25 marzo, 2024
RSC

Jornada: Hacia modelos de Gobierno corporativo participativos en el sector financiero

El pasado 13 de marzo, Economistas sin Fronteras (EsF) asistió a la jornada Hacia modelos de Gobierno corporativo participativos en el sector financiero, inscrita en el marco de una serie de seminarios que llevan por título genérico «Humanizar y democratizar la empresa» y que están organizados por la Fundación Arizmendiarrieta y la Plataforma por la Democracia Económica -con la colaboración de la Fundación Alternativas-.

La jornada abrió con la ponencia Participación de los trabajadores en la empresa y eficiencia económica. Con referencias a la participación en las entidades financieras, impartida por Vicente Salas Fumás, Profesor Emérito de la Universidad de Zaragoza, quien se centró principalmente en aspectos generales de la participación de los trabajadores en la empresa, con alguna referencia final a las singularidades de la participación en las entidades financieras.

A continuación, recogemos una breve exposición y algunas reflexiones acerca de la temática abordada:

En el siguiente gráfico se muestran de manera esquemática las distintas formas de participación de los trabajadores en la empresa:

Como puede observarse, destacan las Sociedades de capitales, con nula participación de los trabajadores/as; la cogestión, con una participación representativa; y las cooperativas, donde se da una participación plena en la toma de decisiones; siendo en la cogestión donde se da el salto a un nuevo modelo con una participación compartida, supuesto del que hasta el momento, no se conoce ningún caso en el que las empresas españolas lo hayan adoptado de manera voluntaria, mientras que en otros países como Alemania, es obligatorio que en los Consejos de Administración haya representantes de los trabajadores.

Este dato nos lleva a poner sobre la mesa un primer debate, que ya se dio durante décadas con la Responsabilidad Social Corporativa: ¿han de existir leyes que regulen estas cuestiones o su implementación ha de dejarse al albur de las empresas? Desde EsF la respuesta siempre ha sido clara: es necesaria una regulación que fomente, impulse y favorezca el cambio, pues la historia ha demostrado que el ámbito de la voluntariedad es demasiado vago para adquirir un compromiso firme a favor de la responsabilidad de las empresas -especialmente, cuando hablamos de grandes corporaciones con gran poder en el mercado, superando, en ocasiones, al de algunos Estados-. Podemos citar algunos ejemplos en España, como la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres; la Ley 11/2018, de 28 de diciembre en materia de información no financiera y diversidad; o la recién aprobada (15 de marzo de 2024) Directiva Europea de Diligencia Debida de las Empresas en materia de Sostenibilidad, a la que pocos países europeos se han adelantado voluntariamente, quedando a la espera de su aprobación por la UE y posterior trasposición en los años venideros. Por lo tanto, la ética y la voluntariedad no son suficientes para la implementación de los cambios necesarios en pro de la justicia social y de modelos empresariales más democráticos y participativos.

La siguiente reflexión gira en torno a por qué nos planteamos la participación de los trabajadores/as en la empresa. En este sentido, el profesor recogía tres argumentos (*):

  • Justificación desde la Filosofía moral y política: Señalando el derecho reconocido en la Constitución Española (artículo 129) e incidiendo en la co-determinación como protección de la democracia, al disminuir el poder efectivo de las grandes corporaciones.
  • Justificación desde la equidad en el reparto de la riqueza: Entendiendo que el reparto de poder supone un reparto de la riqueza.
  • Justificación desde la eficiencia productiva: En cuanto que la participación favorece un mejor aprovechamiento del capital humano, incentiva la inversión en el mismo, y favorece la auto-realización y bienestar de los trabajadores.

A la vista de lo anterior, se incide en la importancia de las leyes (nuevamente), en la cultura que respalda e impulsa dicho desarrollo normativo, y en la experiencia de la puesta en marcha de las medidas a favor de una democratización de las organizaciones, que en ningún caso de los conocidos en el norte y centro de Europa han afectado negativamente a los accionistas.

Ante este postulado, nos planteamos: ¿Qué sería necesario en la cultura española para fomentar la participación?, ¿qué debería cambiar para impulsar un nuevo modelo participativo?, ¿cómo fomentar la cultura del cooperativismo?, ¿quién tendría que tomar las riendas del cambio? En este sentido, desde EsF consideramos fundamental el movimiento asociativo y la incidencia de plataformas como las organizadoras de esta jornada que, a través de la reflexión y el análisis, fomentan la toma de conciencia y la divulgación de estos enfoques.

De otro lado, apuntamos de manera reiterada la necesidad de una normativa que regule estas situaciones, es decir, políticas públicas que guíen los procesos de descentralización del poder, encontrándose en estrecha relación con lo expuesto en el párrafo anterior, pues es sabido que la ley siempre va por detrás de la sociedad, es decir, primero aparece la movilización social para que años después se establezca la norma, de manera que señalamos ese estrecho vínculo entre cultura y política, siendo un espejo la una de la otra.

Y en esta línea, ¿por qué se da esta necesidad de intervención del regulador? Siguiendo la exposición de Salas, principalmente para evitar:

  • Problemas de coordinación: Si una empresa optara por una mayor participación y horizontalidad y el resto no, la primera se encontraría en desventaja competitiva. De ahí que sea necesaria la intervención del Estado a través de la creación de normas que permitan realizar la transición de un equilibrio a otro.
  • Problemas de motivación: Para prevenir el conflicto de intereses privados e intereses colectivos, pues los accionistas que controlan la empresa podrían no participar de las ganancias y defenderían su statu quo.
  • Diferencias en tecnología y recursos: En un contexto de alta digitalización, uno de los valores diferenciales es la cercanía con el cliente (algo que en el sector financiero vendría potenciado por las cooperativas de crédito frente a los bancos).
  • Infra desarrollo de instituciones complementarias: Falta de cultura de participación y déficit de confianza por no haberse fomentado institucionalmente.

Terminamos la reflexión con algunas cuestiones planteadas tras la ponencia, en la mesa de diálogo con las personas asistentes:

  • Atención al caso atípico de España por la carencia de banca pública, asumida únicamente por el ICO, a diferencia de otros países europeos.
  • Relevancia de la transparencia y la comunicación como factores clave para poder implementar modelos de gobernanza democráticos.
  • Aplicación del principio de responsabilidad con el establecimiento de mecanismos que lo garanticen, así como la confianza y autonomía de los trabajadores.
  • Necesidad de una representación de los trabajadores cualificada.
  • Necesidad de establecer un incentivo económico a la participación. Importante distinción: incentivo a la participación, no a la productividad.
  • Potenciar la felicidad en las organizaciones, lo que tiene un impacto directo en los trabajadores, traduciéndose en una reducción de la tasa de absentismo.
  • Fijar las razones por las que un cambio cultural permitirá un modelo más cooperativo. Si no hay un convencimiento inicial, no hay cambio posible.

Ojalá que en los años venideros la conciencia social avance en pro de modelos empresariales más participativos y democráticos, y lo que hoy parece algo residual o mera utopía, tenga su reflejo en las políticas públicas y sea estudiado por la Academia, no como un modelo teórico, sino como una nueva manera de hacer empresa.

Gloria González Sanz

Economistas sin Fronteras

(*) https://www.worker-participation.eu/why-workers-participation

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