Ana Lorenzo Vila y Sandra Salsón Martín
Escuela de Emprendedoras Juana Millán
En este texto nos preguntamos sobre la Economía Social y Solidaria (en adelante ESS) como herramienta que permite a las mujeres emprendedoras desarrollar sus proyectos de trabajo en un entorno más amable e igualitario. Comenzamos explorando algunos datos sobre la mayor presencia de mujeres en la ESS en relación con el conjunto del mercado laboral y sobre las brechas de género que existen en el emprendimiento. Exploramos las «ventajas» de las fórmulas de ESS para desarrollar proyectos profesionales feministas. Finalmente, abordamos cómo impulsar a las mujeres a optar por emprendimientos en la ESS.

La situación de las mujeres en el empleo
Según datos del Instituto de las Mujeres , las mujeres representábamos el 47,30% de la población activa de España en 2022. Ese mismo año, las tasas de ocupación femenina y masculina eran del 45,93% y 56,34% respectivamente. Estas cifras muestran que los hombres tienen mayor peso que las mujeres en el empleo. Sin embargo, en la economía social, el peso de las mujeres es más igualitario o incluso superior al de los hombres en determinados sectores.
Por ejemplo, en las cooperativas de trabajo asociado, la presencia de mujeres socias alcanzó el 51% en 2017, según datos de la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (COCETA). También según datos de esta organización, el 58% de las nuevas cooperativas creadas en 2022 han sido constituidas por mujeres.
Por su parte, la Plataforma Tercer Sector identifica que el empleo generado por el Tercer Sector de Acción Social está cada vez más feminizado: el peso de las mujeres pasó del 67,5% en 2018 al 76,5% en 2020.
Quizás sean datos indicativos de una preferencia de las mujeres por la economía social, si bien es posible que esta mayor presencia se vea condicionada por la segregación por ramas de actividad: una distribución no equitativa del peso de hombres y mujeres en las diferentes actividades económicas, con sectores masculinizados y sectores feminizados. Según el INE , las mujeres representamos un porcentaje muy elevado de la fuerza laboral en determinados sectores como la sanidad, la educación o el comercio al por menor y los hombres ocupan la mayoría de los puestos de alta dirección y los trabajos manuales.
La situación de las mujeres en el emprendimiento
Cuando pensamos en emprendimiento, el imaginario colectivo nos remite a una persona joven, casi siempre un hombre, con talento y ambición, que ha dado con la idea clave para montar un negocio y enriquecerse. El emprendedor es competitivo, rápido y está siempre disponible. Este imaginario impone a quien emprende los ritmos frenéticos y las formas de hacer individualistas del mercado capitalista. Muchas mujeres no nos sentimos identificadas con este imaginario.
Los datos nos dan algunas pistas acerca de las diferencias entre mujeres y hombres en el emprendimiento. El capital semilla más frecuente en iniciativas lideradas por mujeres está entre 3.000 y 5.000 euros, mientras que ellos arrancan sus proyectos con un capital de 50.000 euros . Las empresas lideradas por hombres se consolidan en un 7,5%, mientras que las lideradas por mujeres lo hacen en un 6,5% . Las mujeres somos más conservadoras a la hora de contratar personal, lideramos empresas con menor nivel tecnológico y mayoritariamente en el sector servicios al consumidor .
El último Informe Especial GEM sobre Emprendimiento Femenino afirma que nosotras tenemos más miedo al fracaso, somos menos optimistas, tenemos menos contacto con otras emprendedoras, menos referentes de éxito y percibimos menos oportunidades en el entorno. La precariedad laboral, la falta de estabilidad y la necesidad de conciliación parecen ser factores importantes para las mujeres que desean emprender, mientras que ellos emprenden más si tienen mayores niveles de renta. Las mujeres tenemos menos experiencia en gestión y dirección y menos oportunidades para adquirirla en el contexto laboral. También tenemos menos acceso a formación y financiación para emprender. Y, como resultado, los emprendimientos de las mujeres son más pequeños, menos ambiciosos (económica y técnicamente), generan menos empleo, muchos son en solitario y menos visibles.
Estos datos revelan una brecha de género en el emprendimiento que deja fuera del proyecto emprendedor a muchas mujeres que tal vez tengan ganas y potencial, pero no los recursos necesarios y/o el entorno que las motive y las sostenga.
