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En un contexto internacional marcado por los conflictos armados, la crisis climática, las desigualdades y el retroceso de los derechos humanos, el Palacio Miramar de Donostia-San Sebastián acogió unas Jornadas de Cooperación organizadas por eLankidetza-Agencia Vasca de Cooperación y Solidaridad y la Coordinadora de ONGD de Euskadi. El encuentro, en el que participó Economistas sin Fronteras, permitió reflexionar sobre el presente y futuro de la cooperación descentralizada y su papel en la construcción de alternativas más justas y sostenibles.

La jornada empezó con una bienvenida y apertura del encuentro en el que, Nerea Uriarte, presidenta de la Coordinadora de ONGD de Euskadi, destacó el papel fundamental de las 85 organizaciones que integran la Coordinadora en la defensa de los derechos humanos y la conexión entre comunidades de diferentes territorios.
Puso de relieve que ellas eran quienes organizadas e inmersas en el tejido asociativo de Euskadi, conectando realidades y redes en ambos hemisferios, siempre en la lucha incansable por la defensa de los derechos humanos. También que eran quienes sufrían de primera mano los recortes en la política de cooperación y quienes ponían el cuerpo ante los ataques que recibían. Su personal en Euskadi y en terreno, profesionales y voluntarias han sido objeto de agresiones en los últimos tiempos. Desde aquí nuestra solidaridad.
Seguidamente, Javier Cortés, director de eLankidetza, planteó la necesidad de transformar el actual modelo de desarrollo, centrado principalmente en el crecimiento económico, hacia otro más sostenible, justo y respetuoso con las personas y el medioambiente. El estar organizando y participando en estas jornadas cree que es una buena práctica en sí misma, el tener espacios para contrastar, para dialogar, aposten conjuntamente, auto crear. Y además cree que al hacerlo en este contexto histórico, más que una buena idea, es algo fundamental, es algo necesario.
Ese concepto de momento histórico es algo que le gustaría también recuperar y que tengamos un poco en el marco de las jornadas, esa reflexión, entender que estamos dando estos debates en un contexto cambio, un momento realmente convulso y tener el concepto también que nos enfrentamos también a un desafío que es de modelo. Es un modelo que ha definido riqueza, una sola dimensión, dimensión económico financiera y ha dejado fuera dimensiones de la calidad como la social, la económica, la medioambiental, por la humana o la cultural.
A continuación se desarrollaron varias mesas de diálogo y contraste de opiniones en las que intervinieron tanto ponentes como público asistente:
Mesa-1 – Momento y contexto de la cooperación descentralizada
Esta primera mesa estuvo protagonizada por José Antonio Alonso, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, y Mary Tere Guzmán, representante de la Coordinadora de ONGD de Euskadi y directora ejecutiva de Alboan.

José Antonio Alonso explicó que la crisis de la cooperación no responde únicamente a los recortes presupuestarios o a los cambios políticos recientes. Sus raíces son más profundas: el mundo ha cambiado, pero el sistema internacional de ayuda no ha sabido adaptarse suficientemente. Durante décadas, la cooperación se basó en una relación desigual entre países donantes y receptores. Hoy, esta división resulta insuficiente. Los desafíos globales afectan a toda la humanidad y requieren relaciones más horizontales, donde todos los actores aporten conocimientos, experiencias y soluciones.
Alonso defendió un modelo de cooperación «compartido y diferenciado», capaz de integrar distintas formas de colaboración respetando sus particularidades. También destacó la importancia de situar a los territorios en el centro de las decisiones, porque es allí donde mejor pueden identificarse las necesidades, aprovecharse las capacidades locales y construirse alianzas duraderas.
Desde la experiencia de las organizaciones sociales, Mary Tere Guzmán recordó que la cooperación descentralizada ha conseguido convertir la solidaridad ciudadana en políticas públicas estables. En Euskadi, las ONG trabajan en cerca de 70 países y desarrollan iniciativas educativas en aproximadamente 90 municipios, habiendo colaborado con más de 550 centros educativos en los últimos años.
Estas cifras reflejan una trayectoria basada en la confianza, el acompañamiento y el compromiso con las comunidades. Pero Guzmán advirtió que los logros alcanzados no garantizan el futuro. Para seguir siendo transformadora, la cooperación debe afrontar desafíos fundamentales: denunciar las injusticias y, simultáneamente, mostrar alternativas; garantizar recursos suficientes y comunicar mejor sus resultados; conectar los problemas globales con las realidades locales; compartir decisiones y poder con las organizaciones del Sur; y defender principios sin renunciar al diálogo.
