanza de vida mucho más corta.

Urrutia también mencionaba la importancia de un pacto intergeneracional, donde se debe considerar cómo adaptar los puestos de trabajo para las personas mayores. No se trata solo de mantener a los mayores trabajando más tiempo para ahorrar en pensiones, sino de encontrar soluciones más equilibradas, como una jubilación parcial o flexibilizada, que permita a los trabajadores mayores seguir contribuyendo sin llegar al agotamiento. 

 Alberto Bokos Zarraga, cofundador de Plataforma50 Hacking Longevity, destacó la necesidad urgente de establecer un código ético para la «Economía Plateada», que engloba las actividades económicas dirigidas a las personas mayores. 

Uno de los principales problemas es el modelo de cuidados en España, que recae principalmente en las familias. Este sistema resulta insostenible, ya que un 20% de las personas mayores no tienen hijos, y muchas familias no pueden asumir la carga de cuidar a sus mayores. Además, no existe un derecho subjetivo al cuidado, como sí sucede con la sanidad pública, lo que deja a los mayores en situación de desprotección económica y social.

También señaló que la oferta de productos y servicios específicos para mayores está mal adaptada. A menudo, estos servicios no cuentan con la participación activa de los mayores en su diseño. Las consultas para desarrollarlos suelen involucrar a personas universitarias, lo que genera soluciones que no representan la diversidad del grupo. En este aspecto destacó la gran dificultad de lograr una participación más representativa, las personas a las que se les solicita participar, muchas veces no se siente preparadas para hacerlo. 

Bokos subrayó la necesidad de adaptar tanto la economía como la sociedad a una realidad demográfica cambiante, con un número creciente de personas mayores. Esto implica promover soluciones éticas que reconozcan los derechos de los mayores y garanticen su bienestar. Además, es crucial fomentar un cambio de mentalidad en la política y la economía para integrar a los mayores como protagonistas en el desarrollo de servicios y políticas que les afecten directamente.

Tras las intervenciones, llegó el coloquio y las opiniones:

Aitor Urrutia  comentó sobre la realidad social y económica en Euskadi, destacando que el apoyo familiar sigue siendo fuerte, ya que la mayoría vive cerca de sus familiares. También mencionó que las pensiones y la ley de dependencia, aunque fueron pactadas y aprobadas, no son perfectas y requieren ajustes. En cuanto a los cuidados, señaló que la gente a menudo se resiste a gastar sus ahorros o vender propiedades, aunque es necesario hacerlo para acceder a servicios como las residencias. Además, expresó que aún no se ha alcanzado un pacto social que financie los cuidados de manera colectiva, como sucede con las pensiones. Urrutia también destacó la responsabilidad individual en el proceso de envejecimiento, poniendo como ejemplo la falta de participación en programas educativos financieros para prevenir ser víctimas de fraudes. 

Un asistente a la jornada compartió su experiencia personal en un proyecto relacionado con personas mayores, mencionando que el programa ha tenido que reducir sus puntos clave a 17 debido a la falta de participación y relevo generacional. Mencionó  también, que a veces, las personas tomamos malas decisiones financieras, citando el caso de las EPSV, donde muchos han perdido una gran parte de lo que aportaron, y cómo los mayores no se han hecho valer, a pesar de representar el 33% de la población de Bilbao y poseer el 70% de la riqueza. Además, mencionó la necesidad de regresar a un modelo de atención primaria más cercano y personal, en lugar de depender de grandes sistemas asistenciales.

En respuesta, José Ramón Landaluce defendió los avances logrados en Bilbao, destacando las mejoras significativas en la accesibilidad y la seguridad de la ciudad desde 2018. Reconoció que aún queda trabajo por hacer, pero subrayó la importancia de valorar los progresos realizados. 

Patricia Solaun planteó una reflexión en cuanto al perfil del cliente para la «economía plateada», ya que al definirlo como una persona con elevados recursos económicos y disponibilidad de tiempo, puede dejar fuera a muchas mujeres, especialmente las que tradicionalmente se han dedicado al trabajo de cuidados no remunerado y que, en las edades de jubilación, experimentan un un aumento en la carga de cuidados y no ven mejoras económicas.

José Ignacio Casas destacó la brecha de género en las pensiones, mayoritariamente bajas entre las mujeres, y cómo la jubilación afecta de forma distinta: los hombres experimentan un cambio drástico, mientras que las mujeres mantienen su carga de trabajo doméstico no remunerado. Casas también destacó que las diferencias en el mercado laboral entre hombres y mujeres persisten, especialmente en cuanto a la remuneración y la disponibilidad. Citó a la economista Claudia Goldin, quien demostró que las mujeres, a pesar de trabajar más horas, ganan menos debido a su menor disponibilidad 24/7, especialmente cuando tienen hijos. Según Casas, no se puede entender la brecha salarial entre géneros sin considerar cómo funcionan las empresas y cómo las mujeres se ven obligadas a adaptarse a un sistema laboral que no valora la calidad del trabajo, sino la disponibilidad. Además, resaltó la importancia de la colaboración entre administraciones públicas, sector privado y asociaciones de mayores en un modelo único. Para cerrar la sesión Casas puso en valor la iniciativa del NIC en Bizkaia, considerándolo un avance respecto a otros territorios de España, aunque pudiera ser objeto de mejoras. 

 

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