En Economistas sin Fronteras Euskadi tenemos claro que la transformación social empieza en las aulas. Por eso, nos gusta llevar la Economía Social y Solidaria (ESS) a los centros educativos, para mostrar al alumnado que otra forma de entender la economía es posible: más humana, más cooperativa y más sostenible. Una economía que pone la vida en el centro, que cuida a las personas y al planeta.
Esta vez lo hicimos en el IES Xabier Zubiri Manteo BHI, un centro público euskaldun de Donostia que apuesta por la innovación y el aprendizaje activo. Allí, las aulas son espacios vivos donde se fomenta la autonomía, la creatividad y la responsabilidad. En ellas conviven jóvenes con ganas de aprender y de encontrar su camino en un mundo cambiante. Por eso, cuando llegamos con nuestra propuesta de trabajar la ESS, todo encajó de forma natural.

Comprender para transformar
Comenzamos con una idea sencilla pero transformadora: la economía no es algo ajeno ni lejano. Está en lo que compramos, en lo que consumimos y hasta en lo que decidimos descartar. Con esa mirada, invitamos al alumnado a observar su entorno de otra manera.
Hablamos del sistema económico actual, de las desigualdades que genera y de las alternativas que ya existen.
Y pronto surgieron las preguntas:
“¿Por qué unas personas tienen tanto y otras tan poco?”,
“¿qué consecuencias tienen nuestras decisiones de consumo?”,
“¿se puede producir sin explotar ni contaminar?”.
A través de ejemplos cercanos —desde marcas de ropa hasta teléfonos móviles—, las alumnas y los alumnos comenzaron a conectar la economía con su día a día. La curiosidad se encendió, y los debates espontáneos confirmaban que el mensaje llegaba: la economía también tiene que ver con ellos y ellas.
Más allá de entender conceptos, buscamos despertar una mirada crítica. Porque aprender economía desde la ESS es también aprender a mirar el mundo con otros ojos, reconociendo las interdependencias entre lo local y lo global, entre lo personal y lo colectivo.
Lanzamos una «acción puente» en la que personas del proyecto «Mater» (centro innovador de educación ambiental, enfocado en impulsar la acción de personas y comunidades hacia formas de vida más respetuosas con la naturaleza) compartieron su experiencia, explicando su proyecto y cómo se alinea con los principios de la Economía Social y Solidaria.
De las ideas a la acción
Después de reflexionar, tocaba imaginar. Propusimos un reto al alumnado: diseñar un proyecto de emprendimiento dentro de la Economía Social y Solidaria, una idea que respondiera a una necesidad real de su entorno y que aportara algo positivo a la comunidad.
Para acompañarles en ese proceso, les presentamos el Canvas Social, una herramienta participativa que les ayudará a dar forma a sus propuestas. Con ella, deberán preguntarse:
– ¿Qué valor aportamos y a quién?
– ¿Cómo cuidamos el medioambiente y fomentamos la igualdad?
– ¿Con quién nos aliamos y cómo nos organizamos?
En las próximas semanas, las aulas se transformarán en pequeños laboratorios de ideas, donde los grupos trabajarán de forma cooperativa para imaginar proyectos con impacto social. Será un proceso lleno de creatividad, debates y aprendizajes compartidos. No se trata solo de crear un negocio, sino de repensar el sentido del emprendimiento: pasar del beneficio individual al impacto colectivo.
Sabemos que de ahí saldrán propuestas que hablen de sostenibilidad, igualdad o inclusión. Y, sobre todo, de compromiso con el entorno.
Un reto con propósito
Para cerrar el proceso, cada grupo deberá preparar un vídeo de entre tres y cinco minutos donde cuenten quiénes son, qué problema han identificado y cómo su propuesta lo aborda desde la ESS. También completarán su propio Canvas Social con todos los detalles del proyecto.
Un jurado evaluará las ideas teniendo en cuenta su coherencia, impacto, viabilidad y compromiso. No se trata de elegir el proyecto “más bonito”, sino el más transformador, aquel que conecte con una necesidad real.
El grupo ganador recibirá un bono de 150 euros para gastar en comercios de la red de consumo responsable Saretuz, demostrando en la práctica que también se puede consumir de otra manera.
Sembrar futuro
Más allá del premio, lo importante será el proceso. Cada sesión ha sido un espacio para pensar, debatir y descubrir que la economía puede ser una herramienta para mejorar la vida.
El alumnado no solo ha aprendido a diseñar proyectos, sino también a mirar la realidad con espíritu crítico y esperanza transformadora.
En un centro como el Zubiri Manteo, donde la autonomía, la creatividad y la convivencia son pilares del aprendizaje, esta experiencia encaja perfectamente. El profesorado impulsa metodologías innovadoras, fomenta la responsabilidad y pone el acento en el trabajo en equipo, valores que se alinean con los de la ESS.
Desde Economistas sin Fronteras Euskadi salimos de este proceso con la sensación de haber sembrado algo más que conceptos: semillas de curiosidad, empatía y compromiso.
Porque enseñar economía desde la solidaridad no es solo hablar de cifras, sino invitar a imaginar futuros posibles y sostenibles para todas las personas.



