21 noviembre, 2014
Euskadi

¿Y si prohibimos el cultivo de transgénicos?

Por Rosario Goñimaiz trans (1) El Parlamento Europeo ha establecido una nueva ley que permitirá a los Estados miembros prohibir los cultivos transgénicos en sus territorios nacionales. Se modifica así la posición acordada por el Consejo muy influenciada por la postura de Reino Unido favorable al cultivo de transgénicos. En España se cultiva la única variedad transgénica que se cultiva con fines comerciales en Europa, un tipo de maíz  denominado maíz MON 810, de la empresa Monsanto. España cultiva el 90% de la superficie transgénica en Europa. Es el primer productor de este tipo de maíz seguida por  Portugal, República Checa, Rumanía y Eslovaquia. Sin embargo otros Estados miembros como Austria, Alemania, Bulgaria, Grecia, Hungría, Italia, Luxemburgo o Polonia han adoptado medidas y han prohibido el cultivo del maíz modificado genéticamente MON 810 en sus territorios. La superficie cultivada aumenta pero la polémica sobre los transgénicos no disminuye. Los mismos científicos no se ponen de acuerdo por lo que no parece descabellado pensar que se debería aplicar el principio de precaución a la hora de autorizarlos. Uno de los grandes problemas de los transgénicos es que son resistentes a los herbicidas por lo que se incrementa la utilización de estos. La normativa europea establece que los Estados miembros deben tomar las medidas apropiadas para la protección del medio natural incluido el acuático del que se abastece el agua potable. Deben tener presentes los requisitos de higiene y salud pública y protección de la biodiversidad para lo cual un aumento en la utilización de herbicidas no parece muy acertado. Tampoco hay que olvidar que estos cultivos pueden reproducirse de forma que atraviesen fronteras y afecten a Estados que no quieren transgénicos. Por otra parte es muy significativo que los cultivos transgénicos vayan destinados en su mayoría a piensos para la alimentación animal. La normativa europea obliga al etiquetado. Obliga a las empresas a etiquetar y señalar aquellos productos que tengan en su composición más de un 0,9% de productos procedentes de organismos modificados genéticamente (OMG). Sin embargo la legislación no obliga a que se indique en los productos derivados de animales que han sido alimentados con piensos transgénicos. Los consumidores no estamos suficientemente informados y no podemos realizar un consumo consciente, crítico y responsable. Esto no permite a los consumidores tomar una decisión libre. Cuando hablamos de consumo responsable para una economía justa nos planteamos qué producir y cómo hacerlo. Para dar respuesta a estas preguntas tenemos que tener acceso a toda la información referente a los productos que compramos. Hay que exigir toda la información y no bajar la guardia. Aunque sólo se cultive un tipo de maíz transgénico hay una lista de 49 OMG autorizados en piensos o alimentos que son importados por los Estados miembros de la UE. En esta lista se incluyen veintisiete tipos de maíz, ocho de algodón, siete de soja, tres de colza, uno de remolacha azucarera, uno de patata y dos microorganismos. Este triunfo del Parlamento Europeo y la supuesta mayor libertad de los Estados puede ser una trampa. Hay organizaciones que ya nos alertan sobre la posible relajación por parte de los Estados a la aprobación de transgénicos a nivel europeo basada en esa supuesta libertad de actuación. Los Estados pueden relajarse y permitir una mayor autorización de transgénicos en Europa pues pueden posicionarse firmes al no cultivo en su territorio. No debemos olvidar por otra parte que se está negociando un tratado a espaldas de la ciudadanía, el TTIP, y no sabemos qué está negociando la UE con EEUU. Solo indicar que los Estados Unidos es el mayor productor de transgénicos a nivel mundial. La Comisión Europea podría pedir que se desbloqueen las autorizaciones que llevan años pendientes para los transgénicos, pidiendo a los países que voten a favor de esas autorizaciones de cultivos transgénicos ya que pueden prohibirlos en su territorio. Sin embargo se abriría la puerta a su posible importación. Nuestra salud y el medio ambiente merecen que sigamos alertas. Es importante educar al consumidor y que no se deje engañar por los posibles beneficios que las compañías que comercializan transgénicos difunden a bombo y platillo. Y lo más importante el consumidor tiene el derecho a estar informado y con toda la información en su mano decidir lo que compra.

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