8 marzo, 2020
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Feminismo: la ética frente a la estética

Por Gloria González Sanz

Las semanas cercanas al 8M suelen ser un ir y venir de mensajes, jornadas y encuentros, unas veces acertados desde una perspectiva feminista y otras, me temo que no tanto.

Observo una tendencia, también extendida en el ámbito de la RSC, de favorecer la estética frente a la ética que, cuando hablamos de la Mujer, llega incluso a ser una cuestión literal. Eventos que acaban cosificando a las mujeres, centrándose en cuestiones que afectan a su imagen, su cuerpo y su edad, llegando incluso a organizar actos en entornos financieros, pero con un objetivo asombrosamente alejado de lo que cabría esperar (a este respecto, señalo la invitación que recibí de una escuela de finanzas para acudir a un acto dirigido a mujeres, cuyo objetivo era practicar una actividad para evitar el envejecimiento y la generación de arrugas de expresión).

También he leído algún artículo en prensa especializada en el sector financiero, en el que se habla del modelo de liderazgo que hemos de desempeñar las mujeres o cuán rentable resulta incorporar a las mujeres a la plantilla de una empresa. A la vista de todo ello, me atrevo a concluir que la ética, la justicia y la equidad siguen quedando relegadas a un segundo plano, mientas el marketing, el oportunismo y el “business” adoptan una primera posición.

He leído, por ejemplo, que hay empresas que muestran un “alto grado” de sostenibilidad y diversidad de género. ¿Y qué quiere decir un “alto grado”?, ¿”alto” para quién?, ¿quién establece si es mucho o poco? ¿Y lo que es “suficiente”?, ¿y lo qué es “justo”?

También hay empresas que fomentan el “liderazgo femenino”. Entiendo que por oposición al masculino; en ambos casos, modelos creados en base a estereotipos de género que no hacen sino reforzar que lo masculino es lo fuerte, directo y autoritario, mientras que lo femenino es lo sutil, lo comprensivo, incluso lo débil.

He encontrado mensajes tales como que “es posible lograr rentabilidades atractivas invirtiendo en empresas con un marcado énfasis en la igualdad de género”… ¿Y qué ocurriría si la igualdad no se ejerciese en aras de la rentabilidad? Con este tipo de argumentos se refuerza la idea de que se apuesta por la igualdad porque eso genera rentabilidad a la empresa, no porque las mujeres seamos el 50% de la población, o porque estemos al menos tan capacitadas para un puesto como nuestros compañeros, o porque una empresa heterogénea y diversa tiene mucho más sentido que una que no lo es… Por lo tanto, ¿qué argumento subyace bajo este tipo de planteamientos?

En otro artículo donde se trata el tema de la presencia de las mujeres en los Consejos de Administración, se hacen comentarios sobre cómo “negociar y persuadir eficazmente”,  y se recogen mensajes tales como “no renunciar a la ambición”, “aguantar lo que te echen” en el ejercicio de tu actividad, “saber actuar ante personas agresivas” o que “las mujeres somos preguntonas por naturaleza”, lo que puede tener consecuencias negativas en un Consejo de Administración, donde hay que saber hacer las preguntas correctas…

¿Y si en lugar de ese enfoque, se explicara a quienes ejercen violencia (física, verbal, emocional, expresa, subliminal, psicológica…) que nadie tiene por qué “aguantar lo que le echen”? Tal vez hay que explicar que hay algo llamado límites, respeto e integridad y que quien actúa sin tenerlo en cuenta, puede que sea un agresor. Igualmente, en lugar de sólo saber cómo actuar ante personas agresivas, también habría que educar para prevenir esas agresiones, es más, si se abordase el problema de ahí, otros muchos problemas derivados luego a las mujeres, serían eliminados automáticamente. Y en cuanto a hacer las preguntas correctas, estaría bien recordarle a algunos caballeros esto mismo, por ejemplo en los procesos de selección de personal, donde resulta frecuente que a las mujeres se les pregunte por sus objetivos en cuanto a la maternidad o las personas a su cargo.

Lamentable y triste. Mucho. Sólo alcanzo a ver un escenario esperanzador en cuanto al gran trabajo que sigue habiendo en materia de sensibilización, formación, educación en términos de equidad, superación de estereotipos, creación de nuevos modelos de liderazgo, comunicación inclusiva, eliminación de la violencia en todos los espacios, también los laborales, la visibilización del trabajo de los cuidados, y el empoderamiento femenino desde la raíz, es decir, “incluso” estando desprovistas de tacones y maquillaje, con arrugas en la cara y peinando canas, ejerciendo los cuidados dentro y fuera del espacio doméstico y sin necesidad de generar rentabilidades bursátiles a ningún arriesgado inversor. También desde ahí, especialmente desde ahí, nos queda un gran trabajo por hacer.

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