Si revisamos las motivaciones para emprender, tres de cada cuatro personas emprendedoras siguen afirmando que emprenden para ganarse la vida porque el trabajo escasea. Los hombres siguen estando más motivados para crear riqueza a través de sus iniciativas emprendedoras que las mujeres, las emprendedoras mantienen la motivación de emprender para marcar una diferencia en el mundo, según los datos recogidos en 2020 y 2022 en los informes referenciados.
Emprender en ESS ¿Un contexto más amable para las mujeres?
La ESS es un espacio económico que apuesta por reducir y superar las brechas de género en el empleo y el emprendimiento descritas y que ofrece un entorno laboral significativamente más igualitario. Las entidades de ESS incorporan el valor de la igualdad en su vocación transformadora y hacen valer sus resultados a través de la Auditoría Social , con un impacto muy significativo en la igualdad retributiva (en la ESS encontramos una brecha salarial del 0,9% frente al 18,72% de la economía convencional); las medidas de conciliación (el 75% de las organizaciones de la ESS contempla medidas que mejoran los permisos establecidos por la ley en temas de conciliación de la vida familiar y laboral); o el reparto de cargos de responsabilidad (en la ESS las mujeres ocupan un 64,52% de los cargos de responsabilidad frente a un 35,1% en la economía convencional).
Pero, más allá de los datos, el modelo de la ESS se revela como una herramienta privilegiada para impulsar el emprendimiento y las aspiraciones de las mujeres por diversas razones. Pensamos que las motivaciones de las mujeres y la necesidad de crear nuevos imaginarios en los que quepamos todas encuentran respuesta en el paradigma económico, en las prácticas y en las reivindicaciones de la Economía Social y Solidaria, que bien podría ser el espacio propio en el que las mujeres nos sintiéramos representadas para poner en marcha nuestros “sueños económicos”. La ESS ofrece un espacio político para construir otros imaginarios, también económicos, donde los cuidados y la vida están en el centro.
Permite cambiar las dinámicas laborales
La ESS es un espacio de creación colectiva y de participación, un modelo que funciona de forma democrática y que se pone sus propias normas. En las entidades se pueden acordar las condiciones de trabajo, incluyendo mejoras sobre la regulación laboral. Se decide lo que queremos o podemos cobrar, la flexibilidad horaria, los permisos, las medidas de conciliación, la incorporación y valoración de los cuidados. Ofrece una oportunidad para cambiar las dinámicas laborales predominantes, y esta oportunidad es aprovechada ya por muchas organizaciones.
Permite alinear el trabajo con los valores personales y colectivos
Se basa en la cooperación, en el apoyo en red, en la ayuda mutua, el compromiso con el entorno, la sostenibilidad ambiental, el feminismo… En definitiva, es un modelo más acorde a cómo pensamos y sentimos que deben ser las cosas. Nos permite ser más coherentes con nosotras mismas.
La ESS es un modelo de emprendimiento no elitista, una manera de hacer empresa que podemos considerar más “obrera”.
Admite la vulnerabilidad y se fortalece en lo colectivo
Frente al modelo individualista y capitalista, la ESS es más realista, al admitir nuestra vulnerabilidad y nuestra interdependencia y construir proyectos colectivos que nos fortalecen, nos ayudan a resistir las crisis y nos hacen sentir arropadas y acompañadas.
Canaliza nuestra predisposición a colaborar, a compartir y a generar vínculos entre pares.
Te reta a aprender y a hacer
Al ser responsables de nuestros proyectos y llevarlos adelante de forma colectiva, favorece nuestra creatividad. Permite diversificar actividades, crear cosas nuevas, aprender cosas que nunca te imaginabas que ibas a aprender (Excel, números…).
Te acoge
Emprender en la ESS es, en muchas ocasiones, una respuesta a la discriminación en el mercado laboral: en la ESS la diversidad, la veteranía, la experiencia, el empuje y la pasión son bienvenidas. Es un modelo más inclusivo.