Ambos participantes coincidieron en que la cooperación descentralizada posee ventajas específicas frente a otros modelos: su proximidad a la ciudadanía, su conocimiento de los territorios y su capacidad para establecer relaciones de confianza. No obstante, se necesita instrumentos más flexibles, financiación estable y una participación verdaderamente protagonista de las comunidades locales. En Euskadi, la Ley de Cooperación y Solidaridad de 2024 representa una oportunidad para avanzar en esta dirección. Su aplicación efectiva, junto con el compromiso de destinar el 0,7 % de los recursos públicos a cooperación, constituye una reivindicación central del sector.
El mensaje final fue claro: cooperar ya no significa simplemente ayudar a quienes tienen menos, sino construir conjuntamente respuestas a problemas compartidos. En un mundo marcado por la incertidumbre y las desigualdades, fortalecer la cooperación desde los territorios significa también fortalecer la democracia, la solidaridad y la esperanza de un futuro más justo.
Mesa-2 – Un modelo consolidado, nuevos desafios
Ante el aumento de las desigualdades, los conflictos y el retroceso de derechos, la cooperación internacional afronta el desafío de reinventarse sin perder sus valores fundamentales. Esta fue la reflexión central de esta mesa redonda en la que participaron Nerea Basterra, de Oxfam Intermón; Natxo Rodríguez, director de Cohesión Social de la Diputación Foral de Bizkaia; y Tamara de Gracia, de Mugarik Gabe.

El encuentro puso en valor la trayectoria de la cooperación descentralizada, aquella que impulsan gobiernos autonómicos, diputaciones y ayuntamientos en colaboración con organizaciones sociales. Su principal fortaleza reside en la cercanía a los territorios, el conocimiento de sus realidades y las relaciones de confianza construidas durante décadas.
Cooperar significa mucho más que aportar recursos económicos. Como destacó Nerea Basterra, las grandes transformaciones sociales nacen cuando las comunidades se organizan para defender sus derechos y construir alternativas. Por ello, fortalecer la sociedad civil y mantener las alianzas internacionales resulta imprescindible, especialmente cuando los movimientos sociales y las personas defensoras de derechos humanos afrontan amenazas crecientes.
Desde la perspectiva institucional, Natxo Rodríguez defendió la necesidad de aprovechar mejor las capacidades existentes en cada territorio. Bizkaia, pese a su tamaño y sus recursos limitados frente a los grandes desafíos globales, puede contribuir mediante la implicación de universidades, empresas, administraciones y organizaciones sociales. La cooperación debe superar la lógica exclusivamente económica y convertirse en una política pública estable, capaz de movilizar conocimientos, experiencias y compromisos compartidos.
Por su parte, Tamara de Gracia planteó la necesidad de avanzar hacia una cooperación feminista, decolonial y antirracista, que no se limite a financiar proyectos, sino que contribuya a transformar las estructuras que generan desigualdad. Esto implica reconocer a las organizaciones y movimientos sociales de otros territorios como protagonistas de sus propios procesos, respetando su autonomía y sus prioridades, en lugar de imponer soluciones diseñadas desde los países financiadores.
Otro de los asuntos centrales fue la necesidad de simplificar los procedimientos administrativos. Las participantes señalaron que las exigencias burocráticas consumen tiempo y recursos que podrían destinarse al trabajo comunitario. Sin renunciar a la transparencia y la rendición de cuentas, reclamaron instrumentos más flexibles, adaptados a contextos cambiantes y capaces de sostener procesos transformadores a largo plazo. El debate también abordó la coherencia de las políticas públicas. No basta con defender los derechos humanos mediante programas de cooperación si otras decisiones económicas, comerciales o institucionales contribuyen a vulnerarlos. Las políticas de solidaridad deben estar conectadas con las de igualdad, sostenibilidad, empleo o promoción económica.
Asimismo, se reivindicó la educación para la transformación social como herramienta fundamental para construir una ciudadanía crítica, consciente de que nuestras decisiones cotidianas tienen consecuencias globales. Las migraciones, el consumo, la crisis ambiental y las desigualdades demuestran que los problemas de otros territorios también están relacionados con nuestra realidad.
Las intervenciones del público reforzaron la importancia de proteger la autonomía de las organizaciones sociales, garantizar la participación de las entidades del Sur global en las decisiones y defender la legitimidad de la cooperación frente a los discursos que cuestionan su utilidad. La mesa concluyó con un mensaje compartido de compromiso y esperanza: la cooperación descentralizada tiene futuro si consigue renovar sus herramientas, fortalecer las alianzas y mantener a las personas y sus derechos en el centro.
MESA 3 · Espacio cívico y acción humanitaria
¿Cómo garantizar la protección de las personas cuando aumentan las necesidades, disminuyen los recursos y se debilita el respeto a los derechos humanos?
