Otra Economía Está en Marcha con Stefano Prato

Los próximos días 8 y 9 de abril tendrán lugar en Madrid las jornadas ‘Otra Economía Está en Marcha’, organizadas por Economistas sin Fronteras. En la conferencia inaugural tendremos el lujo de contar con Stefano Prato, director de la Society for International Development (SID), que tratará de reflexionar sobre economía y desarrollo.

¿Qué economía para qué desarrollo? Con este interrogante Prato abre unas jornadas en las que se abordarán cuestiones relacionadas con la Agenda Internacional de Desarrollo, partiendo desde diferentes enfoques transformadores, como el de la economía feminista, la ecológica o la de los comunes.

En este sentido, la crisis actual debe ser comprendida desde sus múltiples facetas: no se trata únicamente de una crisis económica, sino también política, social y cultural. Y es que en buena medida, no se puede entender lo económico como algo estanco y desligado del ámbito de lo político, lo social o lo cultural. El crecimiento de la desigualdad, un hecho que no es solo consecuencia de la crisis económica, sino también causa de la misma, es un fenómeno que aglutina y se expresa en múltiples dimensiones. Para Stefano Prato, el fenómeno de la desigualdad debe ser reconceptualizado. En esta línea, Prato señala la necesidad de encuadrar la desigualdad en las diferentes dimensiones en las que se expresa: política, social y económica; así como detectar las distintas líneas de fractura que la vertebran: vertical, horizontal, espacial o intergeneracional. No podemos entender la desigualdad si no reparamos, por ejemplo, en su dimensión de género, en cómo se estratifican las diferentes clases sociales o en cómo se configura geográficamente.

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Asimismo, Stefano Prato trata de enmarcar la desigualdad en un enfoque en el que habría que considerar tres esferas, distintas pero interconectadas, a la hora de abordar este fenómeno: una descriptiva, otra analítica y una última normativa. En esa primera categoría descriptiva, habría que tomar en consideración las diferentes formas de medir la desigualdad, pues solo a partir de un diagnóstico preciso y certero se puede describir de manera adecuada la magnitud del problema al que nos estamos refiriendo. Respecto a la esfera analítica, habría que tomar en consideración que la desigualdad es un concepto relacional, es decir, que la exclusión y la marginación de unos es tan solo una cara de la moneda, en cuyo reverso se encuentra la prosperidad de otros. Esto permite ir más allá de los análisis, a veces confusos, otros interesados, que centran el problema de la desigualdad reduciendo el foco de análisis exclusivamente en la pobreza, y obviando, por tanto, que por regla general el empobrecimiento de unos es causa del enriquecimiento de otros. Por último, en la esfera normativa, estrechamente relacionada con las dos anteriores, deben tenerse en cuenta los programas de intervención política con el objetivo de corregir la desigualdad.

Sobre esto último, Stefano Prato apunta la dificultad que supone trazar líneas de acción política encaminadas a la reducción de la desigualdad en un contexto como el actual. En concreto, Prato hace referencia a la expansión de la globalización económica, la paulatina pérdida de soberanía nacional a través de los diferentes tratados internacionales, la continua reducción del papel que desempeña el Estado en el desarrollo o el rol que juegan las grandes compañías transnacionales en el estrechamiento y la captura de espacios democráticos. En definitiva, se refiere al avance en la mercantilización de la vida y el cuerpo humano.

Para combatir esta realidad, resulta necesario articular un contrapeso, situar en el centro de la agenda económica y política la justicia social, la equidad, la ecología y el respeto por la diversidad. Un contrapeso que debería basarse en tres pilares. Un primer pilar basado en el reconocimiento y la reafirmación del papel central que juegan los derechos humanos. En segundo lugar, repensar la modernidad, en el sentido de transformar el actual modelo de producción y consumo: una noción productivista, lineal e ilimitada del progreso, a todas luces insostenible. Por último, un tercer pilar debe articularse sobre la resistencia a las actuales dinámicas de construcción de marcos de alternativas sociales, económicas y políticas. Para impulsar procesos de cambio económico y social debe darse voz a los movimientos sociales, cuya participación directa y su capacidad de liderar posibles alternativas al actual orden de cosas se torna crucial.

Hace más de medio siglo, el economista Karl Polanyi ya nos advertía de la gran transformación que estaba sufriendo la sociedad. Una transformación que pivotaba en un movimiento pendular entre economía y política, entre mercantilización y democracia, en favor de lo primero y en detrimento de lo segundo. Hoy en día seguimos atrapados en esa misma lógica, pues asistimos a una “desdemocratización” de la economía y a una mercantilización de la política. En nuestras manos queda impulsar el péndulo, es decir, la economía y la política, en la otra dirección.

El roto desigualdad

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