“El buen vivir no se puede basar en el mal vivir de otras gentes.”Amaia Espinel

Amaia Espinel de Álava nos relata qué le llamó la atención de la intervención de Carmen Crespo Ordoñez de la mesa sobre " Desigualdad, poder y democracias"

Las jornadas tuvieron lugar del 5 al 6 de mayo en el centro cultural La corrala, en el emblemático barrio de Lavapiés, en Madrid. Han sido unas jornadas muy interesantes en las que he aprendido muchas cosas que me han servido para mirar la economía con otros ojos.

Voy a destacar una ponencia que me llamó mucho la atención y me pareció especialmente interesante porque estoy haciendo el trabajo de fin de grado acerca de ese tema. Me estoy refiriendo a la ponencia de Carmen Crespo Ordóñez, la cual trató sobre el eje de la precariedad y la economía feminista.

Se propuso la cuestión de quiénes son las personas que sostienen el sistema reproductivo. Para responder esa pregunta, nos contó que la economía feminista es una mirada crítica del sistema, y lo explicaba con la metáfora del iceberg, donde la parte de arriba del iceberg, la parte que se ve y que parece ser la única que importa, se ponen la parte monetizada de la economía como por ejemplo, los mercados. En la parte abajo, la parte que no se ve y es más grande, está la reproducción de la vida, donde entra el trabajo de los cuidados, los cuales son necesarios para todas las personas.

Estas dos esferas no son equiparables, ya que la de abajo sostiene a la de arriba. Desde la economía feminista se cree que existe una relación de dependencia de la parte de arriba a la parte de abajo.

En la crisis que estamos viviendo, sólo se habla de la esfera de arriba, de dinero. Y por eso las políticas se orientan para mejorar la parte de arriba a costa de la de abajo, es decir a costa de la crisis de los cuidados. El sistema económico debería estar al servicio de esos procesos de sostenibilidad de la vida y orientar las políticas a su mejora para que todas las personas podamos vivir una vida digna. Lo que tiene que estar en el centro son los procesos de sostenimiento de la vida y no los mercados.

Carmen Ordóñez habló de cuatro conceptos para entender la sostenibilidad de la vida desde una perspectiva feminista: vulnerabilidad, precariedad vital, subjetividades cómplices y responsabilidades asimétricas.

 

En cuanto a la vulnerabilidad de la vida humana se dijo que la vida no existe si no se cuida, porque todas las personas dependemos de otras. En el sistema que vivimos, se niega la interdependencia y nos hace creer que somos autosuficientes, de forma que genera relaciones de explotación y no deja crear relaciones colectivas.

El concepto de precariedad vital lo explicó como las dificultades que se tienen para tener vidas que merezcan la pena ser vividas. Relacionado con esto, está la segmentación ya que este tipo de prácticas priva de derechos básicos que son necesarios para vivir una vida digna. Un buen ejemplo para ilustrar esto es  la sanidad en Madrid. Poco a poco se han ido quitando derechos en la sanidad a distintos grupos de personas, con la excusa de que esos grupos estaban haciendo un mal uso, esto hace que sólo un determinado número de personas (cada vez más pequeño) tenga acceso a un derecho universal como es la sanidad.

Cuando hablaba de las subjetividades cómplices decía que este sistema perverso nos hace cómplices de él y es necesario tener prácticas para desobedecerlo en todos los ámbitos de nuestras vidas ya sea en nuestras casas, en el trabajo o en la universidad.

A partir de este concepto, explicó las responsabilidades asimétricas. Durante la crisis, se rondaba la idea de victimas o culpables, lxs buenxs somos el 99% y lxs malxs el 1%. Es necesario cuestionarnos nuestras relaciones ya que dentro de ese porcentaje hay muchas relaciones desiguales de poder y sólo categorizar la situación no hace avanzar. Por eso, tenemos que ser conscientes de si nuestros estilos de vida son cómplices con este modelo tan perverso y si es así, hacer algo al respecto.

Sin duda ha sido una experiencia muy enriquecedora y he vuelto a Vitoria motivada con ganas de cambiar las cosas y la manera de pensar la economía. No sólo he aprendido de lxs ponentes, sino que también he aprendido de las personas que han ido a escuchar estas jornadas, después de las ponencias salían temas de conversación y debate de los que he sacado mucho provecho.

Me quedo con una frase que se dijo en el debate de esta mesa: “El buen vivir no se puede basar en el mal vivir de otras gentes.”

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