Cuando la energía se convierte en asignatura

En el curso 2025-2026 un grupo de estudiantes de Formación Profesional vivirá una experiencia poco común: levantar, desde cero, su propia comunidad energética. No será un simulacro al uso, sino un reto educativo que combina teoría, práctica y un objetivo de fondo muy claro: demostrar que la transición energética también se aprende en las aulas.


La propuesta, impulsada por Goiener y Economistas sin Fronteras, se enmarca en la asignatura de Sostenibilidad y busca que jóvenes de distintos ciclos colaboren para dar forma a un proyecto conjunto. Durante un cuatrimestre, el estudiantado se convertirá en algo más que un conjunto de personas en formación: serán técnicos, gestores, emprendedores y, sobre todo, protagonistas de un cambio que hasta ahora parecía reservado a grandes empresas.


Una aventura colectiva

El proyecto está pensado para que los equipos se organicen de manera mixta. Se trabajará con diferentes departamentos y  cada departamento aportará conocimientos de su disciplina: energías renovables, eficiencia energética, montaje de placas solares.

El resultado será una comunidad energética en miniatura, con todo lo que ello implica: decisiones compartidas, planificación de recursos, cálculos económicos, instalación de equipos. Cada paso cuenta, desde imaginar el diseño hasta defenderlo públicamente como si se tratara de un proyecto real.

La metodología rompe con la rutina habitual. Aquí no hay exámenes tipo test ni trabajos entregados al final del trimestre. La evaluación será la propia comunidad que construyan colectivamente.


El escenario: CIFP Txurdinaga LHII

El proyecto piloto se desarrollará en el CIFP Txurdinaga LHII, un Centro Integrado de Formación Profesional ubicado en el barrio bilbaíno de Txurdinaga. Este centro ofrece una amplia variedad de ciclos formativos de grado medio y superior en familias profesionales como Informática y Comunicaciones, Comercio y Marketing, y Energía y Agua.

Su carácter multidisciplinar lo convierte en un lugar idóneo para poner en marcha un proyecto de estas características, ya que permite reunir a personas de distintos ámbitos y fomentar la colaboración real entre disciplinas. En Txurdinaga, la energía dejará de ser solo un tema de clase para convertirse en un reto compartido.


Aliados en el camino

Para que nadie se pierda en este terreno novedoso, el estudiantado contará con el acompañamiento de Goiener, cooperativa especializada en energía renovable, que organizará talleres y sesiones prácticas. Su papel será aportar la experiencia de quienes ya llevan años ayudando a crear comunidades energéticas reales.

Al mismo tiempo, Economistas sin Fronteras actuará como el engranaje que conecta a Goiener con el centro educativo. Su labor será asegurar que el proyecto se adapte a los objetivos pedagógicos, organizar sesiones formativas sobre los aspectos económicos y sociales de la energía y coordinar a los diferentes actores.

El resultado es una alianza que convierte un reto educativo en una experiencia completa, donde las personas que cursan FP se mueven entre la técnica, la gestión y la reflexión sobre el papel de la ciudadanía en la transición energética.


Aprender desde la práctica

La estructura del curso contempla cuatro módulos formativos. El primero introduce a las personas participantes en el mundo de las comunidades energéticas y sus beneficios sociales, económicos y ambientales. El segundo se adentra en la estructura jurídica, explicando qué requisitos legales se necesitan para constituir una comunidad. El tercero aborda la facturación y el mercado eléctrico, clave para entender la viabilidad del proyecto. Y el último culmina en la presentación final, donde los equipos mostrarán lo aprendido con propuestas concretas.

Cada sesión será una pieza del puzle, hasta que el conjunto tome forma. El aprendizaje no se limita a acumular conocimientos, sino que pasa por ponerlos en práctica, enfrentarse a problemas reales y buscar soluciones colectivas.


De la crisis ecológica al aula

La esencia de este proyecto reside en mostrar que la transición energética no es un concepto abstracto, sino una necesidad que toca a la vida cotidiana. El estudiantado comprenderá que la crisis ecológica no solo se estudia en gráficos o estadísticas, sino que exige decisiones concretas.

La idea es que descubran cómo la sostenibilidad atraviesa todos los ámbitos profesionales: desde quienes montan paneles solares hasta quienes calculan un presupuesto o diseñan la estructura legal de una cooperativa. El ejercicio sirve tanto para concienciar como para empoderar a las personas jóvenes, invitándolas a verse como actores de un futuro diferente..


Una pequeña revolución pedagógica

Lo que convierte a este reto en especial es su manera de replantear la educación. El aula deja de ser un espacio cerrado para convertirse en un laboratorio de cambio social. El estudiantado deja de ser un receptor pasivo y se transforma en creador activo de soluciones.

En esa dinámica, surgen habilidades difíciles de entrenar con un libro: trabajar en equipo, negociar, tomar decisiones, aceptar responsabilidades y convivir con la incertidumbre de un proyecto real. Todo ello con un ingrediente extra: la convicción de que lo que se hace importa más allá de la nota final.


El eco de la transición energética

En Europa y en España las comunidades energéticas se están consolidando como una herramienta fundamental para democratizar la energía. Permiten que barrios, pueblos o asociaciones produzcan y gestionen su propia electricidad renovable, reduciendo la dependencia de las grandes compañías y generando beneficios sociales.

Que esta idea se traslade ahora a centros educativos como el CIFP Txurdinaga LHII no es casualidad. Se trata de sembrar desde temprano la semilla de un modelo energético más justo y participativo. Las personas que hoy estudian no solo serán profesionales competentes, también ciudadanos y ciudadanas con conciencia de la importancia de la energía en la vida colectiva.


Un ensayo de futuro

Es posible que dentro de unos años, quienes participen en este proyecto lo recuerden como la primera vez que sintieron que podían cambiar las cosas. Tal vez alguien de ellos diseñe un sistema de autoconsumo compartido en su barrio, o se dedique a impulsar comunidades energéticas en zonas rurales.

Lo cierto es que este reto va mucho más allá de una práctica académica: es un ensayo de futuro. Un ensayo donde se entrena la cooperación, la creatividad y la responsabilidad, tres valores imprescindibles para afrontar los desafíos que vienen.


El proyecto piloto de comunidades energéticas en Formación Profesional es, en sí mismo, una lección de vida. Enseña que el conocimiento cobra sentido cuando se comparte, que la energía puede estar al servicio de la comunidad y que la educación no solo forma profesionales, sino también personas capaces de imaginar y construir un mundo más justo y sostenible.

Una chispa encendida en Txurdinaga que, con suerte, puede iluminar mucho más allá de las paredes del centro

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