Dibujar futuros posibles: lo que Enara aprendió en EsF

“Esto lo he hecho yo”. Esa frase, tan sencilla, tan poderosa, resume bien lo que ha significado para Enara su paso por Economistas sin Fronteras (EsF). Estudiante de segundo de Formación Profesional en el ámbito de los entornos interactivos en Harrobia Ikastola, Enara ha vivido su primera experiencia de prácticas en un contexto laboral real en las oficinas de EsF en Bilbao, en pleno barrio de San Francisco. Y lo ha hecho dejando huella.

Lo que parecía en un principio una asignación más —unas prácticas obligatorias, como las que hace todo el mundo— se transformó rápidamente en algo mucho más interesante: el encargo de desarrollar, casi desde cero, un videojuego educativo. ¿El objetivo? Crear una herramienta para ayudar al profesorado a trabajar diferentes temas sociales con el alumnado. Un juego que permita ponerse en los zapatos de otras personas, debatir, reflexionar, y en definitiva, tomar conciencia.

Y ahí estaba Enara, manos a la obra. Dibujar escenas, diseñar mecánicas de juego, programar elementos interactivos… todo con un enfoque 2D, que aunque distinto de su experiencia habitual con modelado 3D, supuso para ella un auténtico terreno de aprendizaje.

“Yo en clase hago más 3D, modelo casas, objetos… pero esto ha sido diferente. Y aunque me he dado cuenta de que me gusta más el 3D, aquí he aprendido un montón de cosas nuevas”, cuenta. Técnicas de dibujo que no conocía, atajos de trabajo que aceleran procesos, y sobre todo, esa sensación de estar creando algo propio, útil y con sentido.

Enara no llegó a EsF por casualidad. Fue a través de sus profesores, que conocían a la organización y vieron la oportunidad de encajar perfiles técnicos como el suyo en proyectos con enfoque social. Y aunque al principio no sabía muy bien qué esperar, pronto descubrió que el ambiente era especial.

“Es diferente al aula. Aquí estás más concentrada, no tienes los estímulos constantes de los compañeros. Te dan una tarea y te motivas porque sabes que lo que haces sirve para algo”, explica. Ese cambio de ritmo, ese espacio más autónomo y enfocado, fue una de las cosas que más le sorprendió y valoró.

Pero quizás lo más importante de toda la experiencia fue la posibilidad de sentirse parte del proceso creativo, desde el inicio hasta el final. “No solo dibujaba escenas, también diseñaba la jugabilidad, pensaba en cómo funcionaría el juego, en cómo iba a interactuar el usuario. Era mi proyecto”. Enara no fue una ejecutora, sino una autora.

Y esa autoría se materializará en septiembre, cuando el juego se estrene oficialmente como material docente. No estará colgado en la red, sino que se distribuirá en formato físico, en pendrive, para que lo utilicen directamente los centros que participen. “Cuando lo vea en uso, pensaré: eso lo hice yo. Es muy gratificante”.

Este paso por EsF también le ha servido para afinar su brújula profesional. Aunque aún le queda un año más de estudios, Enara ya se imagina trabajando en una empresa de publicidad o en el mundo de la arquitectura, diseñando entornos en 3D que puedan visualizarse con realidad virtual. “Me muevo mejor en 3D. Me gusta más. Pero esta experiencia me ha ayudado a reafirmarme en lo que quiero hacer, y eso también es importante”.

Desde Economistas sin Fronteras, la acogida de Enara no ha sido una excepción. En los últimos años, la organización ha apostado por integrar perfiles técnicos y creativos en sus proyectos, convencida de que la transformación social también necesita de lenguajes visuales, interactivos y digitales. Y el resultado salta a la vista.

Para quienes piensan que una ONG solo ofrece prácticas “blandas” o centradas en lo social desde un punto de vista más teórico, experiencias como la de Enara rompen ese estereotipo. Aquí se trabaja, y mucho. Pero se trabaja con sentido. Y eso deja huella.

¿Recomendaría Enara esta experiencia a sus compañeros? No lo duda. “Sí, claro. Porque no es solo aprender. Es hacer algo de verdad. Es poder decir: esto que ves aquí, lo hice yo”.

Y eso, en una primera experiencia profesional, es simplemente impagable.

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