La huella de carbono del turismo en España: Panorámica, retos y oportunidades

Mario Burgui Burgui, Marta Rodríguez-Rey Gómez, Inmaculada Aguado Suárez, María Jesús Salado García, María Jesús Such Devesa   Universidad de Alcalá 

El turismo es un motor económico clave a nivel global, contribuyendo significativamente al Producto Interno Bruto (PIB) y generando millones de empleos. Ha sido reconocido como un sector clave para la recuperación económica tras la pandemia de COVID-19, demostrando su resiliencia y capacidad para adaptarse a condiciones cambiantes. En nuestro país, es un pilar indiscutible de la economía nacional. Sin embargo, su impacto ambiental, especialmente en términos de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), plantea desafíos importantes. Estudios recientes han demostrado que el turismo es responsable de entre un 8% y un 10% de las emisiones globales de GEI, dependiendo del enfoque metodológico utilizado.

En España, este porcentaje puede ser incluso mayor, alcanzando hasta un 15% según algunos análisis. Estos datos subrayan la necesidad de implementar estrategias para reducir la huella de carbono en el sector, con el fin de enfrentar los retos climáticos y de sostenibilidad en el marco de la Agenda 2030 de la ONU.

 El turismo y el cambio climático

El turismo no solo contribuye al cambio climático, también puede verse profundamente afectado por este fenómeno. El aumento de las temperaturas y el deterioro de los ecosistemas amenazan destinos clave como playas, montañas y áreas naturales protegidas. Por otro lado, los eventos climáticos extremos asociados al cambio climático, como olas de calor, huracanes e inundaciones, no solo ponen en riesgo la infraestructura turística, sino también la seguridad de los usuarios.

Por estos motivos, además de adaptarse a los nuevos escenarios, la industria turística se propone reducir su impacto sobre el cambio climático. Así lo pone de manifiesto la Declaración de Glasgow, que resalta la necesidad de cambiar los modos de producción y consumo en el turismo en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Por otro lado, organismos como la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés) han puesto de manifiesto las radicales transformaciones que este sector necesita si se desea compatibilizar su desarrollo con la agenda climática, entre las cuales juegan un papel clave las relativas a los patrones de consumo del turista, pues pueden forzar cambios hacia una oferta con menores emisiones.


La huella de carbono turística de la población española

Con el objetivo de analizar en detalle la huella de carbono asociada a las actividades turísticas de la población española, así como los factores que influyen en ella, desde la Universidad de Alcalá se ha realizado un reciente estudio de alcance nacional. Este estudio emplea un enfoque bottom-up, implementando una encuesta en la cual participaron 1.000 personas distribuidas proporcionalmente por región de residencia, sexo y edad. En la encuesta, realizada con la asistencia de una empresa con gran experiencia en estudios sociales (Netquest, S.L.), se recogieron datos detallados del viaje más caro realizado en el último año por los participantes, además de sobre otras variables relevantes relacionadas con los objetivos del estudio. Esto ha permitido conocer de forma pormenorizada las emisiones relacionadas con el transporte, el alojamiento, la alimentación y otras actividades turísticas, además de estudiar estadísticamente si existe relación entre esa huella de carbono y el perfil sociodemográfico de cada participante.

Los resultados indican que el transporte es el principal contribuyente a la huella de carbono turística en España (algo similar a lo que ocurre a nivel global), representando el 48% de las emisiones totales. En segundo lugar, se encuentra la alimentación y las actividades de ocio (33%), seguidas por el alojamiento (19%). En promedio, la huella de carbono del viaje analizado resultó en 662 kgCO2e(1) por turista . Mediante el análisis comparado del gasto económico en el viaje y el gasto anual total en actividades turísticas, la huella de carbono anual por turista se estimó en unos 910 kgCO2e. Por tipo de destino, los viajes internacionales generan emisiones significativamente mayores, debido al uso del avión como medio de transporte. En contraste, los viajes nacionales tienden a concentrar su impacto climático en gastos asociados a la alimentación y actividades de ocio (siendo incluso ligeramente mayor que la huella del transporte).

Entre las variables socio-demográficas analizadas, cabe destacar el nivel de ingresos, un factor que en la mayoría de los estudios relacionados con la huella de carbono resulta determinante. Según los resultados obtenidos, los turistas con mayores ingresos presentan una huella significativamente superior, debido a sus preferencias por destinos lejanos y alojamientos de mayor categoría. También el mayor nivel de estudios mostró un patrón proporcional a la huella de carbono: turistas con grado, postgrado y doctorado obtuvieron las mayores emisiones promedio. Esto puede ser debido a que habitualmente las personas con estudios superiores tienen mayor poder adquisitivo que aquellas con estudios básicos o medios. Los motivos anteriores sirven también para explicar que las personas que trabajan en ciertos sectores laborales de baja remuneración, como restauración o labores del hogar, muestran una huella turística menor, al igual que ocurre con los estudiantes y desempleados.

Por sexo, los hombres resultaron generar mayores emisiones, mientras que las franjas de edad mostraron un patrón con menor huella de carbono para menores de 24 años, para personas entre 35 y 44 años, y también para los jubilados.

 

Implicaciones para el sector turístico

Teniendo en cuenta que la huella de carbono en España es de unas seis toneladas por persona (desde el análisis del consumo), el impacto de las actividades turísticas es ciertamente significativo (en torno al 15%). A esto hay que añadir que la mayoría de las previsiones indican que los desplazamientos turísticos van a seguir aumentando en los próximos años, incluso a pesar de las inestabilidades económicas y geopolíticas.

