29 octubre, 2014
Andalucia

Nos acordamos de Pakistán cuando sale Malala en las noticias

Por Rosario Goñi Nos acordamos de Pakistán cuando sale Malala en las noticias, le dan un premio y pensamos lo dura que ha sido su vida. Luego seguimos a lo nuestro. Sin embargo aun teniendo nuestra conciencia apaciguada, le hemos dado el Nobel de la paz, el problema sigue existiendo. 2014 no ha sido un buen año para Pakistán. El año comenzó con la muerte de otro joven. Aitizaz Hasan murió por impedir un ataque suicida en su colegio. Dentro había 2.000 alumnos. En la UE se habló la semana pasada sobre Pakistán, aunque esto no salió en los medios de comunicación. La Unión mostró su preocupación por el aumento de la violencia sectaria, la intolerancia y la represión sobre las mujeres de este país. Revisando los informes realizados por el Instituto de Pakistán para Estudios de Paz (PIPS) y los de la Comisión de DDHH de Pakistán (RPC) se constata que la situación no ha mejorado. Todas las religiones son atacadas. Musulmanes chiítas, santuarios sufíes, comunidades esmaelitas, templos hindúes. Los derechos de los niños son vulnerados de forma constante. Lo más llamativo o lo más conocido es la casi imposibilidad para las niñas y jóvenes paquistaníes de ir al colegio y recibir una educación. Pero no hay que olvidar que Pakistán no cuenta con leyes específicas que regulen el empleo de niños menores de edad en el servicio doméstico. Son muchas veces vendidos, explotados, maltratados y asesinados. La situación de los acusados por blasfemia es un ejemplo de cómo la vida cotidiana de la población va empeorando. Los presuntos blasfemos casi no pueden defenderse en el juicio. El asesinato de Rashid Rehman por defender a un acusado de blasfemia cuyo caso nadie quería defender ha atemorizado a toda la ciudadanía. Una ciudadanía que ve como los procesos judiciales son extremadamente lentos y como los derechos de los detenidos son vulnerados. Atención sanitaria escasa, tiempo de incomunicación elevado son algunas de las situaciones que deben vivir. El secuestro como forma de extorsión es un negocio y el fracaso de la policía incrementa el miedo de toda la población. Muchas familias se ven  obligadas a abandonar sus hogares con el daño sicológico que ello conlleva. La situación de los desplazados dentro del propio país a causa de conflictos y el olvido de sus necesidades por parte del Estado también han sido criticados. Es sabido que los hogares encabezados por mujeres desplazadas tienen mayores problemas para acceder a las ayudas, alimentos o atención médica. Los trabajadores de la salud son otro colectivo muy agredido por la violencia sin sentido. Encuentran muchos problemas para realizar su trabajo ya que la vacunación contra la poliomielitis por ejemplo no se ve con buenos ojos por parte de los más radicales. Pero también tienen problemas con su seguridad, algunos han sido asesinados o tienen miedo de serlo sobre todo aquellos que trabajan en áreas rurales donde ayudan a los niños más vulnerables. Ante esta situación no basta que Europa diga que está preocupada. Pakistán necesita ayuda. Digo ayuda no intervención. Las autoridades intentan hacer progresos, las críticas de organizaciones paquistaníes como las citadas es ya un progreso. Sin embargo los problemas tienen una envergadura tal que no se podrá avanzar de una forma rápida  sin cierto apoyo internacional. Creo que es deber de Europa de implicarse más. Los gestos son importantes no cabe duda, dar premios, hacer pública la preocupación existente pero el sufrimiento de la gente es tanto y tan grande que bien merecería una implicación más concreta.

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