Crónica_Otra economía está en marcha

Autora: Laura Heskes

El encuentro que tuvo lugar los días 8 y 9 de abril comienza antes de llegar, comienza desde las expectativas y las cavilaciones sobre lo que aprendería. Ya desde el autobús camino a las jornadas empiezan los debates. Compartir reflexiones y opiniones con personas a las que, por casualidad, acabas de conocer camino al mismo evento, y al llegar, confirmar el espíritu de compañerismo, que es una sensación única.

En la reunión informativa inicial nos dan un par de malas noticias, Juan Hernández y Carmen Castro no vendrán a las jornadas, después de leerse los textos se echa de menos poderles escuchar. Fue una verdadera lástima que no hubiera sustituto/a para la ponencia de Carmen con respecto a la economía feminista.

El viernes abre las jornadas el economista Stefano Prato, comparado con los textos recomendados, el discurso se queda corto por la limitación de tiempo, pero es fiel a sus escritos. Comienza haciendo hincapié en los derechos y libertades que la ciudadanía estamos perdiendo en favor de las empresas y cómo la falta de actuación social hace que éstas «sigan manejando los hilos a sus anchas» ante la pasividad de los estados. Propone «sustituir la cultura del miedo por la de la esperanza» y recalca que la sociedad moderna está cada vez más aislada y por ello no es capaz de trabajar en equipo.

Se le va acabando el tiempo para hablar de los Objetivos del Milenio en contraposición con la Agenda 2030, y a mi parecer, en la charla no quedó igual de claro su punto de vista como en el artículo. Quizás por esa falta de tiempo, o por haber malinterpretado una de las dos fuentes de información (texto y ponencia), pero me quedé con la sensación de recibir mensajes contradictorios en una y en otra.

Acabamos la tarde con Los Econoplastas, y su versión actualizada de «El cuento de la lechera». Se presentan como los cómicos de la tarde, y sí sacaron sonrisas y carcajadas, pero no por ello lo que demostraba el cuento era menos real y menos aterrador. Termina pues el día y nos deja con asuntos que consultar con la almohada y con ganas de que llegue la jornada siguiente.

La primera mesa redonda del sábado la forman Itziar Ruiz-Giménez, José Medina, Ignacio Martínez y Víctor A. Rocafort,  el tema que titula la mesa es «Economía y poder». Al haber estudiado a Rocafort en clase, espero con mayor entusiasmo su participación.

Comienza Itziar Ruiz-Giménez con «El poder en el mundo», y nos plantea las siguientes cuestiones: ¿Quién lo ejerce? ¿para qué? ¿para quién? y ¿bajo  qué condiciones y regulación? Y expone durante su ponencia los hechos que responden a dichas preguntas: que el poder se mueve por intereses económicos; la economía es el centro de la actividad mundial y la política es la supraestructura que le da cobijo. Defiende «La batalla del sentido común» para hacer frente a la realidad que responde a sus preguntas iniciales.

Prosigue José Medina con su análisis de la Agenda 2030, y destaca los cambios a mejor y los defectos que tiene. Cambios positivos: en la construcción de la agenda se estableció una estructura de escucha en la que a todos se les escuchaba por igual – isonomía –  y en la que aparentemente todos buscaban los mismos objetivos, los diferentes agentes usaban los mismos términos para referirse a cosas diferentes. En cuanto a los puntos negativos de la agenda, destaca que fundamentalmente sigue basándose en el Neoliberalismo «todo lo social es mercantilizable» y defiende el crecimiento como un objetivo para alcanzar el desarrollo sostenible. De los Estados se espera que creen el escenario para que los actores se desarrollen por si solos y que las empresas sean las generadoras de derechos. Apunta también que la crítica social está bien y es necesaria, pero que ha de ir acompañada por acciones, generación de alternativas mediante la construcción de democracia, ciudadanía y progreso sin crecimiento.

