La vivienda cooperativa toma la palabra: comunidad, cuidados y alternativas frente a la especulación



El acceso a la vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones sociales de nuestro tiempo. Los elevados precios de compra y alquiler dificultan cada vez más que muchas personas puedan desarrollar un proyecto de vida estable. Frente a esta realidad, empiezan a ganar protagonismo iniciativas que plantean una forma diferente de entender la vivienda, alejándola de la lógica especulativa y acercándola a las necesidades de las personas y las comunidades.

Con este objetivo, Koobizitza Euskadi y REAS Euskadi organizaron una charla-taller en el Centro Cívico Salburua de Vitoria-Gasteiz, en colaboración con Ametsak Sortzen y Ariwake. El encuentro, al que también acudió Economistas sin Fronteras, reunió a personas interesadas en conocer y promover el modelo de vivienda cooperativa en cesión de uso, una fórmula que cada vez despierta más interés como alternativa para garantizar el acceso a una vivienda digna y asequible


Una propuesta que pone la vida en el centro

Desde el inicio de la jornada quedó claro que la vivienda cooperativa en cesión de uso es mucho más que una fórmula jurídica. Se trata de una manera distinta de habitar, basada en la cooperación, los cuidados, la sostenibilidad y la participación colectiva. Un modelo que conecta plenamente con los principios de la Economía Social y Solidaria y que busca ofrecer respuestas a los problemas actuales de acceso a la vivienda.

La primera intervención corrió a cargo de Rubén Méndez, quien explicó las características fundamentales de este sistema. La idea es sencilla: un grupo de personas se organiza en forma de cooperativa para promover y gestionar viviendas que permanecerán siempre fuera del mercado especulativo. En lugar de adquirir una vivienda en propiedad individual, las personas socias obtienen un derecho de uso estable y participan en la gestión del proyecto.

A diferencia de las cooperativas tradicionales que se crean para construir viviendas y posteriormente desaparecen, las cooperativas en cesión de uso mantienen la propiedad colectiva de los inmuebles a largo plazo. Las personas residentes aportan una cantidad inicial y posteriormente pagan una cuota mensual similar a un alquiler, pero con una mayor estabilidad y capacidad de decisión sobre su entorno de vida.

Rubén Méndez subrayó además que el reto no consiste únicamente en impulsar proyectos concretos, sino en construir una red sólida de personas, entidades y colectivos capaces de fortalecer este modelo y conseguir que gane presencia social e institucional. Para ello, explicó, resulta imprescindible avanzar de forma equilibrada en diferentes ámbitos: el social, el económico, el jurídico, el relacionado con el hábitat y la construcción, e incluso el cultural. Todos ellos deben desarrollarse simultáneamente para garantizar el éxito de las iniciativas.


Construir comunidad para transformar la vivienda

A medida que avanzaba la sesión fueron apareciendo algunas de las cuestiones que más preocupan a quienes impulsan proyectos de vivienda colaborativa. Más allá de la financiación o los aspectos legales, surgieron temas relacionados con la convivencia, la gestión de conflictos, los cuidados y la construcción de comunidades capaces de sostenerse en el tiempo.

Varias personas compartieron experiencias de grupos que están comenzando a organizarse, mientras que otras explicaron procesos ya consolidados en los que la vivienda se combina con actividades económicas, culturales o sociales que fortalecen la vida comunitaria. También se puso sobre la mesa la necesidad de generar alternativas para las personas mayores y crear redes de apoyo mutuo que permitan afrontar de manera colectiva los retos asociados al envejecimiento.

El interés despertado por estas experiencias reflejaba una inquietud compartida: la búsqueda de formas de vida más comunitarias, sostenibles y conectadas con el entorno, capaces de ofrecer una respuesta al creciente individualismo y a la mercantilización de la vivienda.


