De la experiencia al análisis: cómo se construye la teoría militante

La mesa, moderada por Jon Bernat, se desarrolló en formato bilingüe y reunió a tres ponentes de trayectorias militantes distintas, pero todas comprometidas con una práctica de investigación estrechamente vinculada a la acción política transformadora:

• María Eugenia Ruiz Gálvez, de La Brecha (CGT) y la Universidad Complutense de Madrid.
• Txaber Ormazabal, del Instituto de Investigación Socialista (Consejo Socialista de Euskal Herria)
• Gorka Martija, del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) 

Se propuso inicialmente esta reflexión: ¿Qué retos de investigación militante tienen vuestras organizaciones y qué materia de estudio y ámbitos de cooperación consideráis importante abordar en futuro inmediato?


María Eugenia Ruiz Gálvez: Investigación desde las luchas vivas

Desde su doble militancia en La Brecha y CGT, Ruiz Gálvez centró su intervención en definir la investigación militante como la intersección entre acción política, social y laboral, siempre desde la base. No se trata simplemente de investigación con compromiso, sino de procesos vivos que acompañan, nutren y se nutren de luchas concretas, como las del trabajo doméstico, el SAD, las “Kellys” o las plataformas de educación pública.

La Brecha, explicó, es una publicación con vocación política y pedagógica que documenta luchas obreras y sociales desde una participación directa en sus procesos. Así, por ejemplo, asisten a asambleas, entrevistan a activistas, y el resultado se devuelve como herramienta formativa y de análisis colectivo. También subrayó que su objetivo no es solo conocer la realidad, sino transformarla, reforzando la organización popular y la conciencia colectiva.

Entre sus temas prioritarios actuales mencionó la lucha por la vivienda, los cruces entre sindicalismo laboral y social, y los conflictos en la educación desde 0-3 años hasta la universidad. Afirmó que la academia no puede estar separada del movimiento, y que muchas investigadoras militan desde diferentes frentes sin jerarquías entre saberes. El reto, dijo, es hacer accesible el conocimiento sin simplificarlo en exceso, para generar estrategias útiles y comprensiblesa.


Txaber Ormazabal: Investigación subordinada a la acción política

Desde una posición marxista, Ormazabal expuso la práctica del Instituto de Estudios Socialistas como una instancia teórica interna y subordinada al Consejo Socialista de Euskal Herria. Su rol principal no es dirigir ni marcar la estrategia, sino contribuir a su fundamentación y al análisis táctico.

Criticó la noción extendida de “vanguardia teórica”, defendiendo que el conocimiento útil para la acción política se genera desde toda la militancia, especialmente en el terreno: barrios, pueblos, espacios de lucha cotidiana. En este marco, el instituto actúa como síntesis crítica y soporte científico, ayudando a resolver problemas tácticos o identificar contradicciones en las estrategias propuestas.

En cuanto a líneas de trabajo actuales, mencionó dos:

1) Una conceptualización del fascismo que supere el debate actual centrado en si la ultraderecha es constitucional o no.
2) Un análisis sobre la crisis de la cultura imperialista, conectada con la agenda de los movimientos sociales (vivienda, migración, trabajo).

Ormazabal defendió que estos trabajos buscan no solo interpretar la coyuntura, sino criticar las categorías burguesas con las que muchas veces se analizan los problemas. Apostó por un conocimiento colectivo, telúrico y radicalmente vinculado al territorio y la experiencia de base.


Gorka Martija: Megaproyectos, transición ecosocial y mirada internacionalista

Desde OMAL (Observatorio de Multinacionales en América Latina) , Martija centró su intervención en la transición ecosocial como campo de conflicto y de disputa estratégica, particularmente en América Latina, pero con paralelos evidentes en el Estado español.

OMAL viene investigando desde hace años los megaproyectos como dispositivos del capital para apropiarse de territorios, reorganizar la acumulación y controlar recursos. En la actualidad, detectan una nueva oleada de megaproyectos “verdes” (fotovoltaica, hidrógeno, infraestructura logística), enmarcados en una agenda hegemónica de transición impulsada desde el capital, que intenta resignificar la sostenibilidad bajo claves neoliberales.

