Economía circular: ¿Un plan a corto plazo?

Daniel Ortega

El pasado 19 de abril tuvo lugar en el Palacio Kursaal de Donosti el evento “Circular thinking: Euskadi, hacia la economía circular”. El consejero y la viceconsejera del departamento de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda del Gobierno Vasco, junto con IHOBE (Sociedad Pública de Gestión Ambiental del Gobierno Vasco, presentaron los informes Diagnóstico Economía Circular en la Industria del País Vasco y Plan de Prevención y Gestión de Residuos de la CAPV 2020.

 

El 22 de enero de 2015, la UE -de la mano del Vicepresidente primero de la Comisión Europea, Frans Timmermans, responsable para el desarrollo sostenible- presentó el Plan de acción en materia de economía circular, marcando los objetivos para 2030. En él, se establecen las bases para abrir oportunidades de negocio, instrumentos sectoriales e incentivos para conseguir adaptar los ciclos de vida útil, instaurando medidas que permitan modificar los patrones de corte despilfarrador de consumo, producción y eficiencia. Entre otros objetivos, se establecen tasas de reciclaje del 65% para residuos urbanos, 75% para envases y un umbral máximo para desechos con final en vertedero del 10%.

 

Este plan de acción presenta las intenciones de la UE de adaptarse a un mundo en el que la creciente escasez de recursos, cambio climático, pérdida de biodiversidad y hábitats, angustiante competitividad global, crisis migratorias y conflictos violentos y no violentos, marcan el día a día de los habitantes de nuestro planeta. Pero de intenciones no se vive, y al igual que en otros temas tan importantes e ignorados, como la gestión de la “crisis migratoria” de la población afgana, siria, albanesa…que abandonan sus países por necesidad para venir a “disfrutar” de esta utopía que componemos los países del Norte. Se les oye hablar a diferentes políticos de todos los niveles cómo se está haciendo todo lo humanamente posible por acoger a todos estos refugiados y refugiadas, al mismo tiempo que bombardean o permiten las ventas de armas a estos mismos países. Estas son grandes falacias que oímos a diario, en las que las políticas de doble rasero de la UE saltan a la vista, como una inmigrante salta al mediterráneo para cruzar en cayuco el estrecho mirando hacia Ceuta de reojo por si tiene que esquivar las balas de goma de un Guardia Civil.

 

En el ámbito del medio ambiente ocurre igual, se pone en marcha un plan para cambiar el modelo hacia la eficiencia de recursos, pero este mismo llega con trabas. La falta de compromiso, ambición y obligatoriedad para los estados, regiones y municipios es evidente. Parece que las autoridades europeas y nacionales no acaban de interiorizar la dimensión real de la problemática tan severa que se nos viene encima. Como consecuencia de esta falta de concienciación, se introducen medidas descafeinadas destinadas a frenar la indignación social, que no tienen impacto real sobre el medio ambiente.

 

En diciembre de 2015, la UE introdujo una modificación al paquete original de objetivos de economía circular para 2030. Con ella, se reducían los porcentajes de reciclaje y preparación para reutilización del 70 al 65%, se eliminaba la reducción del desperdicio alimentario del 30%, además de omitir la eliminación o reconversión de los envases plásticos de un solo uso o la obligación de separar la fracción orgánica de los residuos en origen.

 

El reducir los objetivos conlleva sin duda que una mayor cantidad de materiales acaben en vertederos o incinerados. La estrategia de Residuos Cero tan necesaria para la mejora de nuestro entorno, no parece que vaya a cumplimentarse, al menos, a medio plazo. La falta de coordinación con las autoridades locales y regionales, sumada a el carácter no vinculante de los objetivos, convierte a este paquete en otra cara bonita con pies de plomo.

 

El sistema económico actual produce desechos y residuos a un ritmo insostenible, mientras que la propuesta de economía circular sólo funciona cuando actuamos junto con el ecosistema y no a su costa. Ninguna especie puede cerrar los ciclos por sí sola. Tampoco los seres humanos. Se deben realentizar los ritmos de producción y adaptarlos a las capacidades de los sistemas de sumideros existentes en la naturaleza (ciclos naturales de carbono, descomposición, nitrógeno, CO2, vapor de agua…).

 

Este nuevo sistema productivo pretende reconstruir el capital, ya sea industrial, humano, social o natural, de una forma en la que los sistemas de elaboración de bienes y servicios estén entrelazados. Este proceso es similar a la cadena alimentaria del mundo animal, en la que todos los organismos del sistema están interrelacionados y dependen el uno del otro. De esta forma, el ser vivo más pequeño acaba alimentando al más grande, como el plancton a la ballena. Una cadena con un sistema económico semejante necesita de diagramas de flujos de recursos entrantes y salientes, el denominado “Material flow analysis”.

Fuente: Ellen Macarthur Foundation

 

Según explicaron representantes del Gobierno Vasco en la conferencia sobre Circular Thinking, Euskadi ha sido la primera región europea en diseñar un plan propio para la implantación de la economía circular adaptado a su situación específica, basándose en el paquete europeo. Asimismo, prepararon el Diagnóstico de Economía Cicular con la metodologia propuesta por Europa, y elaboraron un Plan de Gestion de Residuos. Ahora, lanzan el proceso participativo para el Diseño de la Estrategia de Economia Circular del Pais Vasco 2030 “Circular Thinking”. En el evento se subrayó, en numerosas ocasiones, la particularidad vasca en el sector industrial: su peso relevante en el grueso de la economía regional (19’2% del empleo y un 24% del PIB) y un clima  favorable de cooperación público-privada. Sin estas condiciones, y la inversión pública del gobierno vasco a través de IHOBE para el diseño de estos planes, el sector industrial vasco no diferiría de muchos otros.

 

Los ejes centrales de este plan son la gestión de residuos de origen urbano y de actividades económicas, principalmente industriales, y el tránsito de una industria basada en la importación de recursos (un 76% sobre el total de inputs) y depósito de desechos en vertederos, a una basada en la reutilización, la reparación y la innovación en los ciclos de vida útil de sus productos, con la consiguiente reducción de necesidades materiales y dependencia exterior.


Sin embargo, este plan carece de la transversalidad multisector imprescindible para dar un gran paso armstrongiano hacia adelante. Se centra en la industria, dejando al sector agroalimentario y los terciarios -sobre todo, hostelería, comercios y transportes- al margen.  Y es que, todas las ramas de la actividad económica necesitan un plan coordinado con apoyo de las instituciones públicas para el avance hacia una economía circular real.

http://youtu.be/fa97fD-zfxE

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