
El número de Dossieres EsF correspondiente a este verano de 2025 está dedicado al turismo. Ha sido coordinado por María Jesús Such Devesa y Patricia Aranda Cuéllar, de la Universidad de Alcalá.
En un mundo marcado por la incertidumbre, el turismo se reafirma como motor económico global, pero su aparente fortaleza oculta una profunda fragilidad. Tras la recuperación postpandemia y el auge caracterizado por la recuperación de cifras récord, el sector enfrenta desafíos críticos derivados de tensiones económicas, políticas, sociales y medioambientales.
Este número 58 de Dossieres EsF de Economistas sin Fronteras plantea la necesidad urgente de reorientar el modelo turístico hacia la sostenibilidad y la innovación, no como mero etiquetado, sino como pilares transformadores. Promueve un enfoque que supere la lógica del crecimiento ilimitado y apueste por la convivencia equilibrada entre visitantes, comunidades y entornos. Desde una mirada micro y macro, se abordan los impactos reales del turismo y se reclama evidencia empírica para una planificación adecuada. El dossier se organiza en ocho artículos elaborados por investigadores de diferentes universidades y otras instituciones y subraya que el turismo del futuro debe sostener territorios y personas, integrándose en una visión de desarrollo justo, participativo y ecológicamente viable.
Reproducimos a continuación la presentación del número, a cargo de las coordinadoras.
PRESENTACIÓN: TURISMO EN LA ENCRUCIJADA: DILEMAS GLOBALES Y RESPUESTAS LOCALES
María Jesús Such Devesa y Patricia Aranda Cuéllar, Universidad de Alcalá
En un contexto global marcado por la incertidumbre, el turismo se ha reafirmado como uno de los principales impulsores de la economía mundial, generando alrededor del 10% del PIB y del empleo a nivel global. Tras el paréntesis provocado por la COVID-19, el sector ha experimentado una recuperación rápida, alcanzando cifras récord de turistas. Este repunte ha sido interpretado como un signo de resiliencia, aunque también pone de manifiesto la creciente dependencia de un modelo frágil, expuesto a las tensiones políticas, sociales y medioambientales propias del siglo XXI.
En este escenario, sostenibilidad e innovación se consolidan como fundamentos imprescindibles de la competitividad turística, orientando el sector hacia un modelo equilibrado y con perspectiva de futuro. Se trata de redefinir el modelo sin necesidad de renunciar al bienestar, apostando por formas de turismo y estilos de vida que se adecúen a los límites ecológicos del planeta y a las necesidades sociales de quienes lo habitan. Un modelo turístico que no se base en el crecimiento ilimitado, sino en la posibilidad de seguir viviendo, acogiendo y coexistiendo en los destinos turísticos sin agotarlos, ofreciendo así un horizonte de esperanza tanto para las personas como para el planeta.
Este dossier explora, desde una perspectiva micro y macro, la realidad y los retos que atraviesan hoy la actividad turística y los agentes que la configuran, con el propósito de que conceptos tan profundos y sensibles para el futuro del sector como la sostenibilidad o la innovación no se vacíen de contenido, sino que se erijan como potencias transformadoras.
Avanzar hacia un modelo de turismo más consciente exige, antes que nada, contar con evidencia empírica que permita dimensionar el impacto real de la actividad. Solo a partir de un diagnóstico riguroso sobre estos efectos es posible formular estrategias que promuevan su sostenibilidad y contribución real al bienestar colectivo.
En esta línea, el estudio realizado desde la Universidad de Alcalá sobre la huella de carbono asociada al comportamiento turístico de la población española («HC-TUR: Los turistas españoles ante la compensación de su huella de carbono», PIUAH23/CSJ-026) —del que se derivan, entre otros, el artículo que se incorpora a este dossier— busca disponer de un mayor conocimiento sobre el impacto del ser humano en el calentamiento global y cómo minimizarlo. En general, la industria turística busca disminuir su contribución al cambio climático, como evidencia la Declaración de Glasgow, que subraya la urgencia de transformar los actuales modelos de producción y consumo en el sector en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Asimismo, entidades como la Agencia Internacional de Energía (IEA) han señalado la magnitud de las transformaciones necesarias para alinear el crecimiento del turismo con la agenda climática.
