Democracia, comunidad y esperanza: una mañana para activar la ciudadanía



En el recinto
EDE (Manuel Allende,10) de Bilbao tuvo lugar el 7 de mayo un desayuno-jornada sobre la Agenda 2030 impulsado por el Ayuntamiento de Bilbao. Tenía por título “Democracia y ciudadanía activa”, y reunió a representantes institucionales, organizaciones sociales, entidades comunitarias y ciudadanía comprometida para reflexionar sobre una pregunta de enorme actualidad: ¿cómo fortalecer la participación ciudadana y la democracia en un momento marcado por la incertidumbre y la desafección social?

Entre las entidades participantes se encontraba Economistas sin Fronteras, compartiendo espacio con otras organizaciones del tercer sector y agentes sociales implicados en la construcción de una ciudad más sostenible, inclusiva y participativa. La jornada se desarrolló en un ambiente cercano y colaborativo, combinando intervenciones inspiradoras, experiencias de trabajo comunitario y dinámicas participativas que permitieron a las personas asistentes intercambiar ideas y explorar posibles alianzas de futuro.


La democracia se construye cada día

La apertura corrió a cargo de la concejala de Atención y Participación Ciudadana, Agenda 2030 e Internacional del Ayuntamiento de Bilbao, Eider Inunciaga, quien situó desde el inicio el eje central de la jornada: la importancia de una ciudadanía activa como elemento esencial para el buen funcionamiento de la democracia.

Durante su intervención recordó que la participación ciudadana no es algo abstracto ni reservado a los grandes debates políticos. Al contrario, se construye en el día a día, en los barrios, en las asociaciones, en las redes vecinales y en todos aquellos espacios donde las personas colaboran para mejorar su entorno. Según explicó, una sociedad participativa genera comunidades más cohesionadas, fortalece la corresponsabilidad y contribuye al bienestar colectivo.

La concejala enmarcó además el encuentro dentro de la estrategia Bilbao Sostenible: Agenda 2030, una iniciativa reconocida internacionalmente que busca impulsar un modelo de ciudad más justa, inclusiva y sostenible. En un contexto social marcado por la polarización y la proliferación de la desinformación, defendió también el papel de las instituciones locales como espacios cercanos capaces de reforzar la confianza ciudadana en la democracia.

Su mensaje final fue una invitación directa a la acción: cada persona puede convertirse en agente de cambio a través de sus decisiones cotidianas y de su implicación en la vida comunitaria.


Frente a la incertidumbre, cooperación

Tras la bienvenida institucional llegó uno de los momentos más destacados de la mañana con la intervención de Víctor Viñuales, fundador de ECODES, quien ofreció una reflexión profunda sobre los desafíos que afrontan actualmente nuestras sociedades.

Viñuales comenzó describiendo un panorama global complejo. Las consecuencias del cambio climático, los conflictos internacionales, las tensiones económicas y la creciente sensación de incertidumbre pueden generar desánimo y alimentar la idea de que las acciones individuales tienen poca capacidad de transformar la realidad. Sin embargo, lejos de instalarse en el pesimismo, planteó precisamente lo contrario: es en momentos difíciles cuando más necesaria resulta la acción colectiva.

A lo largo de su intervención insistió en una idea sencilla pero poderosa: la cooperación funciona. Recordó que tanto la historia humana como la naturaleza ofrecen numerosos ejemplos de que los avances más importantes surgen cuando las personas colaboran entre sí. Frente a los discursos que promueven la confrontación o el individualismo, reivindicó la capacidad de las comunidades para construir soluciones compartidas.

También quiso poner en valor el papel de las iniciativas locales. Aunque los grandes problemas mundiales parezcan inabarcables, señaló que muchas de las respuestas nacen precisamente en los municipios, en los barrios y en las organizaciones de base. Allí se experimentan nuevas formas de participación, se construyen redes de apoyo mutuo y se desarrollan proyectos que posteriormente pueden extenderse a otros territorios.

Otro de los mensajes más inspiradores de su ponencia fue la necesidad de construir alternativas. Criticar aquello que no funciona puede ser necesario, pero no suficiente. Según defendió, resulta imprescindible dedicar energías a imaginar y desarrollar propuestas capaces de unir a personas diversas alrededor de objetivos comunes. En definitiva, apostar por una economía y una sociedad que pongan en el centro tanto a las personas como al planeta.

