2 diciembre, 2021
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Los retos de la inversión de impacto

Por Gloria González Sanz, Área de Responsabilidad Social Corporativa e Inversiones Éticas de Economistas sin Fronteras

Artículo publicado en valorsocial.info,  28 noviembre, 2021

La pandemia derivada de la COVID-19 ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad a la que la ciudadanía mundial se ve expuesta a nivel global. Situaciones como esta han remarcado la necesidad de invertir en determinados sectores y países, especialmente en aquellos que tienen una posición más frágil por el contexto socioeconómico en el que se encuentran. Un tipo de inversiones, cada vez con más potencial, y que buscan no solo la rentabilidad financiera sino la generación de un impacto social y/o ambiental positivo, son las inversiones de impacto.

El mundo del siglo XXI está inmerso en una ola de consumo creciente y desproporcionado, que tiene una repercusión directa sobre el estado del medio ambiente lo que, a su vez, genera movimientos migratorios de millones de personas cada año. Todo ello, sumado al poder hegemónico de algunos estados y empresas que toman sus decisiones estratégicas en base a la especulación y la acumulación de riqueza, deriva en un crecimiento mundial que avanza en una dirección radicalmente opuesta al “desarrollo sostenible”, tan protagonista por encontrarse como línea trasversal en la Agenda 2030 como actor secundario para gran parte de los agentes económicos del capitalismo. Es por ello que si realmente el desarrollo sostenible es un objetivo clave a alcanzar en los próximos años, las inversiones habrán de dar ese giro tan esperado y ya en parte impulsado por la Taxonomía de la UE. Dichas inversiones se enmarcan en aquellas que ahora se conocen como “inversiones sostenibles” y han de hacer frente al gran reto de la medición de dicho impacto y su correspondiente reporte. Hasta aquí unas notas sobre esta tipología de producto financiero.

Fuente: «Inversión con mayor valor para la sociedad. Fundamentos y pautas de aplicación», de SOCIAL GOB

De otro lado, se encuentran las empresas y/o países en los que realizar la inversión. ¿Acaso todas las empresas y países son objetivo de este tipo de inversiones? La respuesta claramente es “no”. Se necesitan empresas cuyo foco sea la búsqueda de impactos positivos con su actividad, que no deja de ser uno de los objetivos de la responsabilidad social empresarial: maximizar los impactos positivos y minimizar los negativos. Ahora bien, si cada vez son más las empresas que presentan sus Estados de Información No Financiera y Diversidad (EINFD) cada año, y dicen velar por el cumplimiento de los ODS, ¿por qué no todas ellas pueden ser receptoras de este tipo de inversiones? Y es que los inversores que se decantan por esta modalidad de inversión buscan ir más allá de las vías tradicionales, o incluso de una ISR cada vez con mayor protagonismo en Europa; lo que persiguen es un verdadero impacto positivo en el entorno de las empresas, asociado a indicadores concretos, como el consumo de agua o la estabilidad climática, y que muestren datos relevantes que avalen dicho impacto. Por ello, aunque las inversiones de impacto superan los 700.000 millones de dólares en todo el mundo, aún son minoritarias respecto a otro tipo de inversiones.

Unido a esta dificultad en la medición y la homogeneización en el reporte, cabe destacar la escasez de sinergias público-privadas formalizadas al respecto a nivel internacional, así como la carencia de legislación en la materia. Como se puede observar, nos encontramos ante un mercado aún incipiente y al que le queda un largo camino por delante.

A modo de conclusión, señalar que:

  • Las inversiones de impacto persiguen no sólo rentabilidad económica para quien la realiza, sino también la generación de un impacto positivo en su entorno.
  • Se enfrentan a retos como: la medición de los resultados, la creación de una metodología homogénea para el reporte, así como la elaboración de un marco regulatorio a nivel estatal y supranacional.
  • Otro reto, en este caso vinculado a la tipología de empresa, tiene que ver con ser capaces de instrumentalizar estas inversiones no sólo a empresas en fase de crecimiento y start up, pertenecientes a sectores tan concentrados como la tecnología o las microfinanzas. ¿Llegaremos a ver un tipo de inversión de impacto dirigido a una variedad de sectores más tradicionales o castigados por los mercados internacionales? ¿Podría llegar a tener una mayor presencia en empresas de la economía social?
  • El hecho de que con una inversión se genere un impacto positivo en un determinado ámbito no implica que la inversión sea responsable por definición, pues podríamos encontrarnos con una empresa que generara impactos positivos con su actividad y que a su vez contara con un órgano de gobierno corrupto o no cumpliera con una fiscalidad responsable.
  • Aún falta transparencia en los procesos y formación, tanto por el lado de la oferta como por la demanda.

Se trata de una tipología de inversión mayoritariamente institucional, de manera que pueden pasar lustros hasta que se vehiculen sus estrategias orientadas al mercado retail. No cabe duda de que tenemos por delante una tipología de inversión con un gran potencial de transformación social. Que se trate de un nuevo mercado transitorio o que realmente se afiance con solidez en los próximos años, puede marcar un punto de inflexión en la salud de nuestro planeta.

 

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