El salón de actos de la Facultad de Economía de Donostia se llenó a media mañana con estudiantes, profesorado y público diverso que esperaban el comienzo del encuentro: “Economía justa desde las iniciativas comunitarias”, organizado por Economistas sin Fronteras Euskadi (EsF) y SETEM Hego Haizea.
En esta ocasión las invitadas eran dos integrantes de AFEDES, Asociación Femenina para el Desarrollo de Sacatepéquez, un colectivo maya que desde hace más de treinta años impulsa en Guatemala procesos de autonomía económica y comunitaria.

Mirene Begiristain, de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), abrió la sesión comentando que antes de empezar con la ponencia de AFEDES, se iban a presentar dos organizaciones que trabajan en Euskadi en este ecosistema de la economía social y solidaria. Así empezó Amaia, de SETEM Hego Haizea, que explicó cómo su organización promueve el consumo responsable y la economía social desde una perspectiva feminista. Y Ernesto, de Economistas sin Fronteras, quien recordó que encuentros como éste, permiten conectar la teoría económica con la práctica social: “Emprender también puede significar cuidar la vida”, afirmó.
A continuación Mirene propuso un diálogo en torno a tres temas: la presentación de la organización invitada hoy, su historia, valores y forma de trabajo; un segundo el emprendimiento y los procesos que dan forma a sus proyectos; y un tercero abordar el ámbito de la comercialización, que era relevante para el alumnado de segundo curso de Dirección y Administración de Empresas, hoy presente en la sala, invitando a los y las estudiantes a participar con preguntas y comentarios.
Hermelinda Chocsin: construir autonomía desde la memoria
“Soy Hermelinda Chocsin, mujer maya kaqchikel de Santiago Sacatepéquez, Guatemala.” Con esa presentación comenzó su intervención. En su relato se entrelazaban historia y práctica económica.
Recordó los años ochenta, cuando la agricultura local sustentaba la economía familiar. Los hombres tomaban las decisiones y administraban los recursos, mientras las mujeres quedaban relegadas al trabajo doméstico. Frente a esa situación, algunas comenzaron a reunirse para abordar la desnutrición y el analfabetismo. De aquellas reuniones surgió AFEDES, que en 1994 se consolidó como una organización de mujeres orientada a fortalecer su autonomía económica y social.
Con pequeños créditos comunitarios, las socias impulsaron actividades productivas: cría de animales, cultivo de hortalizas y elaboración de tejidos. “Aprendimos a administrar y a hacer rendir lo que teníamos”, dijo Hermelinda. Durante un tiempo, los resultados fueron positivos y varias familias pudieron mejorar su situación.
La estabilidad, sin embargo, duró poco. Las grandes empresas redujeron precios para eliminar la competencia local. “Producíamos con calidad, pero no podíamos competir con ese poder”, explicó. En poco tiempo, las deudas crecieron y los proyectos se debilitaron. “El capitalismo no lo aprendimos en la universidad —añadió—. Lo vivimos cuando destruye nuestras economías y comunidades.”
Esa experiencia llevó a AFEDES a replantearse su trabajo. Comprendieron que no bastaba con producir: era necesario preguntarse para qué y para quién.
La reflexión colectiva condujo a recuperar la cosmovisión maya, que entiende la vida como una red en la que todo está conectado. “La tierra es nuestra madre; las montañas, nuestras hermanas. Todo tiene vida”, explicó Hermelinda. “No somos el centro, somos una parte más. Si desaparece el agua, desaparece la vida. Si desaparece la humanidad, la vida continúa. Nuestro deber es cuidar, no destruir.”
Esa mirada redefinió la economía dentro de la organización. La sostenibilidad dejó de ser un objetivo externo y pasó a ser un principio interno: cada decisión debía respetar el equilibrio con la naturaleza y con la comunidad.
“Saqär”: un amanecer de conciencia
La segunda intervención, a cargo de Adelaida Pérez, comenzó con un saludo en kaqchikel: “Saqär”, que significa “ya salió el sol”. Con ese gesto, propuso mirar la economía desde lo cotidiano.
Pidió al público escribir una lista de los productos que usa cada día y marcar aquellos cuyo origen conoce. El resultado fue claro: la mayoría apenas reconocía una cuarta parte. “Vivimos desconectados de los procesos que sostienen la vida”, señaló. “No sabemos quién produce lo que consumimos ni en qué condiciones.”