Estas cuestiones centraron la mesa redonda Espacio cívico y acción humanitaria, en la que participaron Cristina Churruca, del Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe de la Universidad de Deusto, y Carlos Pérez de Armiño, investigador especializado en acción humanitaria, conflictos y seguridad.

Cristina Churruca recordó que la solidaridad internacional no es una cuestión de caridad, sino de dignidad, igualdad y derechos. Alertó sobre el aumento de los conflictos, las dificultades para hacer llegar ayuda a las poblaciones afectadas y las crecientes restricciones que sufren las organizaciones humanitarias.>>Especial preocupación mostró por la reducción del espacio cívico, entendido como la libertad de las personas y organizaciones para participar, expresarse y defender sus derechos. También advirtió del riesgo de criminalizar la solidaridad y limitar la independencia de las organizaciones, especialmente en el ámbito migratorio.
Por su parte, Carlos Pérez de Armiño analizó cómo las rivalidades entre potencias, el debilitamiento de las instituciones internacionales y la creciente impunidad ante las violaciones de derechos humanos están transformando la respuesta a las crisis. Señaló que la paz no puede reducirse al fin de la violencia, sino que debe abordar las causas de los conflictos, garantizar los derechos humanos y promover la justicia.
En este escenario, la cooperación descentralizada, especialmente desde Euskadi, puede desempeñar un papel fundamental apoyando a la sociedad civil, defendiendo los espacios de participación y promoviendo respuestas basadas en los derechos humanos.
La reflexión final dejó un mensaje claro: la acción humanitaria no consiste únicamente en aliviar el sufrimiento, sino también en proteger la dignidad de las personas, defender sus derechos y evitar que la injusticia y la deshumanización se conviertan en algo normal.
MESA-4 Agenda internacional y arquitectura multilateral
La cooperación internacional está viviendo una transformación importante: los territorios están ganando protagonismo en la búsqueda de soluciones a los grandes desafíos globales. Esta fue una de las principales conclusiones de la mesa dedicada a la agenda internacional y la arquitectura multilateral.
Arantza Acha, de UN Etxea, destacó que Naciones Unidas reconoce cada vez más el papel de los territorios en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). No se trata únicamente de actuar desde los gobiernos locales, sino de impulsar alianzas entre instituciones, organizaciones sociales, empresas y ciudadanía. Para ello, resulta fundamental recuperar la participación ciudadana mediante propuestas cercanas, creativas e ilusionantes.
Por su parte, Aitor Pérez, de ECOPER, presentó las conclusiones de un informe de la OCDE que confirma el crecimiento y la relevancia de la cooperación descentralizada. Su valor no reside solamente en la financiación, sino también en el intercambio de conocimientos, el fortalecimiento institucional y el aprendizaje mutuo. Euskadi destaca internacionalmente en este ámbito, aunque persiste el desafío de adaptar los instrumentos de cooperación a una perspectiva verdaderamente territorial.
Javier Cortés, director de eLankidetza, subrayó que los problemas actuales —desde las desigualdades hasta la crisis ambiental— están interconectados y requieren respuestas colectivas. Defendió un modelo de desarrollo que integre las dimensiones económica, social, cultural y ambiental, con una ciudadanía activa y unas instituciones capaces de colaborar e innovar.
La reflexión compartida apunta hacia una cooperación más horizontal, basada en la confianza, la corresponsabilidad y las alianzas entre territorios. Transformar el mundo exige comenzar por las realidades cercanas, conectando las iniciativas locales con los compromisos globales para avanzar hacia un desarrollo humano más justo y sostenible.
El futuro de la cooperación empieza también aquí
A lo largo de las jornadas surgió una preocupación compartida: cómo lograr que la ciudadanía vuelva a sentir la cooperación internacional como algo propio. Más allá de cifras y proyectos, resulta imprescindible contar historias de transformación, conectar realidades y explicar por qué lo que sucede en otros lugares también nos afecta.
La cooperación está presente en nuestra vida cotidiana: en lo que consumimos, en las condiciones laborales y en las políticas que defendemos. Por ello, la educación para la transformación social, la participación ciudadana y la comunicación son herramientas fundamentales.
El encuentro concluyó con desafíos pendientes: garantizar una financiación estable, avanzar hacia el 0,7%, aplicar la Ley de Cooperación y Solidaridad de Euskadi y reforzar el protagonismo de las organizaciones y comunidades locales.
Pero dejó, sobre todo, una convicción: cooperar no consiste únicamente en paliar las desigualdades, sino en contribuir a transformar las estructuras que las generan.
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