¿Pero cómo va la economía?

Por José Domingo Roselló. Publicado en Zona Crítica (www.eldiario.es)  el 23/07/2013

Hecha hace unos meses, la pregunta que se plantea el título se hubiera contestado unánimemente con un “mal”. Sin embargo, desde el final de la primavera, se ha ido filtrando otro discurso según el cual se apreciaría un cierto “cambio de rumbo”, un “hemos tocado suelo”, a lo que se añadió hace pocos días el Banco de España, que defendía una “mejora y alivio”. A la vez, testimonios autorizados se posicionan más bien en un escepticismo cuidadoso. El propósito de estas líneas es tratar de aclarar en que se basan unos y otros, por qué se llega a esas conclusiones y, por último, establecer hasta dónde puede llegar, si lo hubiera, ese “cambio de rumbo”. ¿Cómo podemos hacer esto? Afortunadamente la Economía, como disciplina que se enfrenta a una realidad compleja, con múltiples facetas, construye indicadores objetivos cuantificables que nos ayudan a medir, a estudiar y a comparar. En el debate de hoy usaremos el que quizás sea el indicador económico más conocido: el PIB, cuyas siglas quieren decir Producto Interior Bruto. El PIB se define como la suma del valor de todas las transacciones en bienes y servicios finales que se da en un territorio en un plazo de tiempo, generalmente un año. En la práctica totalidad de los países, el PIB lo calculan organismos oficiales encargados de las estadísticas económicas -en España es el Instituto Nacional de Estadística-, que siguen reglas comunes para que sean comparables a nivel internacional. Para el tema que tratamos hoy, nos interesa la variación del PIB en términos reales. Es como se mide este “crecimiento”. “Términos reales” significa que se ha extraído de este crecimiento la parte debida únicamente al incremento de los precios. También utilizaremos una de las composiciones del PIB, de las tres que existen: vía de oferta, la vía de las rentas y la vía de la demanda. Calculado por cualquiera de las tres, la cifra es la misma. Hoy aquí, para aclarar el qué y el porqué de la evolución económica a corto plazo, vamos a usar el PIB por la vía de la demanda. Es la que nos ofrece una distribución más intuitiva, con la que vamos a poder enlazar mejor las explicaciones posteriores.