Nacho Martínez, al igual que en su texto, expone y critica las medidas actuales frente a las transnacionales. Éstas «hacen y deshacen a su antojo», y las únicas medidas que parecen adoptar son aquellas relacionadas a las «soft laws», como es la RSC.  Hace hincapié en que las empresas transnacionales se organizan internacionalmente y condicionan los marcos nacionales, lo que genera un círculo vicioso que remite el poder a las empresas y se lo va restando a los Estados. Critica la falta de movimiento de sociedad civil transnacional, que construya un espacio de control transnacional.

Con este van tres los que comentan que los movimientos sociales no funcionan, no se ven o no actúan, y a uno le hace sentir culpable, dolido, abandonado por sus iguales y desamparado ante el gran muro que se yergue ante nosotros.

Termina con la mesa Víctor Rocafort que nos habla de la «crisis de la democracia» y la tacha de ser una oligarquía. Expone y convence con sus argumentos y con un ejemplo muy claro: «que haya elecciones no significa que haya democracia, los candidatos a las elecciones reciben apoyo financiero, que esperan recuperar condicionando el mandato del candidato electo.»

En la siguiente mesa redonda Oscar Carpintero contrapuso la economía convencional con la ecológica, siendo la primera un sistema cerrado en el que se obvian los recursos naturales y las externalidades. En este enfoque no se reconoce restricción de recursos, no se reparte, ni se redistribuye. Mientras que la economía ecológica es un sistema abierto.

Continuó Mª Eugenia Rodríguez Palop, quien planteó medidas y criterios que deberían utilizarse para repensar la forma en la que se distribuye la riqueza, la responsabilidad, las políticas orientadas al consumo, en lugar de a cubrir necesidades. E hizo alusión a la organización social como plataforma para definir lo que se entiende como «bien común» y cómo ese bien común ha de estar respaldado por una democracia real que asegure la justicia social.

Y con eso (casi nada…) llegamos a la ansiada hora de almorzar, las jornadas son intensas y todos nos merecíamos un descanso, que llegó media hora tarde.

Al volver del almuerzo nos esperaban Pablo Martínez y Carlos Sánchez, con un dinámico y entretenido diálogo, que arroja luz sobre las circunstancias actuales. Se hace agradable y frustrante observar como hay quienes están en situación de cambiar las cosas y lo hacen pese a las trabas impuestas por los pactos anteriores.

Y llegamos a la última mesa de la tarde en la que Erika González presenta la iniciativa del tratado internacional de los pueblos para el control de las empresas transnacionales, mediante el que pone sobre la mesa la arquitectura de la impunidad que actúa sobre las empresas transnacionales. Y de nuevo nos llega, esta vez de la parte de Erika, la necesidad de crear instancias internacionales que hagan cumplir las normas internacionales. Por lo que, defiende que los estados no pueden ser el único eje para garantizar el cumplimiento de las normativas internacionales, como los Derechos Humanos, de este modo propone un Centro de recogida de denuncias y una Corte que pueda sancionar en lo civil y lo penal.

Iolanda Fresnillo atacó un tema que ha dejado de ser noticia, la deuda. Iolanda identifica la deuda como un modo de pérdida de soberanía y de brecha ambiental, al «crecer a toda costa, con tal de pagar la deuda». Apunta con certeza a las deudas heredadas, deudas ilegítimas que deberían ser nulas. Y defiende que, en ocasiones, no es imposible no pagar la deuda, sino que no debería ser pagada con cargo a los recortes en bienestar social que supone habitualmente.

Y terminamos el encuentro con Ricardo García Zaldívar que destaca la necesidad de los impuestos y de desmontar la creencia de que los impuestos han de evitarse, cuando es totalmente al contrario. Nos deja comentarios como «Los que más pagan son aquellos que no pueden defraudar».

Acaban las jornadas y siento que mi vacío educativo es mayor del que pensaba y noto la diferencia con compañeros mucho más metidos en organizaciones y políticas globales. Pero estas jornadas han aumentado mis ganas de hacer de este un mundo mejor y de seguir formándome para lograrlo, sea a la escala que sea.

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