La reforma de la enseñanza de la economía: ¿tendencia o necesidad?

Por José Javier Domínguez

Publicado en ElSalmónContracorriente  el 11/01/2015

Personalmente me inquieta que haya sido una vez titulado cuando he comenzado a plantearme si mi formación como economista ha sido la más adecuada. Me inquieta que durante mis años como estudiante nunca hubiera surgido una conversación entre mis compañeros cuestionándonos si la materia que recibíamos era real o si eso nos conduciría a ser grandes intelectuales o expertos en la materia. A pesar de no haber sido formado para cuestionar lo establecido, yo me lo pregunto ahora, y la respuesta es negativa.

Con el fuerte proceso de recesión que atraviesa la economía mundial y sobretodo la economía española no sólo hemos podido comprobar las deficiencias del sistema financiero y capitalista mundial actuales, sino que también nos ha llevado a cuestionar la efectividad y la calidad de la enseñanza de la economía en las universidades españolas.

Las economías postkeynesiana y neoclásica, que se basan en modelos teóricos que intentan hacer de la economía una ciencia matemática sigue siendo la única corriente de pensamiento que se tiene la oportunidad de estudiar. Por lo que los alumnos suelen graduarse sin entender y conocer de primera mano otras muchas alternativas ideológicas que el discurso económico históricamente ha ofrecido desde su desvinculación de la materia política.

Este hecho no indica la pasividad del alumnado a comprender los entresijos de la materia a la que han elegido dedicarse, sino la escasa oportunidad que se les brinda para hacerlo y ser capaces de desarrollar una mentalidad critica (la asignatura “Historia del Pensamiento Económico” es la única oportunidad que tienen para conocer otro mundo a lo largo de cuatro años). Por ello, hemos de plantearnos si la formación de los profesionales de la economía es la más adecuada, porque es cierto que sin una pluralidad en la materia y una enseñanza que no realce en las nuevas generaciones la capacidad de análisis crítico puede suponer una lacra para la sociedad y su desarrollo intelectual. Sin ello, la titulación de economía se ofrece exclusivamente como una simple herramienta que conecta la secundaria con la empresa privada, que será la que más tarde formará a los recién egresados de la universidad.

Descontento internacional

Esta corriente ortodoxa e inamovible ha sido impartida en las aulas desde hace más de cincuenta años, lo que podemos considerar como el primer error ya que parece indicar que la economía es una ciencia invariable y por supuesto, no lo es. Determinados sectores considerarán que el modelo de enseñanza actual es el sistema perfecto e infalible para que los nuevos formados puedan aparecer en la empresa privada, demostrar que la maximización de los beneficios es su religión y que el economista que desea maximizar su beneficio por encima de todo y de todos es el individuo más racional que existe. Pero debemos recordar que somos economistas y que nuestra misión también consiste en conocer todo discurso económico existente y entender que siempre existe una alternativa al modelo económico dominante y, por supuesto, hacerles partícipes de ello para exigir una enseñanza de la economía productiva y de calidad.

Esta necesidad de cambio ha sido constante durante el último siglo pero ha sido a raíz del período recesivo en que nos encontramos cuando está teniendo más repercusión mediática gracias a la era de la comunicación. Aunque son muchos los docentes implicados en la exigencia de una reforma de la enseñanza de la economía, tal reivindicación ha podido moldearse gracias a la participación activa de algunos sectores del alumnado. Actualmente podemos encontrar numerosas asociaciones tanto de ámbito internacional (Rethinking economics o The Post Crash Economic Society) como nacionales (tales como el grupo de Economía Crítica de Málaga o la Fundación Economistas sin Fronteras) quienes abogan por que la enseñanza actual debe ser seriamente reconsiderada y ser sustituida por un modelo más real y efectivo basado en un plan de estudios plural.

De dicha participación ha aflorado un texto como símbolo de descontento, redactado por asociaciones de estudiantes de diecinueve países y que han denominado “Llamamiento internacional de estudiantes de económicas a favor de una enseñanza pluralista”, lo que realmente indica un grave deterioro del sistema educativo universitario y la afanosa insatisfacción de los alumnos.

Sin ética no hay economía

Para poder estructurar un plan de estudios que incluya un amplio abanico de ideologías se han de tener en cuenta conceptos hasta ahora inexistentes en el proceso de formación, como por ejemplo la ética. ¿Puede existir la economía sin un componente ético? Ya lo mencionaba Joan Robinson en los años sesenta (Economic Philosophy, 1962) y parece ser ahora de cuanto más sentido goza, pero es un concepto ausente en las universidades. Quizá si formase parte de la formación de los economistas nos hubiésemos ahorrado alguna que otra mala decisión en tiempos espinosos. Pero la ética en la economía es sólo un, aunque fundamental, granito de arena. Es por ello que los nuevos estudiantes de economía deberían tener la posibilidad de conocer y adentrarse en conceptos reales y actuales tales como la economía feminista, la economía ecológica o la microeconomía heterodoxa, el cual parece ser el campo menos alterable de todos. Además de no instruirse únicamente sobre grandes personajes de la historia como Adam Smith o David Ricardo, sino también sobre grandes economistas contemporáneos que pueden enseñarnos mucho acerca de la economía del siglo XXI, como Ha-Jong Chang o Thomas Piketty, cuya introducción no parece ser un objetivo a corto plazo de las materias ya constituidas hace años por los departamentos facultativos.

Por ello y por mucho más, la reforma de la enseñanza de la economía es más necesaria que nunca y no únicamente para funcionar como un amplificador de los materiales de estudio sino también como un medio de cambio de la sociedad y de sus economistas.

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