PIB= G+Cp+I+X-M

G es el gasto en servicios hecho por las administraciones públicas. Cp es el consumo privado, los bienes y servicios que adquirimos. I es la inversión que hacen las empresas o el gobierno en cosas que no se consumen, pero que sirven para producir en períodos futuros, aquí está incluida la construcción de infraestructuras o viviendas. X son las exportaciones de bienes -vender fuera mercancías producidas aquí- o servicios -la entrada de turistas en España es una exportación de servicios-. M son las importaciones, también de bienes o servicios. ¿Dónde están variables como los salarios, o los impuestos? Se encuentran en las otras definiciones del PIB, pero su evolución está muy relacionada con las que aquí se muestran. En 2012, la economía española cayó un 1,4%, se destruyeron cerca de 800.000 empleos y el déficit público se situó en el 10,6% del PIB. Son datos oficiales registrados en Eurostat. En cuanto a 2013, por el momento sólo están disponibles las cifras de PIB correspondientes al primer trimestre, que muestran una caída de la economía del 0,5% respecto al cierre del año anterior. Con esta evolución y otros datos disponibles, FMI, Comisión Europea y Banco de España piensan que la economía española volverá a decrecer a final del año entre un 1,5% y un 1,7% aproximadamente. El Gobierno prevé un decrecimiento algo menor, del 1,3. Simplemente a la luz de estas cifras, podemos empezar ya a ajustar cuál es la dimensión de esta “mejoría” supuesta. Según el Gobierno, podríamos decir que “vamos a empeorar menos de lo que empeoramos el año pasado”, mientras que según Comisión y FMI, ni tan siquiera eso, el crecimiento va a ser aún menor. ¿En que se basan entonces los mensajes que defienden la existencia de una mejoría? Lo más útil es discernir en qué hechos objetivos que se conozcan relacionados con la evolución de GCpIXM, podemos basarnos. ¿Va a decrecer la M? En teoría, una disminución de las importaciones debería ser positiva para el crecimiento del PIB, ya que su signo en la fórmula es negativo. Sin embargo, al estar muy relacionadas el consumo y la inversión, se da el caso de que caídas significativas en las importaciones indican que “algo va mal”, simultaneándose con caídas generales en la actividad. 2010 y 2012 sirven como ejemplo de dicha relación. Este año, la tónica en los meses transcurridos es similar, la variable no da noticias favorables por el momento. ¿Va a aumentar la X? Un aumento de las exportaciones es muy positivo para el crecimiento económico, y sí, este año tanto las exportaciones de mercancías como la entrada de turistas están experimentando buenas cifras. No obstante, hay que matizar: España no es un país muy exportador, así que necesitaríamos crecimientos mucho mayores de esta magnitud para que tuviesen un efecto global significativo. No somos Alemania, donde, al ser el volumen de sus exportaciones casi la mitad del PIB, basta un pequeño empujón para poner toda la economía en marcha. Los datos a día de hoy están incluso por debajo del nivel de 2010 u otros años de la burbuja. Por tanto, las exportaciones van mejor que el año pasado, pero ello no basta para traducirse en crecimiento general, menos aún si deben compensar la disminución de otras variables importantes. ¿Va a aumentar la I? Sin paliativos, la inversión no presenta ningún dato positivo en lo que va de año. No lo va a hacer desde el impulso de obra pública, porque esta decrece. No lo va a hacer desde el sector privado, toda vez que de cualquier indicador que se tome de esta variable, lo mejor que se puede decir es que decrece menos que el año anterior. No es de extrañar esta situación si observamos los datos de crédito procedente del sistema bancario. Llevamos más de dos años en que los bancos reciben más dinero por los créditos vivos que la cantidad que insuflan en la economía a través de crédito nuevo. Es decir, el efecto neto es una retirada de recursos. Esto se deriva de su necesidad de sanear balances y de la dificultad, aún, para encontrar financiación exterior. Los cauces de crédito al sector privado están secos y sin datos que respalden una impresión de mejora. El diagnóstico no puede ser otro que la inversión no va a proporcionar crecimiento este año. ¿Va a aumentar el Cp? El consumo privado es el motor principal del PIB. Su peso equivale al 66%. De nuevo, ningún dato de los disponibles a la fecha señala que el consumo esté creciendo. Como en el caso de la inversión, lo mejor que puede decirse es que cae menos que el año pasado. Con una tasa de paro del 27%, con un número creciente de esos parados con las prestaciones agotadas, con presiones salariales a la baja y con el stock de dinero ahorrado disminuyendo, otro escenario no es posible. No, el consumo no va a aumentar. ¿Va a aumentar el G? Tampoco. Sin embargo, sucede algo peculiar. El año 2012 presenció en julio un recorte de 60.000 millones de euros, que supuso un enorme impacto negativo, distribuido entre la segunda mitad del año anterior y éste. Es el “austericidio”, neologismo que describe, con un toque de humor negro, tesituras como la vivida. Si el consumo privado es la mayor partida de PIB, a G le corresponde ser la partida más influyente, ya que sus variaciones se transmiten a otros sectores, produciendo el denominado “efecto multiplicador”. Fue una mala estimación de este efecto multiplicador lo que causó el error del FMI al calcular los efectos del ajuste impuesto a Grecia, que tuvo que reconocer hace unas semanas. Este año, debido a que se nos ha permitido no tener que reducir tanto ni tan deprisa nuestro déficit público, no se espera otro recorte de la magnitud que presenciamos. Ello permite que, en comparación, no se espere que nos vaya tan mal en la parte de año que queda. El diagnóstico global al que apunta esta evolución conjunta puede calificarse de forma cualitativa como “no empeoraremos tanto”. Si esto equivale o no a una “mejoría”, a un “alivio”, o a un “cambio de rumbo” es un debate más bizantino que útil, y más en el terreno del mensaje que se quiere transmitir que en el de lo que la realidad, por el momento, refleja. Ojalá la situación fuese otra, pero por cambiar los adjetivos no se va a cambiar la evolución de las variables de fondo. Necesitamos una política de estímulos.

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