Responsabilidad social de las empresas e igualdad de género

Los días 19 y 20 de mayo, Economistas Sin Fronteras asistió a las Jornadas Interuniversitarias “La Estrategia Europa-2020 y las políticas públicas a favor del empleo, de las mujeres emprendedoras y de la igualdad salarial”, en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, celebradas con el objetivo de analizar las políticas públicas que en el marco de la Estrategia 2020 han de diseñar los Estados miembros, para promover la igualdad de sexos en el ámbito económico y laboral.

Dichos objetivos fueron abordados desde puntos de vista tan variados como la importancia de las políticas públicas a favor de la igualdad; violencia, exclusión social y desigualdad económica y laboral entre mujeres y hombres; autoempleo y emprendimiento femenino; empleo femenino y brecha salarial; conciliación y negociación colectiva; liderazgo empresarial; fiscalidad e igualdad económica entre mujeres y hombres; presupuestos participativos y presupuestos públicos en clave de género; y responsabilidad social (en adelante, RS) en las empresas e igualdad de género.

Este último tema fue abordado en la Mesa integrada por José Antonio Fernández Amor (Profesor Titular de Derecho Financiero, Universidad Autónoma de Barcelona), Carolina Gala Durán (Profesora Titular de derecho del trabajo y de la Seguridad Social, Universidad Autónoma de Barcelona) y Miguel Ángel Sánchez Huete (Profesor Titular de Derecho Financiero, Universidad Autónoma de Barcelona), quienes desarrollaron el vínculo entre la Responsabilidad Social, la fiscalidad, las subvenciones y las políticas de igualdad.

El profesor José Antonio Fernández, expuso cómo la Estrategia 2020 no hace mención expresa a las políticas de igualdad, lo que pone de manifiesto la inexistencia de apuestas decididas desde Europa, destinadas a corregir los desfases existentes en esta materia. Ante ello, propuso dos medidas:

Desde el ámbito de lo público, la “extra-fiscalidad”, que tiene que ver con el coste social de la desigualdad de género, abordándolo bien en lo relativo a la integración de las mujeres en las empresas, o bien en lo relativo a la brecha salarial.

Desde el ámbito privado, la Responsabilidad Social, que permita llevar a cabo una transformación de las entidades, no habiendo de buscar meramente la maximización de sus beneficios, sino la consecución de dichos beneficios de una manera sostenible, permitiendo a la empresa participar activamente en el desarrollo social no sólo a través de la vía impositiva, sino de una manera mucho más directa.

Por otro lado, Miguel Ángel Sánchez valoró la importancia de la RS en cuanto al papel fundamental que tienen las empresas para el desarrollo de una comunidad; al carácter voluntario de estas prácticas; al contenido ético que aportan, generando un beneficio común en valores compartidos; y a la visión pragmática que permite a la empresa posicionarse en el mercado. Basándose en ello, la Igualdad sí puede considerarse un contenido de la RS, en cuanto a medidas que no sean exigibles por la ley (si fuese así se trataría del cumplimiento de la legislación y no de una cuestión de RSC). Sin embargo, la realidad pone de manifiesto que no bastan las leyes para que la igualdad sea efectiva y es en ese entorno en el que la RS habría de contemplarse en las políticas públicas, con el fin de que promovieran y facilitaran los medios necesarios para conseguir una igualdad real. En este sentido, el profesor contempló la figura de las subvenciones, como un mecanismo de intervención.

Por último, Carolina Gala expuso la RSE como un nuevo instrumento para conseguir la igualdad, basándose en diversos textos comunitarios y estatales, como el Informe de la Subcomisión del Congreso para potenciar y promover la RSE (2006) y la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, especialmente en sus artículos 43-45 y 73-75.

En definitiva, una vez más se puso de manifiesto que la RS ha de tener carácter normativo aunque no obligatorio, y que está dotada de un contenido ético que impulsa la consecución de beneficios sociales, como la igualdad efectiva entre mujeres y hombres.

Igualdad que, en pleno siglo XXI, aún está por alcanzar.

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