Recuperar edificios y revitalizar el medio rural

La segunda parte de la jornada estuvo protagonizada por Isabel, encargada de presentar un estudio sobre cuatro experiencias de cooperativas de cesión de uso desarrolladas en antiguos caseríos y edificios rurales del País Vasco. Su exposición permitió descubrir cómo estas iniciativas no solo ofrecen nuevas formas de acceso a la vivienda, sino que también pueden convertirse en una herramienta para revitalizar territorios afectados por la despoblación y el envejecimiento.

Los casos analizados compartían una misma filosofía: recuperar edificios abandonados o deteriorados para convertirlos en espacios de convivencia gestionados colectivamente. Aunque cada experiencia presenta características propias, todas apuestan por la sostenibilidad, la cooperación y el uso compartido de determinados espacios y recursos.

El estudio mostró además que estas iniciativas generan impactos positivos más allá de sus propias comunidades. Muchas impulsan actividades culturales, sociales o medioambientales abiertas al entorno, fortaleciendo la vida local y favoreciendo la participación vecinal. La financiación suele combinar aportaciones de las personas socias, préstamos éticos y, en algunos casos, ayudas públicas, permitiendo un acceso a la vivienda más asequible que otras fórmulas convencionales.

Entre las principales conclusiones destacó una idea que conectaba con el conjunto de la jornada: el verdadero motor de estos proyectos no son los edificios, sino las personas que los impulsan. La existencia de una comunidad comprometida con un proyecto compartido resulta esencial para garantizar su viabilidad y permanencia en el tiempo.


Del intercambio de ideas a la acción colectiva

Tras las presentaciones llegó el momento más participativo de la jornada. Las personas asistentes se distribuyeron en varios grupos de trabajo para reflexionar conjuntamente sobre los principales retos que afrontan los proyectos de vivienda colaborativa y sobre las acciones que podrían impulsarse para fortalecer este modelo en Álava y en el conjunto de Euskadi. La dinámica se organizó en torno a cuatro grandes ámbitos: social, económico, jurídico y hábitat. El objetivo era identificar obstáculos, compartir experiencias y elaborar propuestas concretas que pudieran desarrollarse de manera colectiva.

Uno de los temas que apareció con más fuerza fue la dificultad para acceder a suelo, edificios o espacios adecuados para desarrollar nuevos proyectos. Muchas personas señalaron la necesidad de disponer de más información sobre inmuebles disponibles y reclamaron una mayor implicación de las administraciones públicas para facilitar el acceso a terrenos y edificios susceptibles de ser reutilizados.

También se debatió sobre la financiación y la necesidad de adaptar el marco normativo a las características específicas de las cooperativas en cesión de uso. Los elevados precios del suelo, especialmente en entornos urbanos, fueron identificados como uno de los principales obstáculos para la expansión de este tipo de iniciativas.

Sin embargo, el debate volvió a poner de relieve una cuestión que había estado presente durante toda la jornada: tan importante como disponer de recursos económicos es construir comunidades fuertes y cohesionadas. El éxito de estos proyectos depende en gran medida de la capacidad de las personas participantes para organizarse, compartir responsabilidades y desarrollar una cultura cooperativa basada en la confianza y el apoyo mutuo.


Un modelo con vocación de futuro

La sesión concluyó con el compromiso de recopilar y priorizar las propuestas surgidas durante los grupos de trabajo para seguir avanzando en la consolidación de una red de proyectos y personas interesadas en la vivienda cooperativa. Más allá de las ideas concretas recogidas durante la jornada, el encuentro sirvió para reforzar la sensación de que este modelo está dejando de ser una experiencia minoritaria para convertirse en una alternativa cada vez más visible y organizada.

En un contexto marcado por las dificultades de acceso a la vivienda, la jornada celebrada en Salburua mostró que existen otras formas de habitar posibles. Formas que apuestan por la cooperación frente a la competencia, por el uso frente a la especulación y por la construcción de comunidad frente al aislamiento. Quizá no exista una única solución al problema de la vivienda, pero encuentros como este demuestran que cada vez son más las personas dispuestas a imaginar y construir alternativas colectivas para hacerlo realidad.

 

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