Cuando la economía se mira desde las desigualdades

El pasado 17 de octubre, en la Facultad de Derecho de la UPV/EHU en Donostia, el alumnado de primero dejó a un lado por un día las fórmulas y teorías para adentrarse en un debate sobre desigualdades. La sesión llevaba por título “Disparidades económicas”, y la impartía Economistas sin Fronteras (EsF).

Todo empezó con una pregunta simple: ¿Qué esperáis aprender hoy cuando hablamos de economía y del sistema en el que vivimos? La respuesta fue un debate vivo, lleno de ejemplos personales y reflexiones sinceras. Pronto quedó claro que hablar de disparidades económicas no era una cuestión abstracta, sino algo que atraviesa la vida diaria: desde el acceso a una vivienda o una educación digna, hasta la brecha digital o los cuidados que sostienen el día a día y casi nunca se valoran.

Una economía que deja demasiada gente atrás

La sesión comenzó repasando cómo hemos llegado hasta aquí. Desde el capitalismo liberal del siglo XIX, pasando por la etapa keynesiana del bienestar, hasta el neoliberalismo financiero y digital que domina hoy. “Vivimos en un sistema que busca el crecimiento económico ilimitado en un planeta con recursos limitados”, se escuchó en el aula. Una frase que provocó más de una ceja levantada.

Los datos hablan por sí solos: el 1% más rico del planeta acumula tanta riqueza como el 99% restante. En América Latina, África o el Caribe, 252 hombres poseen más que mil millones de mujeres y niñas. La desigualdad no es una anécdota, sino una estructura que atraviesa la economía global.

Las causas, explicaron desde EsF, son múltiples: el legado del colonialismo, los sistemas fiscales injustos, la precariedad laboral, la brecha digital y la débil protección social. Todo ello configura un mapa desigual donde las oportunidades no se reparten de forma equitativa. “Cuando hablamos de disparidades, hablamos también de colonialismo, de educación desigual, de brecha digital, de la invisibilización de los cuidados”, apuntaron las formadoras.


Más allá del PIB: la vida como medida del bienestar

Uno de los momentos más interesantes llegó cuando se cuestionó el indicador estrella de la economía: el Producto Interior Bruto (PIB). ¿Realmente mide el bienestar de un país?

El debate se animó rápido. “El PIB puede crecer aunque crezcan la pobreza y la contaminación”, recordaron. El indicador no considera la desigualdad, ni la salud, ni la calidad de vida, ni el trabajo doméstico no remunerado, ese que sostiene la vida cotidiana pero que no entra en las estadísticas.

Fue entonces cuando apareció el concepto de la Economía de los Cuidados, que reconoce la importancia del trabajo reproductivo —mayoritariamente realizado por mujeres— como una pieza fundamental del sistema económico. Sin cuidados, no hay fuerza laboral que sostenga la producción; sin vida, no hay economía posible.


Del diagnóstico a la alternativa: la Economía Social y Solidaria

La formación no se quedó en la crítica. También abrió la puerta a las alternativas. Y ahí entró en escena la Economía Social y Solidaria (ESS), un modelo que propone poner en el centro la sostenibilidad de la vida y no la maximización del beneficio.

“Frente al individualismo y la competencia del capitalismo, la ESS propone cooperación, honestidad, sostenibilidad y justicia social”, explicaron las ponentes.

A través de ejemplos como La Fageda, una cooperativa catalana que combina inserción social y producción láctea, o Fiare Banca Ética, que financia proyectos con criterios éticos, se mostró que otro modelo económico no solo es posible, sino que ya está en marcha.

También se compartieron recursos prácticos, como los mapas del Mercado Social, Batura o Saretuz, donde se pueden localizar empresas, cooperativas y entidades que forman parte de esta red alternativa de producción y consumo responsable.


Repensar la economía desde la universidad

El ambiente en el aula reflejaba curiosidad y también sorpresa. “Nunca había pensado que el PIB no cuenta el trabajo en casa”, comentaba una estudiante al final de la sesión. Otro añadía: “Nos enseñan economía como si fuera una ciencia exacta, pero en realidad tiene mucho de política, de decisiones sobre qué y a quién queremos beneficiar”.

Y es que esa es precisamente la misión de Economistas sin Fronteras: promover pensamiento crítico y ciudadanía ética, tender puentes entre teoría y práctica, y acercar la economía a la vida cotidiana.

Como recordaron, “la economía no es neutra: está al servicio de unos intereses u otros”. Por eso resulta fundamental que los futuros profesionales del Derecho —que también legislarán y aplicarán políticas económicas— comprendan la dimensión social, ambiental y ética de las decisiones económicas.


Una semilla para el cambio

La jornada concluyó con una invitación abierta: seguir cuestionando, seguir aprendiendo, seguir buscando alternativas que pongan la vida en el centro. Porque, como remarcan desde EsF, “no se trata solo de entender las disparidades, sino de transformarlas”.

Al despedirse, el aula quedó con la sensación de que algo se había movido. Tal vez no se trataba solo de una formación, sino del comienzo de una mirada diferente sobre la economía. Una mirada más humana, más crítica, más solidaria.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.