En este contexto, los hábitos de consumo de los turistas cobran especial relevancia, ya sea por su propio comportamiento como consumidores como por su potencial para impulsar una oferta turística con menores niveles de emisiones. El estudio llevado a cabo por Mario Burgui Burgui, Marta Rodríguez-Rey Gómez, Inmaculada Aguado Suárez, María Jesús Salado García y María Jesús Such Devesa plantea el desafío de traducir los hallazgos acerca del comportamiento turístico de la población española en acciones concretas que beneficien tanto al planeta como al propio sector turístico.
A propósito del comportamiento de los turistas y su impacto ambiental, Bartolomé Deyà Tortella y Dolores Tirado Bennasar (Universitat de les Illes Balears) firman un artículo sobre la intensidad en el consumo de agua de la actividad turística. Uno de los desafíos ambientales más urgentes de la humanidad es el estrés hídrico, es decir, la incapacidad de cubrir la demanda de agua dulce en cantidad, calidad y acceso. Este problema se agrava por factores como el cambio climático, el crecimiento demográfico (un 50 % más entre 1990 y 2022, según el Banco Mundial), los cambios en el consumo y el uso intensivo del agua en algunas actividades económicas, entre las que se encuentra el turismo. No solo se necesita agua para cubrir las necesidades básicas de los turistas (alojamiento, limpieza, piscinas, spas o campos de golf), sino que el agua también forma parte esencial de muchas experiencias turísticas. Se estima que, para 2050, el consumo de agua del turismo podría duplicarse respecto al inicio del siglo XXI. Además, el turismo genera una gran demanda indirecta de agua a través de su cadena de suministro: alimentación, transporte, energía, etc. En muchos casos, un turista consume entre dos y tres veces más agua que un residente en países desarrollados, y hasta quince veces más en países en desarrollo. Por ello, la gestión sostenible de los recursos hídricos en los destinos turísticos se convierte en un elemento clave para la viabilidad, competitividad y sostenibilidad de dichos destinos. El planteamiento de la problemática desde la oferta y la demanda y las políticas públicas a proponer focalizan el análisis.
Así como el modelo turístico de masas ejerce una presión insostenible sobre los recursos naturales, sus efectos también se extienden con igual o mayor intensidad al tejido social y económico de los destinos. Con el fin de ilustrar alguna de estas situaciones y, además, para ampliar la perspectiva más allá de las fronteras españolas, se incorpora un artículo elaborado por un grupo de investigadores de la Universidad del Caribe, con sede en Cancún.
La investigación se centra en Cancún, principal polo de turismo de sol y playa de México y un destino de relevancia internacional —con, además, una destacada presencia de inversión española— para plantear los retos a los que se enfrenta en materia de sostenibilidad, enfatizando la dimensión social. Aunque suele considerarse un caso de éxito, su fuerte orientación hacia el turismo masivo ha generado un escaso vínculo entre los visitantes y la población local, que a menudo se limita a una relación de servicio. Esta dinámica plantea serios retos para su sostenibilidad a largo plazo.
Más allá de los problemas ambientales de diversa índole que ha generado la sobredensificación de la zona hotelera —área en la que se concentran los desarrollos turísticos—, la investigación se centra en uno de los problemas sociales más graves que afectan a Cancún: la precariedad laboral. Esta problemática se manifiesta en salarios bajos, que dificultan afrontar el elevado coste de vida, una fuerte dependencia de las propinas o una alta temporalidad en los contratos. Paradójicamente, aunque los salarios en hotelería son bajos, la estructura salarial de Cancún resulta atractiva para trabajadores procedentes de otros estados con menores ingresos. Así, el atractivo de las propinas turísticas sigue funcionando como elemento de captación de mano de obra, promoviendo el constante aumento de una población que espera ser empleada en actividades turísticas o conexas.
Esta situación acompaña a un crecimiento urbano desordenado, con la proliferación de más de un centenar de los llamados «fraccionamientos irregulares»: zonas residenciales desarrolladas al margen de las leyes y normas urbanísticas. Estas zonas suelen caracterizarse por la falta de servicios básicos —agua potable, drenaje, electricidad, transporte público o infraestructura vial adecuada—, a lo que se suman importantes déficits en el acceso a derechos fundamentales como la educación y la sanidad para sus habitantes. Pedro Moncada Jiménez, Claudia Inés Martínez, Sonia Pacheco Castro, Ana Pricila Sosa Ferreira presentan el modelo y sus singularidades, así como las posibilidades de contribución del turismo al desarrollo sostenible de Cancún.
Este complejo escenario social y urbano es una manifestación local de las contradicciones inherentes a un modelo turístico centrado en el crecimiento, tanto de flujos de turistas como de beneficios. Los impactos negativos evidenciados en Cancún resuenan en muchos otros destinos donde la presión que la actividad ejerce sobre los recursos y las comunidades locales se intensifican.