Desde esa constatación, explicó el trabajo de AFEDES en tres ámbitos: soberanía alimentaria, medicina ancestral e indumentaria maya. Antes de iniciar un proyecto, las mujeres evalúan si afecta al agua, a las semillas o a los bosques. “Si algo daña la naturaleza, no lo hacemos”, resumió.
En los patios de sus casas mantienen huertos agroecológicos donde cultivan maíz, frijol y plantas medicinales. Los animales forman parte del ecosistema doméstico. “Vender una gallina puede resolver una urgencia, pero también hay que cuidarla. La vida no es mercancía”, explicó.
Adelaida describió la cocina como un espacio político. Allí se conversa, se transmiten saberes y se toman decisiones. En las escuelas agroecológicas de AFEDES, niñas y niños aprenden a sembrar y a cocinar. “Cuando un niño ve a un hombre cocinando, empieza el cambio”, dijo.
El arte textil constituye otro ámbito de acción. Cada huipil —la prenda tradicional— narra la historia y el entorno de quien lo teje. Ante la apropiación cultural de estos diseños, AFEDES impulsó el Movimiento Nacional de Tejedoras, que agrupa a 25 consejos comunitarios para defender los derechos colectivos sobre sus creaciones. “El huipil no es una prenda de vestir. Es herencia y memoria”, afirmó Adelaida.
Aprender entre territorios
Mirene Begiristain retomó la palabra para subrayar el valor de los testimonios compartidos. “Habéis puesto sobre la mesa elementos esenciales para comprender qué sostiene la vida”, señaló. Destacó que los desafíos globales —el cambio climático, la desigualdad, el acceso a recursos básicos— tienen consecuencias directas sobre las economías locales y, por tanto, sobre las formas de convivencia.

En el debate posterior, Jesús Ochoa, de Economistas sin Fronteras, planteó una reflexión general: “Vivimos en una nube. Poner la vida en el centro suena bien, pero hacerlo en esta sociedad es muy difícil.” Su comentario resumió una sensación común entre las personas asistentes: el reto no consiste solo en cambiar modelos productivos, sino en revisar los valores que los sostienen.
Relevo generacional y transmisión de saberes
Uno de los temas que surgió en el diálogo fue el relevo generacional en las iniciativas comunitarias. Begiristain preguntó cómo lo afrontan en su territorio. Adelaida respondió que “No puedes defender lo que no conoces”, explicando que en las comunidades indígenas el aprendizaje intergeneracional es una forma de resistencia.
Aunque muchas personas jóvenes ya no hablan las lenguas originarias, conservan la esencia de su cultura a través de la indumentaria, la relación con la tierra y los intercambios entre generaciones. “Los niños aprenden a tejer, a sembrar y a reconocer los alimentos desde casa”, explicó.
Hermelinda añadió que la memoria es la base de la conciencia social. “Los derechos no fueron regalos, fueron conquistas colectivas. Quien no conoce la historia está condenado a repetirla.” En su opinión, cada paso que da una mujer abre camino para otras: “Mi paso ayuda a otras jóvenes; esa es mi responsabilidad.”
Universidad, comunidad y cooperación
El cierre del encuentro estuvo a cargo de Julen Izaguirre, coordinador del Aula de Economía Social y Solidaria de la UPV/EHU. Agradeció la presencia de las representantes de AFEDES y explicó que el aula busca acercar al alumnado a proyectos de economía social y solidaria. “Estos testimonios muestran que la economía se aprende también fuera de los libros”, afirmó.

Durante el acto se presentaron los trabajos de investigación realizados por estudiantes sobre cooperativismo y emprendimiento social. La autora del trabajo premiado Leire Marticorena beneficiaria de la beca IKASI, destacó el valor de la experiencia: “Aprendí sobre el cooperativismo, pero sobre todo comprendí la importancia del trabajo colectivo y del aprendizaje compartido.”
Una economía que cuida
Al final de la jornada, el ambiente era de atención y respeto. Las intervenciones de las mujeres mayas habían puesto en primer plano una idea sencilla: la economía no puede separarse de la vida.
Hermelinda cerró el encuentro con una frase que resumía el espíritu de AFEDES: “El cambio comienza cuando hablamos y nos escuchamos. Frente al individualismo, necesitamos construir desde lo común.”
El público respondió con un aplauso prolongado. En aquel momento, las voces de Guatemala y Euskadi parecían unirse en una misma reflexión: la economía no es solo producción o consumo, sino una forma de organizar los cuidados, los vínculos y el futuro.
Porque, como mostraron las mujeres de AFEDES, otra economía no es una utopía lejana, sino una práctica que se construye cada día desde la comunidad.