La intervención concluyó con una llamada a la humildad y a la esperanza. Ninguna institución, empresa u organización puede resolver por sí sola los grandes retos de nuestro tiempo. Solo mediante alianzas amplias y cooperación será posible avanzar


Experiencias para construir comunidad

Tras la conferencia principal, la jornada continuó con una mesa redonda moderada por Johana Etxezarraga, que reunió a representantes de distintos ámbitos sociales y comunitarios para compartir experiencias concretas de participación ciudadana y construcción colectiva. La pregunta que lanzó la moderadora sirvió de hilo conductor para todo el diálogo: ¿qué retos democráticos están abordando actualmente sus proyectos y cómo logran implicar a la ciudadanía en ellos?

La primera en intervenir fue Mavi Laiseca, quien explicó que el trabajo de Cáritas va mucho más allá de la atención a situaciones de pobreza o exclusión. Gracias a su amplia presencia en barrios y municipios, la organización mantiene un contacto directo con la realidad social y detecta de forma temprana muchas de las necesidades existentes. Según señaló, esta cercanía genera dos impulsos fundamentales: la compasión entendida como compromiso activo con quienes sufren, y la indignación frente a las injusticias sociales. Ambos sentimientos pueden convertirse en motores de transformación cuando se canalizan a través de la participación ciudadana.

Laiseca identificó además uno de los grandes desafíos actuales: el debilitamiento de los vínculos sociales. Las relaciones vecinales, asociativas e incluso familiares son hoy más frágiles que hace décadas, lo que dificulta la cohesión comunitaria. Frente a esta realidad, defendió la necesidad de crear espacios de encuentro, fortalecer las redes de apoyo mutuo y facilitar que todas las personas puedan participar en la construcción de soluciones colectivas.

A continuación tomó la palabra Txetxu Barandiarán, quien presentó el trabajo de la Fundación Comunitaria Zazpi en el Distrito 7 de Bilbao, una zona que concentra algunos de los mayores desafíos sociales de la ciudad.

Su propuesta parte de una idea diferente a la de muchos proyectos sociales tradicionales. En lugar de centrarse exclusivamente en la atención directa a las personas, la fundación busca fortalecer a las asociaciones y colectivos que ya trabajan sobre el terreno. La intención es actuar como un espacio común capaz de coordinar esfuerzos y generar sinergias entre iniciativas relacionadas con la educación, la cultura, la acción social, la salud y la economía local.

La experiencia demuestra, según explicó, que la construcción comunitaria requiere tiempo, confianza y procesos participativos sostenidos. No existen atajos para generar tejido social sólido, pero cuando se consigue, los resultados tienen un impacto duradero en la calidad de vida de las personas.

El tercer participante fue Roberto San Salvador, investigador y profesor con una larga trayectoria vinculada a la innovación social y al desarrollo comunitario. Durante su intervención destacó la importancia de aprender a convivir con la complejidad sin caer en la resignación o la parálisis.

Desde su experiencia académica defendió el enorme potencial transformador de la educación. Para él, educar significa acompañar a las personas para que descubran sus capacidades y encuentren formas de contribuir al bien común. También subrayó la necesidad de generar espacios donde instituciones, empresas, organizaciones sociales y ciudadanía puedan encontrarse y colaborar.


Del debate a la acción

Lejos de quedarse en una sucesión de intervenciones, la jornada quiso dar protagonismo a las personas asistentes. En la parte final se desarrolló una dinámica participativa orientada a identificar retos comunes y posibles líneas de colaboración futura.

Cada participante tuvo la oportunidad de plasmar una idea inspiradora, un desafío relacionado con la participación ciudadana y una posible alianza que le gustaría impulsar. Posteriormente, en grupos reducidos, compartieron sus reflexiones y experiencias, generando un diálogo rico y diverso entre personas procedentes de ámbitos muy diferentes.

El ejercicio permitió visualizar algo que había estado presente durante toda la mañana: existe un enorme potencial de colaboración entre las organizaciones, instituciones y personas comprometidas con la transformación social. También puso de manifiesto que muchos de los retos actuales —desde la cohesión comunitaria hasta la participación democrática— solo podrán abordarse mediante el trabajo conjunto.

La jornada concluyó con una sensación compartida de optimismo realista. Los desafíos son complejos y no existen soluciones sencillas, pero las experiencias presentadas demostraron que la ciudadanía organizada sigue siendo una herramienta fundamental para construir comunidades más democráticas, inclusivas y resilientes. Un mensaje que, en tiempos de incertidumbre, sonó especialmente necesario

 

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