De ahí, la necesidad de repensar el turismo hacia un modelo sostenible, capaz de superar el esquema tradicional que prioriza la maximización del volumen de visitantes e ingresos a corto plazo a costa de generar impactos negativos. Como evidencian contribuciones anteriores, este modelo tiende a sobreexplotar los recursos naturales y culturales, ignorando la capacidad de acogida de los destinos y excluyendo a los residentes de los procesos de toma de decisiones.
Estos problemas motivan la contribución de José Francisco Baños Pino, Emma Zapico Fernández e Inés Sustacha Melijosa (Universidad de Oviedo). En su análisis, dirigen la atención a dos efectos externos negativos derivados de la actividad turística: la generación de residuos y la saturación, también conocida como overtourism. La inteligencia turística se plantea como respuesta y, en ese ámbito, destaca el marco Destino Turístico Inteligente (DTI) que propone SEGITTUR. Avanzar hacia un turismo más sostenible no solo implica una responsabilidad colectiva, sino que también ofrece la oportunidad de repensar el papel que este sector desempeña en nuestra sociedad. Impulsar estrategias que integren tecnología, innovación, inclusión y respeto por el medio ambiente es clave para asegurar que las futuras generaciones continúen beneficiándose de un turismo que, gestionado de forma responsable, puede actuar como motor de desarrollo y bienestar a nivel global.
Ahora bien, para que el tránsito hacia un modelo más sostenible no reproduzca ni profundice las desigualdades existentes, resulta necesario incorporar elementos capaces de superar tensiones estructurales. Una de las más acuciantes es la de la precariedad laboral que caracteriza el empleo turístico, en particular en sus tareas más feminizadas. Las mujeres suelen enfrentar peores condiciones laborales en términos de tipos de contratos, temporalidad y salarios.
Este es el punto de partida del análisis que nos ofrece Mónica Segovia Pérez (Universidad Rey Juan Carlos), centrado en la posición de vulnerabilidad de las mujeres en el ámbito laboral del sector turístico y en cómo impacta la irrupción de la inteligencia artificial (IA) en las operaciones y procesos turísticos en materia de igualdad de género. La creciente incorporación de la IA en esta industria no solo exige adaptarse a nuevas dinámicas, sino que también ofrece la oportunidad de promover un enfoque más equitativo y sostenible que fortalezca la competitividad y resiliencia del sector a largo plazo. En el marco de los ODS, el ODS 5 reconoce la igualdad de género como un derecho esencial, tanto de forma general como específicamente en el entorno laboral. En este sentido, tanto la Comisión Europea como ONU Turismo consideran que integrar la perspectiva de género en el desarrollo de la inteligencia artificial es un factor clave para avanzar hacia un turismo verdaderamente sostenible.
A propósito del turismo como motor y fractura, el trabajo de las coordinadoras del número, María Jesús Such Devesa y Patricia Aranda Cuéllar, aborda la transformación que el turismo está causando en ciertos territorios —especialmente en entornos urbanos—, acelerada por la irrupción de plataformas digitales de alquiler, así como algunos de los interrogantes fundamentales sobre el modelo de ciudad que construimos para el siglo XXI. Uno de los impactos más relevantes es la alteración del mercado inmobiliario, generando un escenario donde las viviendas dejan de cumplir con una función meramente habitacional para convertirse, de la mano del turismo, en un activo financiero de alta rentabilidad. El impacto ha sido considerable en muchas de las capitales turísticas: concentración de viviendas en manos de operadores profesionales, reducción de la oferta de vivienda disponible y, en muchos casos, dinámicas de expulsión de aquellos que no son capaces de afrontar rentas tan elevadas. El resultado de esto son barrios vaciándose de residentes para ser solo de uso turístico.
La solución, sin embargo, no pasa por renunciar al turismo en sí mismo, sino por reorientarlo. El reto no es eliminar los flujos turísticos, sino garantizar que sus beneficios se distribuyan de forma más equilibrada y que su impacto sea compatible con la habitabilidad y la diversidad urbana. Para ello, se requiere un nuevo marco político que priorice el bienestar de los residentes, nuevas formas de gobernanza y una protección activa del parque de vivienda residencial. Ciudades más justas no se logran cerrándose al turismo, sino diseñando modelos en los que el turismo esté al servicio de una ciudad más habitable, diversa y sostenible.
