10 marzo, 2024
ESS

¿Llegó por fin el estado emprendedor a España? Reflexiones desde lxs Activistas de Economistas

Queremos presentaros la que esperamos sea la primera de muchas aportaciones del equipo de Activistas de Economistas sin Fronteras. Cómo ya venimos anunciando, nos estamos encontrando el último martes de cada mes para conversar y debatir sobre ciertos temas a propuesta del grupo.

El pasado mes de febrero, nuestro compañero Jorge Bustamante propuso y moderó el debate sobre «El Estado Emprendedor: Mitos del Sector Público Frente al Privado» (Mariana Mazzucato, 2017). A raíz de esta conversación ha elaborado un gran artículo que pasamos a compartir. Agradecer también a nuestra compañera activista Alba por los diseños que acompañan la entrada web. Recuerda, si quieres formar parte del grupo de Activistas, te animamos a que te inscribas aquí.

¿Llegó por fin el estado emprendedor a España? Comienza la carrera espacial para salvar la vida y el planeta.

Por Jorge López de Bustamante.

Este pasado martes, el Consejo de Ministros del Gobierno de coalición, ha iniciado los trámites para la creación de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), cuyo nacimiento oficial se prevé para el mes de mayo. El objetivo de esta Entidad Pública Empresarial, tal y como se desprende de la referencia del Consejo de Ministros, es el impulso y ejecución de inversiones en sectores estratégicos vinculados a la transformación digital. También persigue la ejecución del PERTE Chip del Plan de Recuperación y participar en las actuaciones relativas al Fondo Next Tech y del Fondo Spain Audiovisual Hub, así como la financiación y apoyo de proyectos tecnológicos emergentes vinculados a la digitalización, la Inteligencia Artificial y el sector audiovisual.

Esta medida viene precedida por un aumento del papel de lo público en los últimos años, dentro del cual destaca el realizado en sector de las telecomunicaciones y la tecnología: El aumento del control estatal en la empresa de satélites Hispasat, en la tecnológica Indra, en la empresa de telecomunicaciones seguras Epicom y, aún en proceso de ejecución, el reciente anuncio de la adquisición por parte del Estado del 10% del accionariado de Telefónica. Parece que se extiende la percepción de que las TICS son las autopistas del futuro, claves para el desarrollo económico y la seguridad. Este cambio de políticas, junto con el papel desarrollado por el fondo de rescate de la SEPI a empresas estratégicas durante la pandemia, supone el fin del consenso ochentero de que la mejor política industrial es la que no existe. Esta situación, además, podría ir más allá y suponer la puesta en marcha de una estrategia de Estado Emprendedor y una política económica de innovación y desarrollo industrial por misiones en España.

Normalmente la visión que se nos da del estado desde la economía neoclásica y keynesiana es una visión pasiva, aparentemente no productiva, ligada a diferentes objetivos: En primer lugar, garantizar un marco institucional, reglas de juego y derechos de propiedad, en el que se desarrolle el mercado y tengan lugar las relaciones económicas. En segundo lugar, una actuación vinculada a arreglar los llamados fallos del mercado. En tercero, una intervención cíclica de la economía, enfriándola durante las épocas de bonanza para evitar burbujas y saliendo a su rescate durante las crisis, con el fin de amortiguar el golpe y tratar de reactivarla. Y, en cuarto lugar, una intervención destinada principalmente a objetivos redistributivos y de equidad, lo que entenderíamos por lograr una cierta justicia social que el mercado jamás otorga. 

 

Sin embargo, la economista italiana Mariana Mazzucato y su teoría del Estado Emprendedor rompe con esta tradicional visión de lo público y le añade un papel activo dentro de la política económica, industrial y de innovación. Mazzucato nos expone que las grandes innovaciones han sido obra del estado, no del sector privado, y lo ilustra principalmente con los ejemplos de las telecomunicaciones y del sector farmacéutico. Nos muestra que, en contra de la percepción generalizada, inventos tan populares como Internet, el GPS o incluso el IPhone son en verdad inventos estatales. Esto se debe a que los mismos son consecuencia no solo las grandes aportaciones de la ciencia básica que desarrollan principalmente las universidades públicas, sino porque estos inventos no existirían sin el gran esfuerzo inversor de los presupuestos públicos durante la guerra fría y la carrera espacial que, asumiendo riesgos en los que jamás se habría aventurado el sector privado, permitieron el desarrollo de innovaciones, bajo liderazgo y coordinación de lo público, que cambiaron la forma de vida. La economista hace un análisis homologable del caso del sector farmacéutico y el desarrollo de tratamientos médicos. Por ello, reivindica el papel del estado como planificador de la economía, dentro de una política industrial orientada por misiones, en las cuales lo público fija unos objetivos de interés general de medio y largo plazo y dirige al sector privado hacia su consecución, proponiendo al mismo tiempo una participación estatal en los beneficios logrados.

Volviendo al caso español, habrá que seguir con detenimiento los pasos que da el gobierno de coalición en el desarrollo de la SEITT y su coordinación con las empresas de la SEPI, las empresas intervenidas por el Fondo de Rescate de Empresas Estratégicas y la inminente nacionalización parcial de Telefónica, pero el futuro puede ser prometedor, en el que habrá muchas claves a tener en cuenta: La primera será las “misiones” de desarrollo que se marque el ejecutivo, entre las que deberían de ser fundamentales tanto la transición ecológica (“Misión Salvar el Planeta”) como el desarrollo de los cuidados tanto en la infancia como en la vejez (“Misión Poner los Cuidados en el Centro”/”Misión Desarrollar el Cuarto Pilar del Estado del Bienestar”), hacia los que dirigir al sector privado. La segunda será el papel planificador que tenga la SETT en las inversiones que ejecute, si se comporta más como una suerte de ICO 2.0 o si actúa verdaderamente como un fondo de inversión estatal que tome un papel de liderazgo activo en las inversiones que realice. La tercera será el encaje que logre dentro de la restrictiva normativa europea de defensa de la competencia, si bien la UE está revisando su política industrial en la buena dirección, debido a las enormes vulnerabilidades detectadas en la misma durante la pandemia y Guerra de Ucrania. Y, por último, sería interesante conocer hacia qué tipo estructuras empresariales van destinadas estas inversiones, si se limitan a las empresas tradicionales o si tendrá su papel el conglomerado de economía social y solidaria dentro de la estratégica planificadora, contribuyendo a su desarrollo guía.

De estas y otras claves dependerá hacia qué puerto navegará este esperanzador anuncio. La llegada del hombre al espacio y a la Luna son hitos históricos cuya utilidad práctica puede estar en debate, pero lo que no lo está es que dejaron unas permanentes innovaciones y un potente tejido empresarial vinculado a ellas en los estados que se aventuraron a ejecutar esas “misiones”. Cumplir las misiones de salvar el planeta ante la crisis climática y de garantizar los cuidados en una sociedad cada vez más envejecida serían hitos históricos de indudable utilidad, y si lo logramos generando innovaciones tanto tecnológicas como sociales que mejoren la vida de la población, junto como un potente e inclusivo tejido económico vinculado a ello habríamos realizado nuestra particular carrera espacial para generar un sistema económico más justo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

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