Esta situación supone un gran desafío si se quiere compatibilizar la sostenibilidad económica del sector con el objetivo de reducción de emisiones acordado en las últimas cumbres sobre cambio climático. La respuesta es clara: se debe trabajar más y más rápido para desacoplar el crecimiento económico del impacto climático que este genera. Atrás queda ya el manido lema según el cual el turismo era “la industria limpia”.

El enfoque bottom-up empleado en este estudio permite obtener una visión detallada de las emisiones asociadas a cada etapa del viaje. Esto incluye desde la planificación y el transporte hasta las actividades en destino. A diferencia de otros métodos, como los modelos input-output, este enfoque se basa en datos proporcionados directamente por los turistas, lo que mejora la precisión del análisis. Además, permite identificar patrones específicos de consumo que pueden ser influidos por factores como el nivel educativo, los ingresos y la elección del destino.

Como se menciona anteriormente, el análisis reveló diferencias significativas en las emisiones según las características demográficas de los turistas. Por ejemplo, los hombres presentaron una huella de carbono promedio mayor que las mujeres, especialmente en lo referente al transporte. Asimismo, las personas con niveles educativos y de ingresos más altos tendieron a realizar viajes más largos y a destinos internacionales, lo que incrementa su huella de carbono. Por el contrario, los jóvenes y los jubilados mostraron una huella significativamente menor, alineándose con patrones generales observados en otros estudios de huella de carbono.

Para el sector turístico, estos hallazgos son cruciales para el desarrollo de estrategias sostenibles. Por ejemplo, los datos sobre la preponderancia del transporte en las emisiones totales podrían impulsar inversiones en alternativas más ecológicas, como trenes de alta velocidad o el uso de combustibles sostenibles en la aviación. Del mismo modo, los alojamientos pueden adoptar prácticas como la instalación de paneles solares, la gestión eficiente del agua y la promoción de servicios locales de bajo impacto ambiental.

 

Retos y oportunidades

El camino hacia un turismo sostenible no está exento de desafíos. Entre los principales retos se encuentra la resistencia al cambio (o la imposibilidad técnica) por parte de algunos actores del sector, especialmente aquellos que dependen de modelos con alta demanda de combustibles fósiles. El ejemplo más claro es la aviación, responsable de gran parte de las emisiones turísticas y sin alternativas viables a corto plazo. Sin embargo, hay espacio para el optimismo si nos fijamos en la reciente evolución de los cruceros, donde la electrificación y otros modelos energéticos bajos en carbono están entrando con fuerza.

Junto a los retos también surgen oportunidades, como la posibilidad de captar un segmento de mercado en crecimiento: los viajeros concienciados con el medio ambiente.

Para avanzar hacia un modelo sostenible, es fundamental implementar políticas integrales que aborden todos los aspectos del viaje. Esto incluye desde incentivos para el uso de transportes menos contaminantes o la mayor incorporación de energías renovables en los alojamientos, hasta campañas de concienciación dirigidas a los turistas (quienes en muchos casos todavía no son conscientes del impacto ambiental de sus viajes). Iniciativas como la promoción de destinos cercanos y el turismo rural también pueden reducir la huella de carbono, al disminuir la necesidad de transporte aéreo. Y, con ello, además, fomentar la economía local.

El enfoque bottom-up empleado en este estudio permite obtener una visión detallada de las emisiones asociadas a cada etapa del viaje. Y no solo de las más intuitivas (como las mencionadas en el bloque de transporte o alojamiento), sino también de otras con gran relevancia, como la comida, las compras, el ocio nocturno, etc. A diferencia de otros métodos basados en datos macroeconómicos agregados, el enfoque utilizado en el estudio de la Universidad de Alcalá se basa en datos proporcionados directamente por los turistas. Esto, en primer lugar, mejora la precisión del análisis, al proporcionar un alto nivel de detalle en los datos de la huella de carbono individual por sectores de consumo. Además, permite identificar patrones específicos de consumo para cada perfil de usuario, que pueden ser influidos por factores como el nivel educativo, los ingresos y la elección del destino. En definitiva, este tipo de análisis pormenorizados brindan la posibilidad de diseñar políticas específicas tanto para los distintos segmentos de mercado, como para cada etapa del viaje, optimizando así la potencial reducción en la huella de carbono.

En conclusión, no cabe duda de que el turismo juega un papel esencial en la transición que la sociedad actual debe enfrentar hacia modelos bajos en carbono. Asimismo, es importante subrayar que la sostenibilidad del sector no solo es una responsabilidad ambiental, sino también un imperativo económico y social.

Cada vez tenemos más conocimiento sobre el impacto del ser humano en el calentamiento global, pero también acerca de cómo minimizarlo. Estudios como el aquí presentado proporcionan una base sólida para entender las dinámicas de consumo de los turistas y cómo estas influyen en su huella de carbono. El desafío ahora radica en traducir estos hallazgos en acciones concretas que beneficien tanto al planeta como al propio sector turístico.

 


[1] CO2e es la unidad con la que se miden las emisiones de gases de efecto invernadero. El sufijo “e” se corresponde con “equivalente” y hace referencia a que se incluyen para incluir en las medidas que se incluye el efecto de otros gases de efecto invernadero, además del CO2, que también contribuyen al cambio climático.

 

 

Este artículo forma parte de Dossieres EsF nº 58: «Turismo en la encrucijada: diñemas globales y respuetas locales»  correspondiente al verano 2025

 
 
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