Por otra parte, existen ya redes de ESS que acogen a los nuevos proyectos, ofreciéndoles su legado: estar en la ESS permite acceder a financiación ética, a plataformas conjuntas de comunicación y visibilización, a dinámicas de intercooperación o a formación y acompañamiento. Entrar en la ESS es entrar en un ecosistema amable, en una red de relaciones de apoyo y cooperación en la que nos ayudamos a sostenernos juntas.
Algunas claves para impulsar el emprendimiento de las mujeres en la ESS
A pesar de que la ESS es un espacio de emprendimiento más amable para las mujeres, lo cierto es que el emprendimiento colectivo no está en el imaginario de las emprendedoras. Sus proyectos son mayoritariamente individuales y, cuando son colectivos, desconocen las fórmulas de la ESS.
La ESS en el imaginario de las emprendedoras
Por ello, el primer reto es que la ESS se conozca. Las autoras de este artículo formamos parte de la Escuela de Emprendedoras Juana Millán, desde donde trabajamos la ESS de manera transversal en todas nuestras actuaciones con el propósito de hacerla visible y deseable.
Así, nuestras colaboradoras, los ejemplos de emprendimiento que mostramos, los proyectos que priorizamos en los premios, las iniciativas a las que invitamos para contar sus experiencias… proceden mayoritariamente de la ESS.
Además, en las formaciones sobre emprendimiento incorporamos contenidos sobre economías transformadoras y abordamos otros temas como la gestión económica, la comunicación o la organización de las tareas desde el enfoque y los valores de la ESS.
De este modo, mostramos a las mujeres que pasan por la escuela esta manera de entender y hacer economía para que puedan llevarla a sus proyectos del modo que consideren, si se identifican con los valores, si descubren que la apuesta colectiva puede ser mejor para sus proyectos, o si simplemente incorporan la idea de estar conectadas a otras mujeres que podrían ser claves para la sostenibilidad de sus emprendimientos.
El legado de las mujeres de la ESS
La ESS no tiene una presencia significativa en la formación académica, por lo que a veces resulta difícil encontrar formaciones, asesoramientos y apoyos especializados. Una de las dificultades o miedos que pueden surgir a la hora de elegir estas fórmulas de emprender es que los centros de apoyo al emprendimiento, las gestorías e incluso los referentes más próximos no las conocen. Por lo tanto, no pueden ayudar.
Articular un ecosistema emprendedor de la ESS es vital para superar este obstáculo. Un espacio-red donde las herramientas y las formas de afrontar dificultades puedan compartirse y regalarse de unas organizaciones a otras. Las nuevas emprendedoras no han de empezar desde cero, sino desde los saberes y las herramientas de las que ya recorrieron una parte del camino. Para canalizar estos saberes y herramientas, recursos de apoyo como la Escuela Juana Millán o El Nido, de Economistas sin Fronteras, se articulan sobre una amplia red de colaboradoras pertenecientes a proyectos cooperativos y de la ESS. En esta red, el grupo de trabajo y la consejería sobre emprendimiento de REAS Red de Redes cumplen un destacado papel de nexo.
Todo ello permite articular una red de expertas en diferentes áreas de conocimiento que han desarrollado herramientas propias de organización del trabajo, gestión económica, incorporación de los cuidados y otros asuntos, acordes a los valores de la ESS. Y que, además, las han puesto a prueba en sus propios proyectos como emprendedoras, por lo que ofrecen unos saberes situados muy útiles para las nuevas emprendedoras y los nuevos proyectos.
Toda esta red de colaboradoras se asienta, además, en redes previas por las que fluyen las colaboraciones: REAS Red de Redes, los mercados sociales, las herramientas comunes ya construidas como las de finanzas éticas, la auditoría social, etc. Y estas mismas redes se ponen a disposición de los nuevos emprendimientos y los acogen.
Una habitación compartida para las mujeres de la ESS
Aunque la ESS, como venimos defendiendo, es un espacio amable para las mujeres, también está atravesada por lógicas patriarcales. La forma en que mujeres y hombres estamos en ella reproduce a veces la invisibilización, las lógicas de relación hostiles para nosotras y otras miserias.
