Con la entrada en vigor del Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión, más conocido por sus siglas en inglés TTIP, se abre un nuevo panorama global donde los resultados socioeconómicos no son del todo claros. En teoría, una mayor liberalización de los mercados supondrá una especialización regional segun sus ventajas competitivas, y por consiguiente la necesaria reestructuración industrial de aquellos territorios con sectores económicos que se queden obsoletos. Junto a las específicas ventajas en forma de inversiones directas provenientes del extranjero, es también previsible que aumenten las presiones transnacionales para reformar el actual Estado del Bienestar en los países europeos y que, en general, se tienda hacia su reducción y el recorte en derechos laborales. En definitiva, es de imaginar que podríamos encontrarnos ante un oscuro escenario de desigualdad creciente por territorios económicos en Estados Unidos y la Unión Europea.




