Igualdad de género en clase de Economía: una propuesta que suma y transforma

  Cuando escuchamos hablar de Economía en el instituto, solemos pensar en gráficos, PIB, empresas o impuestos. Pero ¿y si también habláramos de igualdad de género, de cuidados, de las brechas que separan a hombres y mujeres en el trabajo y en la vida cotidiana? Eso es precisamente lo que propone Laura Ruiz Álvarez en su Trabajo de Fin de Máster en la Universitat Jaume I de la UNED: incorporar el ODS 5 (Igualdad de género) en las asignaturas de Economía de la Educación Secundaria.



No se trata de añadir un tema extra que dé más carga al alumnado o al profesorado, sino de transversalizar la perspectiva de género en los contenidos ya existentes. Es decir, mirar la economía con unas gafas distintas: las de la equidad, la justicia y la sostenibilidad de la vida.

¿Por qué hace falta?

Porque los datos cantan: la brecha salarial, los techos de cristal, los cuidados invisibles, la feminización de la pobreza, la exclusión financiera, la infrarrepresentación de las mujeres en puestos de decisión… son fenómenos económicos que afectan directamente a la mitad de la población. Y, sin embargo, la forma en que se enseña economía en secundaria los suele pasar por alto.

La LOMLOE —la ley educativa en vigor— menciona hasta 34 veces la igualdad entre hombres y mujeres, pero cuando uno se va a los decretos que definen lo que hay que estudiar en Economía y Emprendimiento… sorpresa: casi no hay rastro de esa perspectiva. Los manuales, como el famoso de McGraw Hill, apenas incluyen menciones sueltas y descontextualizadas sobre género.

Así, el alumnado termina aprendiendo fórmulas, gráficos y definiciones, pero sin herramientas para entender cómo la desigualdad atraviesa lo económico. Y eso es un problema, porque la economía no es neutral: afecta de manera distinta a hombres y a mujeres, y educar sin mostrarlo es educar a medias.

Una guía para profesorado con mirada feminista

La propuesta de Laura Ruiz es muy concreta: una Guía Didáctica para profesorado de 4º de ESO que toma como base el manual de referencia y lo enriquece con preguntas, ejemplos y recursos desde la Economía Feminista.

Por ejemplo:

– Cuando se explica el coste de oportunidad, se puede debatir sobre cómo afecta la decisión de ser madre en la carrera profesional de las mujeres.
– Al hablar de agentes económicos, se puede introducir el papel de la familia en el reparto desigual de cuidados y tiempos.
– En ejercicios clásicos sobre necesidades y escasez, se pueden añadir preguntas sobre la pobreza femenina o la invisibilidad del trabajo doméstico.

Además, la guía incorpora materiales de Economistas sin Fronteras, que lleva años produciendo recursos educativos y divulgativos sobre Economía Feminista, finanzas éticas o empresas con perspectiva de género. Y como la propia autora quiere dedicar este TFM a Economistas sin Fronteras, “un lugar donde ser y desde donde hacer”, la conexión entre la propuesta académica y la acción transformadora de esta organización resulta evidente.

Lo que aporta la Economía Feminista

La Economía Feminista nos recuerda que la economía no es solo el mercado, las finanzas o las grandes empresas. También es todo lo que sostiene la vida: desde los cuidados a la infancia y la vejez, hasta las tareas domésticas que nunca aparecen en el PIB.

En clase, esto significa ampliar los ejemplos, reconocer que “el homo economicus” —ese ser racional, calculador e individualista— no representa a las personas reales, y debatir cómo influyen la cooperación, la justicia o las emociones en las decisiones económicas.

Es, en definitiva, dar al alumnado herramientas críticas para mirar la realidad, entender las desigualdades estructurales y pensar alternativas. Porque la educación no solo transmite conocimientos: también moldea la forma en que vemos el mundo.

¿Qué ganamos con esto?

La propuesta no busca “politizar” la enseñanza, sino hacerla más real y útil. El alumnado se encontrará tarde o temprano con la brecha salarial, con los cuidados, con las dificultades de conciliación, con la infrarrepresentación en la empresa o la política. Mejor llegar preparado.

Además, conectar la asignatura con los Objetivos de Desarrollo Sostenible da sentido a la educación: no se trata solo de aprobar un examen, sino de aprender cómo podemos contribuir a un mundo más justo.

Como recuerda la propia autora, el aula es un espacio privilegiado para sembrar conciencia crítica. Introducir el ODS 5 en las materias de Economía no es una moda, sino una necesidad para formar ciudadanos y ciudadanas capaces de entender y transformar su entorno.

En resumen: este TFM propone pasar de una enseñanza de la economía en blanco y negro a una en color, donde la igualdad de género no sea un apunte marginal, sino una lente que atraviesa todo el temario. Y, de paso, hacer que nuestras clases de economía no solo expliquen cómo funciona el sistema, sino también cómo puede cambiar para que funcione para todas y todos.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.