Del 9 al 11 de julio de 2024 se celebró la VII edición de la Escuela de Verano de Economistas sin Fronteras, organizada en la ciudad de Madrid. Tres días de aprendizaje, reflexión, debate y compartir, en los que hemos imaginado cómo serán esos futuros justos y sostenibles. Unos en los que el crecimiento no será la máxima que regirá la economía y en los que la tecnología podrá jugar un papel importante, pero no será la única solución y estará bajo el control de la ciudadanía.

Arrancó la Escuela de Verano con el diálogo titulado La policrisis y la transformación ecosocial necesaria entre Víctor Alonso Rocafort, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, y Sofía Pérez Baeza, del grupo de investigación en Humanidades Ecológicas (GHECO) de la Universidad Autónoma de Madrid. En él abordaron la cada vez más evidente crisis ecosocial en la que nos encontramos, así como la necesidad de avanzar hacia la transdisciplinariedad de conocimientos para abordarla, y la urgencia de adaptar tanto la economía como las necesidades que garanticen una vida buena a las capacidades biofísicas del planeta.
El miércoles 10 tuvimos doble sesión matutina. En primer lugar, nos acompañó Marta G. Franco con la ponencia Recuperar internet hacia los bienes comunes digitales, en la que realizó un repaso histórico sobre el origen de Internet y cómo, a pesar de nacer como un proyecto público y comunitario, muchas de las principales plataformas digitales actuales son propiedad de multimillonarios. Pero también nos descubrió que aún siguen quedando pequeños (y no tan pequeños) reductos que mantienen el espíritu originario en el que la comunidad es quién tiene el control y poder.
A continuación, tras un breve descanso para asentar las nuevas ideas, Luis González Reyes preparó una sesión muy participativa, con mucho espacio para el debate y diálogo entre grupos, titulada El mito de la neutralidad tecnológica. En ella aprendimos a diferenciar tecnología de técnica, a reconocer que las tecnologías no son neutras ni inocuas, ya que dependen de una base material y energética, así como replican dinámicas y sesgos patriarcales, capitalistas, coloniales…
Para concluir el segundo día de escuela, el miércoles por la tarde conectamos con Óscar Campanini, director del Centro de Documentación e Información Bolivia (CEDIB). En esta conferencia, titulada La defensa de los territorios frente al neocolonialismo extractivista, nos transmitió el importante rol del litio en la transición energética que está siguiendo desde Europa y como, al encontrarse las principales reservas mundiales entre Bolivia, Argentina y Chile, se están generando numerosos conflictos en dichos territorios a causa de los proyectos de explotación minera.
El jueves comenzó con la conferencia La vida que vendrá, realizada por Javier Martínez de Contra el diluvio. En ella reflexionamos sobre la necesidad de entender que la lucha ecosocial/climática no es independiente del resto de luchas sociales (vivienda, trabajo, urbanismo…), si no que es transversal a todas ellas. También nos identificó el gran reto actual de construir narrativas de futuros ecosociales, las denominadas ecotopías, pero como estos esfuerzos imaginativos tienen que ir acompañados también de estrategias políticas para alcanzarlos. Todo ello en un margen temporal no muy amplio, lo cual hace que el desafío de implementar soluciones sistémicas en corto plazo sea mayor aún.
Para concluir la Escuela de Verano, y en el hilo de esa necesidad de construir narrativas de futuros justos con las personas y el planeta tuvimos la sesión de Contarnos el futuro, dinamizada por José Ramón Paramio de Econoplastas. Esta sesión tuvo un poco de presentación de los cuentos y microrrelatos que creamos colectivamente en el taller que el propio José Ramón Paramio nos realizó el primer día, un poco de relatarnos cuentos que conociésemos, pero también nos dio tiempo a bailar y reírnos con memes económicos propios. Esta VII edición de la Escuela de Verano, como en sus predecesoras, hemos combinado tanto los contenidos más teóricos como las dinámicas prácticas a través de las cuales crear colectivamente y aprender a través de metodologías más participativas. Y en esta sesión se muestra esto claramente.
Por último, pero no por ello menos importante (ni mucho menos), otro de los grandes aprendizajes que hemos obtenido esta escuela ha sido el maravilloso grupo de personas que lo han conformado. Una treintena de estudiantes de diferentes universidades del Estado español preocupadas por una economía justa y sostenible hemos estado compartiendo espacio, conocimientos, experiencias y buen ambiente. Un broche de oro al curso para ir al verano cargadas de energías.

Enmarcado en el proyecto «Una economía justa al servicio de la Estrategia de desarrollo sostenible para una A2030 transformadora. Fase III» (EXP2023D153) financiado por la Dirección General de Agenda 2030.