En esta línea, la gobernanza de los destinos turísticos se convierte en elemento esencial en la gestión de los flujos y en la atención a sus consecuencias. El trabajo de Idurre Ostolaza Gárate (Basquetour) y de Andrés Fernández Alcantud (SEGITTUR) se dedica a reflexionar sobre los Destinos Turísticos Inteligentes desde el enfoque conceptual y metodológico propuesto por ambas instituciones, enfatizando el eje de gobernanza. El modelo DTI proporciona a los destinos y al sector turístico privado una vía para adaptarse a los cambios y desafíos del actual contexto económico, social y tecnológico global, integrando, además, el conocimiento acumulado tras años de evolución y práctica en el ámbito del turismo. Representa una nueva forma de gobernanza turística orientada a impulsar la competitividad del sector, fomentar un desarrollo sostenible del territorio y mejorar la calidad de vida de la población local. Esta política pública busca transformar el modelo turístico tradicional en uno más inteligente, en sintonía con los principios de la sociedad del conocimiento, la transición ecológica y la economía digital.
La capacidad de adaptación y de incorporación de inteligencia, nuevos modelos de gobernanza y cooperación en la gestión de destinos suponen un avance más que relevante, pero son insuficientes por sí solos para afrontar las crecientes tensiones y desafíos. En este contexto, el análisis de la política turística en clave geopolítica nos recuerda que los destinos no pueden considerarse elementos aislados. Es preciso situar el turismo en el turbulento escenario global contemporáneo, con nuevas reglas de juego y riesgos compartidos para muchos destinos. En este marco cobra pleno sentido la contribución final de este dossier, en la que investigadores de la Universidad de Alicante, Jesús Navarro, Ana Ramón y Marta Suárez Tostado, y de la Universidad de Alcalá, María Jesús Such Devesa, elaboran un análisis de la política turística en un marco geopolítico global volátil como el actual. Desde la necesidad de repensar este sector, el escenario actual exige replantear el turismo más allá de su contribución al PIB, considerando también sus impactos sociales, ambientales y culturales. Si no se avanza hacia una distribución más equitativa de los beneficios y una gestión del espacio más participativa, los destinos corren el riesgo de que la misma actividad que los dinamiza termine comprometiendo su propia habitabilidad.
El turismo debe sostener comunidades y, para ello, no basta con sellos o etiquetas: la sostenibilidad ha de asumirse como una condición indispensable para la supervivencia del sector. En este marco, la política turística debe integrarse en una visión más amplia de desarrollo equitativo. Esto supone fomentar la participación ciudadana, garantizar una distribución justa de los beneficios, fortalecer la economía social y avanzar hacia una transición ecológica que respete la capacidad del territorio. En definitiva, se trata de promover un turismo menos centrado en el beneficio inmediato y más orientado al bienestar común.
En la sección El libro recomendado, las coordinadoras proponen el ensayo de Anna Pacheco titulado Estuve aquí y me acordé de nosotros. En su reseña destacan los retos que enfrentan tanto trabajadores como turistas en un sistema que perpetúa dinámicas de explotación. La elección de Barcelona como objeto de estudio resulta especialmente pertinente, dado que la ciudad se ha consolidado como un emblema de las tensiones derivadas del turismo urbano, y en particular, de la turismofobia. Aunque el proceso de saturación turística no es exclusivo de la capital catalana, en ella se ha manifestado de forma temprana y especialmente visible, anticipando dinámicas globales que hoy afectan a numerosos destinos urbanos.
El estudio empírico de Pacheco en tres hoteles de la ciudad pone de relieve una paradoja central: trabajadores y clientes —todos, en algún momento, turistas— comparten un mismo espacio donde, sin embargo, los primeros apenas tienen acceso a las experiencias turísticas que con su trabajo están haciendo posibles. Uno de los aportes más sugerentes del libro es la noción de los turistas de masas como «explotados que explotan». Esta categoría pone en evidencia la paradoja de un ciclo de precariedad que se perpetúa cuando quienes buscan evadirse de sus propias condiciones de vida precarias a través del ocio y el bienestar terminan, sin advertirlo, reproduciendo dinámicas de desigualdad y precarización laboral en los lugares que visitan.
Más allá de esta obra, Such y Aranda recomiendan, en el apartado Para saber más, lecturas adicionales que, desde una mirada crítica y regenerativa, complementan el análisis de Pacheco y permiten comprender mejor las dinámicas y las vías de solución a los retos que afronta el turismo. ■



