Innovando en el concepto de «Riqueza»

Por Jose Udondo

 II World CafeLa sociedad actual nos ha hecho creer que la riqueza se circunscribe solamente al ámbito material y financiero. Esta afirmación es una verdad a medias, pues es obvio que no incluye otros ámbitos de la misma. Desde esta entrada pretendemos ampliar esta idea. A ello dedicamos la jornada de reflexión del VII World Café para la Igualdad «Innovando en el concepto de RIQUEZA, organizada por la Asociación Lur Gozoa y Mirra  el pasado 28 de Mayo en Bilbao.

 La metodología del encuentro se basó en una reflexión abierta en grupo sobre el concepto de riqueza, cuestionando la versión oficial; así, al detenernos a pensar en qué factores nos empobrecían o limitaban, casi siempre salía la palabra “miedo”. Es cierto que el sistema económico actual concibe como verdad absoluta la idea del crecimiento del PIB como forma de medir la capacidad de una economía para generar empleo. La crisis actual nos ha recordado con toda su crudeza que vivimos en un planeta con recursos finitos y que el crecimiento ilimitado no solo es imposible, sino que además es poco deseable. Es necesario por tanto ir a las causas de la crisis actual  para no repetir los errores cometidos en el pasado y generar un modelo de desarrollo sostenible centrado en las personas. Partiendo de esta premisa, la mayoría de las personas que integraban mi grupo estuvimos de acuerdo en que los problemas no se arreglan sólo con leyes coercitivas, las cuales muchas veces ni siquiera son cumplidas, sino con un cambio de raíz en los programas del sistema educativo actual desde la más pronta infancia hasta la educación superior. Todos coincidíamos en que la educación actual resulta opresora y limitadora, nos empobrece humanamente porque no respeta la individualidad sino que pretende formar personas estandarizadas, como si fuéramos un producto más para ser consumido. Esta idea, que nace de la concepción taylorista del trabajo, persigue la eficiencia del trabajador, reduciéndolo a una simple máquina, lo cual resulta profundamente alienante para la persona y el pleno desarrollo de su potencial. A partir de esa diferenciación entre la idea de riqueza impuesta por la sociedad y la idea de riqueza nacida de las reflexiones colectivas, y la posterior identificación de los factores limitadores que nos impiden llegar a ella, es necesario apoyar nuestra idea de riqueza en aquellos ámbitos más concretos que tendría que sostener la economía para generar riqueza social. En este punto surgieron conceptos como la cultura, la ecología, la literatura, el teatro, el pensamiento crítico y la espiritualidad. Son todos ellos ámbitos que nos humanizan y generan un indudable valor personal y social, al permitirnos vivir armónicamente con nuestro entorno y no depredándolo. La sociedad actual nos vende un modelo de felicidad basado en el consumo hedonista e ilimitado, en la competencia desenfrenada entre los diferentes agentes que la conforman buscando siempre una superación y un crecimiento continuos, siendo el exponente más claro de esta idea de éxito el alcanzado por nuestros deportistas más renombrados. El esfuerzo en sí no es malo, pero hay que dosificarlo de manera que no suponga un maltrato a nuestro cuerpo. El éxito a cualquier precio ni es sostenible ni merece la pena. El problema es que esa idea del crecimiento ilimitado también nos tiraniza como individuos, pues no somos más que un instrumento al servicio de la rentabilidad económica, lo que excluye a las personas que no producen rentabilidad económica del “sistema”. Como solución a estos problemas hay que poner el acento en el empoderamiento de los individuos, en el cuestionamiento de los principios que rigen el sistema, en la sustitución de la idea de competición por la de cooperación, en la empatía, en el diálogo sin juicios, en definitiva, en recuperar la consciencia y la felicidad. Para ello es necesario innovar en los empleos existentes, crear nuevas formas de trabajo, generar un modelo de consumo sostenible, en el que el punto de producción no diste mucho del punto de venta, lo que ahorraría ingentes cantidades de recursos tanto financieros como energéticos. Y para no provocar daños sociales traumáticos, ir preparando desde ya la transición desde los empleos actuales intensivos en energía fósil hacia empleos más respetuosos con el medio ambiente que nos rodea. Hay que generar una energía más sostenible, reducir las dependencias energéticas del exterior en la medida de lo posible y tratar de conseguir un modelo productivo más autosuficiente que el actual. Este modelo diabólico de consumo nos condena a la esclavitud y nos encierra en un círculo vicioso del que resulta muy difícil salir. De no reaccionar a tiempo, nos veremos abocados a un sinfín de crisis ecológicas, energéticas y económicas que destrozarán irremediablemente el planeta en el que vivimos. Nótese que según el modelo alternativo la ecología está por encima de la economía, puesto que al final es de ella de donde nos viene todo. Está en nosotros escoger entre el uso o el abuso de los recursos que la naturaleza nos provee. El futuro de las próximas generaciones se verá seriamente comprometido si continuamos con esta espiral insostenible de crecimiento y no reaccionamos a tiempo. Como veis, muchas y variadas fueron las reflexiones y propuestas a las que llegamos a través de la reflexión grupal sobre la innovación en el concepto de riqueza, pero en definitiva, aproximarnos al ideal de que cada persona encuentre su propia noción de felicidad para poder así hacer felices a los demás, sería la principal conclusión a destacar. ¿Y qué pensáis vosotros? Animaos a  enviarnos vuestras reflexiones y a compartirlas para llegar a más gente! Construyamos el futuro entre todos!

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