El debate sobre los salarios elevadísimos

Por Juan A. Gimeno  

Artículo publicado en elsaltodiario.com, 5 de marzo, 2024  

Hace unas semanas, la vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, pidió abrir un debate sobre los “elevadísimos salarios de la dirigencia empresarial de este país”. Como era de esperar, saltaron un sinfín de voces liberales escandalizadas: que si era una injerencia comunista más, que si allá los Consejos de las empresas lo que hacen con su dinero, que si esos sueldos altos son los que sostienen la recaudación del IRPF, que si la competencia internacional implicaría que nos quedáramos sin los mejores gestores, que si limitar por arriba acaba significando un empobrecimiento general…

Recordemos cuatro puntos aparecidos en los medios:

1.       El pasado mes de octubre, Georgeson, firma especializada en dar servicios para grandes empresas, publicaba una serie de recomendaciones en relación con la retribución de los consejeros ejecutivos de las empresas cotizadas españolas. Aconsejaba eliminar la discrecionalidad excesiva y los pagos extraordinarios. Básicamente, que el alza de las retribuciones variables debe estar ampliamente justificada y limitada con umbrales concretos. Se recomienda el diseño de un plan de acción como respuesta a una disidencia creciente de las juntas de accionistas en materia retributiva.

2.      Un pequeño accionista de Tesla demandó el enriquecimiento excesivo e injustificado de su CEO (máximo responsable) por la decisión de pagar un incentivo de 56.000 millones de dólares a Elon Musk. Una jueza de Delaware ha fallado que el demandante tiene toda la razón e invalida el pago de esos 56.000 millones de dólares.

3.      El último informe de Oxfam sobre la desigualdad en el mundo señala que estamos viviendo lo que parece ser el inicio de una década de creciente desigualdad. En solo tres años, hemos experimentado una pandemia mundial, nuevas guerras, una crisis del costo de la vida y el colapso climático. Cada una de estas crisis ha ensanchado la brecha, no tanto entre los ricos y las personas que viven en la pobreza, sino entre una minoría de oligarcas y la inmensa mayoría de la población mundial.

4.      Hace una década se sometió a referéndum en Suiza una iniciativa denominada 1:12 para un Salario Justo, tras la recogida de las 100.000 firmas necesarias por parte las juventudes del partido socialdemócrata suizo. La propuesta, poner un tope salarial para que los altos ejecutivos no ganen en un mes más de lo que gana el trabajador menos pagado en todo un año, no salió adelante, pero obtuvo el apoyo de casi una tercera parte de los votantes.

Estos cuatro párrafos son sintomáticos respecto al creciente descontento frente a este proceso de desigualdad en alza. Parece evidente que es necesario el debate sobre las desmesuradas retribuciones de una parte de los directivos de las grandes empresas.

Probablemente, cualquier intento de fijar por ley un techo a las retribuciones de los directivos de las empresas españolas esté llamado al fracaso. Desde la deslocalización a la utilización de ingeniosos mecanismos de escape, es previsible una escasa eficacia de la medida, así como efectos colaterales negativos.

¿Cómo podría intentarse algún avance en ese propósito de contención para los sueldos exageradamente elevados?

Un primer camino sería afrontar la participación de los trabajadores en el gobierno de las empresas.

Las altas remuneraciones de propietarios y directivos responden a ideas como la expresada por Juan Roig de que “los empresarios somos junto a los directivos los que generamos riqueza y bienestar”. El factor trabajo parece no aportar nada en el proceso. Se menosprecia igualmente la acción del Estado y las políticas públicas, factor clave también en la creación de riqueza y la seguridad de la propiedad y los negocios.

La democracia empresarial pretende extender los derechos constitucionales al ámbito de la empresa a través de la participación de los trabajadores en todos los niveles de la gestión, incluido el reparto de resultados. Un reparto que ha de incluir los dividendos, las remuneraciones, los impuestos y el futuro (innovación y reservas).

Esta defensa no es algo revolucionario. El derecho de los trabajadores a la participación en la empresa está fundamentado en el artículo 129.2 [1] de la Constitución española y es una situación absolutamente normal en las grandes empresas europeas.

Un segundo camino, complementario del anterior, sería recuperar los elevados tipos marginales (hasta el 70-90%) aplicados entre 1930 y 1980 a los últimos tramos de las rentas muy altas en Estados Unidos y Gran Bretaña. El objetivo era poner coto a las remuneraciones desproporcionadas de los ejecutivos. De hecho, la fuerte reducción posterior de esos tipos parece haber contribuido en buena medida al brutal aumento de los ingresos de los directivos.

Recuérdese que los tipos marginales más elevados sólo se aplican a la parte de la remuneración que exceda de unos límites razonables, incluso generosos. Pero la tributación media se mantendría en los niveles actuales. Dónde esté esa “razonabilidad” de los límites es cuestión más complicada de consensuar.

Con estas tarifas tan progresivas para los últimos tramos disminuiría el atractivo marginal para seguir subiendo sin límite las retribuciones de los directivos. Cierto es que existe el peligro de que los colectivos afectados encuentren vías de evasión fiscal como acostumbran. Habrá que reforzar los instrumentos de control sobre ellos, especialmente sobre los creativos instrumentos financieros.

Una última reflexión: resulta especialmente escandaloso el caso de los ejecutivos que incrementan sus remuneraciones y bonus al mismo tiempo que reducen empleos y salarios de sus trabajadores. Sería deseable que la legislación obligara a que la retribución de los directivos tuviera obligatoriamente que guardar correlación con la evolución del conjunto de la plantilla.

Todas estas reflexiones no conllevan ningún tipo de desprecio o minusvaloración del trabajo de los buenos directivos y empresarios. Todo lo contrario. Los necesitamos. Pero también necesitamos un respeto a la proporcionalidad y un reconocimiento a lo que aportan a la buena marcha de las empresas sus trabajadores, el Estado y el conjunto de la ciudadanía.

 

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