Toda realidad ignorada prepara su venganza

Por Alejandro Vázquez  

Artículo publicado en elsaltodiario.com, 9 de enero, 2023

 

Tan inquietante advertencia corresponde al filósofo José Ortega y Gasset en uno de los párrafos finales del «Epílogo para ingleses» de su Rebelión de las masas. En Democracia, y más aún en tiempos de crisis como los actuales, no hay actitud que resulte más arriesgada que ignorar activamente la situación política y socioeconómica de tu entorno.

Si la Historia nos ha enseñado algo es, sin duda, que debes desconfiar siempre de las grandes promesas. En teoría, se suponía que el comunismo era el sistema político más genuinamente democrático, pero en la práctica produjo algunos de los regímenes totalitarios más brutales de la historia. Del mismo modo, la promesa de un nuevo capitalismo racional preocupado por el individuo y adaptado a sus necesidades, ha dado lugar a la tiranía global de Silicon Valley y reducido los seres humanos a algo menos que clientes, empleados o incluso productos, es decir, a materia prima para nuevos procedimientos de fabricación y venta. Para ello estos nuevos gigantes se han valido principalmente de las redes sociales, las cuales han cambiado nuestra forma de relacionarnos y de utilizar Internet. Facebook, Twitter, Instagram y otras son las compañeras diarias de muchas personas y, a pesar de todo lo bueno que te pueden aportar si las utilizas adecuadamente, son extremadamente peligrosas y adictivas.

Con la introducción de los teléfonos inteligentes, muchas personas ahora caminan voluntariamente con un dispositivo en el bolsillo que rastrea todo el día lo que hacen. Estos dispositivos rastrean a dónde vamos, qué comemos, a quién vemos, nuestras preferencias, con qué rapidez se capta nuestra atención, etcétera. Básicamente, hemos aceptado el espionaje a gran escala. Las plataformas de redes sociales que utilizamos en esos dispositivos tienen acceso a nuestros datos y las empresas pueden utilizarlos para manipularnos.

Las redes sociales crean circuitos de retroalimentación para el consumidor que lo manipulan psicológicamente, dándole una inyección de dopamina cada vez que a alguien le gusta su foto o comenta su publicación. Y esto crea adicción. Al final esta adicción te convierte poco a poco en un zombi, anulando paulatinamente tu libre albedrío. Las redes sociales cambian tu forma de comportarte. Facebook y otros gigantes de las redes sociales ganan dinero con la modificación del comportamiento, ya que recopilan datos sobre ti y te envían anuncios y contenidos cada vez más personalizados que acaban retroalimentando tus propios sesgos sobre tu visión de la realidad.

Es un hecho generalmente aceptado que vivimos en un mundo de posverdad. Abundan las noticias falsas y puede resultar difícil distinguir lo que es cierto de lo que es falso. Las redes sociales contribuyen a crear y perpetuar noticias falsas y teorías conspirativas. El contenido que se ve en las redes sociales a menudo ha sido patrocinado por grandes instituciones corporativas, por lo que está sesgado. Las plataformas regidas por incentivos económicos no tienen la verdad como uno de sus principios rectores, sino su propio lucro. Además, en las redes sociales algunas personas se obsesionan tanto con la competición por el estatus social, que pueden quedar cegadas ante una realidad más amplia.
Lo que empeora aún más las cosas son los perfiles falsos en Internet. Puede que hayas comprado algo porque tiene muchas críticas positivas, o hayas visto un vídeo porque muchas otras personas lo han hecho. A menudo, estas críticas han sido creadas por bots o algoritmos que retuitean o recomiendan vídeos. Si en tu grupo hay algunos de estos falsos perfiles, puede que te estén tratando de manipular sin que ni siquiera te hayas percatado.

Las redes sociales, al menos en parte, te convierten en una persona falsa, proclive al postureo y adicta a la aprobación inmediata por parte de los otros; una humilde célula que forma parte de un gran súper organismo. Te adhieres a sus reglas. Cambias tu forma de actuar, hablar y expresarte. Por ejemplo, cuando hablas con tu asistente digital personal, automáticamente empiezas a hablar más como un robot y menos como un humano. Las redes sociales y las empresas que están detrás de ellas han capitalizado el concepto de espiar y manipular a la gente. Las redes sociales están creadas para ser adictivas, pero exponerse demasiado a ellas puede suponer perder tu empatía, tu libre albedrío, tu autoexpresión y, en última instancia, tu privacidad y humanidad. Para volver a ser un ser humano autogobernado, creativo e independiente, tendrás que mantenerte alerta ante las formas en que las redes sociales pueden intentar manipularte y siempre evitar en lo posible el auto engaño.
Orwell temía el totalitarismo del estado policial y hablaba de una entidad política omnipresente e invasiva como el Gran Hermano. Actualmente nos enfrentamos a una nueva y omnipresente infraestructura sensitiva, interconectada y computacional, que podríamos denominar como el ‘Gran Otro’, debido a la alienación de los individuos como resultado de sus prácticas, por lo que podríamos ir camino de convertirnos en algo peor que un estado policial: un colectivo instrumental.

En los estados totalitarios, se conoce el rostro del enemigo y contra quién rebelarse. En nuestro mundo instrumental y líquido, el enemigo no tiene rostro y rebelarse contra él significa rebelarse contra tu propia conveniencia. Aunque no es asesino, el instrumentalismo es tan sorprendente, incomprensible y nuevo para la historia humana como fueron los totalitarismos para sus testigos y víctimas. El totalitarismo fue un proyecto político que convergió con la economía para arrollar a la sociedad. El instrumentalismo es un proyecto de mercado que converge con lo digital para lograr su propia y única marca de dominación social.

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