Reivindicó el valor del enfoque internacionalista de OMAL, poniendo en diálogo las luchas y aprendizajes de América Latina con los debates del Estado español. Su investigación busca alimentar a los movimientos desde abajo y evitar tanto el repliegue academicista como la política de nicho..



Segunda ronda: ¿Cómo reforzar la investigación militante?

María Eugenia Ruiz:
• Reclamó dar valor a estos espacios de pensamiento colectivo, con capacidad de incidencia real en los movimientos.
• Insistió en la importancia de las alianzas entre sectores (laboral, social, político) y en traducir el análisis en herramientas comprensibles.
• Señaló obstáculos materiales: los límites personales y de clase para participar (cargas familiares, horarios inadecuados, castigos en la academia por militar).
• Abogó por reconocer el conocimiento que se genera desde la militancia, sin necesidad de pasar por filtros académicos, y por crear espacios intergeneracionales y accesibles.

Txaber Ormazabal:
• Expresó su preocupación por las barreras al diálogo entre sujetos políticos, como la arrogancia teórica en la academia y la agresividad en ciertos espacios militantes.
• Defendió una cultura del diálogo racional con bases compartidas y formatos adecuados, más allá de redes sociales como Twitter, que alimentan la confrontación vacía.
• Valoró las dinámicas humanas directas como base del crecimiento político, defendiendo el contacto personal como motor de construcción organizativa.

Gorka Martija:
• Llamó a integrar las investigaciones en la agenda de los movimientos populares, no como intervenciones externas, sino como insumos útiles y orgánicos para la acción y el debate estratégico.
• Alertó contra la autorreproducción académica o política, y planteó que hay que formalizar debates, sistematizar aprendizajes y evitar quedarse en nichos ideológicos.



Interpelaciones del público

Varias de las personas participantes plantearon reflexiones y preguntas, que ampliaron el enfoque del debate:

1)  Un participante pidió a María Eugenia Ruiz profundizar en dos experiencias:
– La movilización universitaria madrileña, impulsada por plataformas de base estudiantil y trabajadora, frente a la ofensiva del gobierno regional.
– La Confederación de Luchas, espacio de confluencia entre sindicatos sociales y laborales (CGT, CNT, Sindicato de Inquilinas, Manteros, Ecologistas), en proceso de aprendizaje y diálogo.

Ruiz explicó cómo la militancia universitaria desde la CGT ha tratado de tejer alianzas de base, respetuosas y horizontales, y cómo la investigación ha servido como base rigurosa para la movilización (por ejemplo, sobre presupuestos educativos). En cuanto a la Confederación, destacó su diversidad, vocación formativa y voluntad de superar siglas para construir luchas comunes.

2) Las intervenciones desde la mesa generaron debate en torno a la contradicción entre academia e investigación crítica. Por un lado, una participante reivindicó la necesidad de jugar parcialmente las reglas del sistema académico para poder entrar y acceder a posiciones con voz pública. Admitió que, a pesar de que este camino es excluyente (por clase, idioma, formación previa), no se puede ignorar su existencia.

Otra asistente respondió a la intervención afirmando que la academia no es un terreno neutral ni accesible en igualdad de condiciones y que el mérito académico suele estar condicionado por trayectorias de clase y no puede convertirse en vara de legitimidad. Tampoco debe confundirse la estrategia individual de inserción académica  con proyecto colectivo de transformación.



Reflexiones finales

La mesa cerró con una ronda donde se retomaron elementos comunes y diferencias. Se insistió en:

– El valor de construir conocimiento desde y para las luchas, con herramientas rigurosas pero comprensibles.
– La necesidad de diálogo respetuoso y transversal, superando jerarquías entre saberes y formatos.
– El desafío de crear espacios que integren a todas las militancias, sin exclusión por género, clase, situación vital.
– La apuesta por romper con la fragmentación de los movimientos, favoreciendo alianzas y lenguajes comunes.
– La importancia de la pedagogía política: traducir el análisis para que sirva a quienes protagonizan las luchas.

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