Mi experiencia de voluntariado en República Dominicana

Mi nombre es José Andrés Soberbio Martín, acabo de finalizar mis estudios en la Universidad de Granada en el Grado de Finanzas y Contabilidad y gracias al proyecto "Experiencia en terrene como herramienta para la Sensibilización y la Educación para el Desarrollo" del Centro de Iniciativas de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de Granada y con el apoyo de Economistas sin Fronteras y el Centro Pedro Francisco Bonó he podido pasar los dos ultimos meses en Santo Domingo ampliado mis conocimientos y descubriendo una nueva realidad social para mi.

Poco o nada conocía yo de esta isla situada en el mar Caribe y que es compartida por República Dominicana junto con Haití.

En esta isla bautizada como La Española es donde Cristóbal Colón fundo su primera ciudad en América, y digo esto porque en América ya existían otras ciudades, antes de la llegada de los europeos.

Eran muchos los prejuicios y "consejos" que rondaban en mi cabeza sin yo percatarme de ellos:

"…los mosquitos te devorarán…"

"…ten cuidado con las chicas de allí…sólo quieren venir a Europa y salir de aquello…"

"…no lleves cosas de valor a la vista…"

Pues bien, cual es mi sorpresa, cuando llego a Santo Domingo después de 9 horas de avión y me encuentro que la mayoría de estos prejuicios son falacias, menos el de "…la gente por allí es muy amable…" No hay mosquitos, salvo en el campo claro; la gente no se acerca a ti por su interés; y bien es cierto que la seguridad no es como en Europa, por la noche no es aconsejable caminar solo y desgraciadamente los robos y atracos son frecuentes en la ciudad, pero tampoco hay robos en cada esquina, yo por ejemplo sufrí un atraco en la zona más turística de la ciudad, donde se supone no ocurren estas cosas, y un carterista me robó el celular, un hecho que ocurre en todas las grandes ciudades, sin excepción.

Me instalo en el barrio de San Carlos, un barrio humilde de la ciudad pero que tiene muchas comodidades si lo comparamos con otros de la ciudad, en esta zona al menos la electricidad es "constante", y lo hago junto a dos chicas dominicanas con las que compartiré apartamento.

barrio san carlos 2
Barrio de San Carlos

Seguridad

La corrupción en República Dominicana es el pan de cada día, este es un hecho que salta a la vista pero que yo tuve la mala fortuna de presenciar en vivo y en directo. La primera noche que "salí de fiesta" me reuní con unas amigas y unos amigos en el parque Duarte, donde es común que la gente se cite para tomar unas "Presidentes", que es la cerveza típica de aquí.

En un momento de la noche un chico realizó una mala acción, no digo cual para no causar problemas, que debería haberse solucionado con una sanción administrativa, ya que fue algo insignificante. Pues bien, en este caso los policías lo detuvieron, lo golpearon en la calle, ante una multitud, y lo metieron en el calabozo donde más tarde un comandante de la policía nacional le pidió un soborno para poder irse o si no podría pasar un mes en prisión. Ante esta tesitura este chico pagó el soborno de 4,000.00 pesos (80.00 euros), una cantidad bastante elevada si tenemos en cuenta que el sueldo medio, con el que no se cubre casi ni las necesidades básicas de una familia, ronda los 12,000.00 pesos.

A día de hoy desconozco si se denunció al policía corrupto, ya que hubo algunos vídeos de la acción circulando por redes sociales, e incluso una cadena de televisión dominicana se hizo eco del incidente.

Esto me demostró que hay mucho por lo que luchar respecto a este tema y mucho que educar.

Día a día

Mi día a día en República Dominicana comenzaba con el despertador sonando a las 8.00 a.m. tras lo cual tomaba una ducha fría, único momento del día para poder hacerlo, me vestía, desayunaba un tazón de cereales y salía a la gran aventura de conseguir una guagua para ir a la oficina.

La guagua es uno de los muchos transportes públicos en Santo Domingo, en dos meses no he descubierto cuantas  clases de vehículos existen en la ciudad: guagua grande, guagua mediana, guagüita, taxi, taxi compartido, motoconcho,…

La característica principal de la guagua pequeña es que es una pequeña furgoneta en la que se aprovecha todo el espacio, tanto es así que en ella pueden viajar más de 20 personas, no sé como lo hacen pero aparecen asientos por todos lados.

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Guagua

La actividad de voluntariado la desempeñaba en el Centro Bonó junto a maravillosas personas con quienes aprendí mucho sobre la realidad dominicana, sobre las actuaciones que se llevan a cabo desde la institución, además del funcionamiento de la ONG. Elaboré informes, mapas conceptuales, participé en múltiples reuniones del equipo y ayué en la elaboración de una campaña con jóvenes sobre las dificultades y necesidades que tiene este grupo de edad para lograr una estabilidad laboral y financiera.

Aparte de las fantásticas amistades con las que he vivido y con las que he compartido esta experiencia, una de las cosas que me llevo bien guardada en la mochila es la gastronomía dominicana qué cosas más deliciosas ¡por favor! plátano frito, pastelón de yuca, el típico arroz con pollo, bollitos de yuca con queso, infinidad de jugos y batidas, multitud de frutas como lechosa, sapote, mango, limoncillos, cerezas tropicales, etc.

Todo esto gracias a mis magníficas compañeras de apartamento que con paciencia me explicaron todos los procesos de elaboración, y a las comidas compartidas que realizábamos todos los miércoles en el Centro Bonó.

Arena y sol

Os estaréis preguntando si es que no he ido a la playa, pues sí, he estado en varias, todas ellas lindísimas, pero en la que más disfruté fue en Boca Chica, quizás fue por el grupo de gente con el que fui, quizás por la brisa que hacia ese día  o quizás por el magnífico  pescado que comimos. Igualmente cualquier playa en República Dominicana es estupenda, algunas recomendaciones que recibí son San Cristóbal, Las Águilas o Guayacanes, todas ellas maravillosas playas. En ellas es facil de encontrar a artesanos de la madera que venden autenticas obras de arte.

artesania de vendedor ambulante en boca chica
Artesanía de vendedor ambulante en Boca Chica

Por último  y para concluir solo decir que estas experiencias no van a cambiar tu vida, es decir, no vuelves conectado con la Pachamama ni nada de eso, pero sí te da una amplia visión de la vida y de lo que ocurre en otras partes del mundo, te ayuda a apreciar las cosas de las que dispones y a poder disfrutar de un día sin electricidad o sin Internet sin poner el grito en el cielo.

Me despido de esta isla con un gran ¡hasta pronto!

por ​José Andrés Soberbio Martín

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