Por ello, creemos que es útil contar con espacios propios para las mujeres, donde compartir vulnerabilidades, aprender unas de otras, resignificar valores y experimentar nuevas soluciones y herramientas. Proyectar nuestros problemas comunes y nuestras visiones para diseñar organizaciones que sean aún más amables con nosotras. Apoyarnos unas a otras para llevar estos modelos al conjunto de la ESS. La Escuela Juana Millán es uno de estos espacios compartidos entre mujeres, como también lo son las comisiones feministas de las redes de ESS.
Programas a medida de los emprendimientos en ESS con un decidido apoyo institucional
En los últimos años, la ESS goza de un reconocimiento institucional y es objeto de inversión pública destinada a su promoción. Esto permite prestar un apoyo específico más intenso a los proyectos colectivos de las mujeres que apuestan por fórmulas de ESS. Es el caso, entre otros, de la convocatoria EFESO , financiación que permitirá alentar nuevos proyectos de ESS liderados por mujeres desde la Escuela Juana Millán en Galicia, Canarias, Andalucía, Asturias y Madrid, dando continuidad a los proyectos acompañados hasta el año 2029. Además, esta convocatoria activará el emprendimiento en Economía Social mediante el impulso de otros proyectos financiados y distribuidos por toda la geografía del Estado.
En el marco de la colaboración público-comunitaria, la Escuela de Emprendedoras Juana Millán ha mantenido y ampliado su alcance, haciendo posible un emprendimiento feminista que ha encontrado en el compromiso del Instituto de las Mujeres una alianza fundamental y que ahora visibiliza su apuesta por el emprendimiento en la ESS mediante la colaboración con CEPES y la convocatoria EFESO.
Para seguir pensando
A 15 de marzo de 2024 hay 1.287 mujeres registradas en la Escuela de Emprendedoras Juana Millán, el 17% de estas mujeres acuden a la escuela con proyectos colectivos y el 10% con ideas de negocio que quieren desarrollar en colectivo y para los que buscan socias. El 52% son proyectos individuales y el 21% restante aún no se ha decidido por una opción u otra. El 85% de los emprendimientos se sitúan en el sector terciario de la economía y las áreas de actividad principales se concentran en la educación, formación, actividades artísticas, salud y bienestar y servicios de comunicación y diseño. ¿Son estos datos una mera reproducción del sistema económico capitalista o esconden otras formas de entender las relaciones económicas? ¿Es posible una economía que ponga en el centro los cuidados, la vulnerabilidad y la interdependencia?
Es posible que el valor diferencial de la ESS como espacio para las mujeres responda a dos fuerzas a la vez: por una parte, la hostilidad de otros entornos y sectores laborales, que nos expulsan especialmente a nosotras; y, por otra parte, el atractivo de la propia ESS para integrar los cuidados o desarrollar en la práctica los valores con los que muchas nos sentimos identificadas.
El caso de algunas mujeres en profesiones STEM y empresas tecnológicas nos parece revelador. Aun teniendo carreras profesionales de “éxito”, se sienten arrinconadas y maltratadas. Y renuncian a sus carreras, buscando en el ecosistema de la ESS un espacio más amable. Pero, además, en este otro espacio sus proyectos toman una dimensión social y ambiental: se orientan a la educación, ponen sus conocimientos al servicio de la sostenibilidad…, aunque reciben por ello menores ingresos.
¿Estamos las mujeres en los sectores de la educación, la salud, el bienestar… por un arrinconamiento y una continuidad con los trabajos de cuidados? ¿O es que esto forma parte de nuestros valores e incluso nos gusta darle esta dimensión social y de bienestar a otras actividades? ¿Cómo sería el modelo económico dominante si lo hubiésemos desarrollado principalmente las mujeres? Quizás incorporaría la dimensión social y solidaria, más apegada a la vida.
Agradecimientos
Queremos agradecer las aportaciones a este artículo realizadas por Ariadna de la Rubia, Daria Wencel, Ainhoa Lagartos, Mariola Mourelo, Helena Sanmamede, Ana Marcos, Elena Fernández, Mónica Jiménez, Nayra Lorenzo y Cristina López, todas ellas compañeras del equipo de la Escuela Juana Millán.
(*) Este artículo forma parte de Dossier EsF nº 54: «Estrategias, alianzas y soluciones colectivas para los retos actuales del emprendimiento en la Economía Social y Solidaria», correspondiente al Verano 2024



