No tener donde caerse muerto… ¿es un seguro de vida? Por Joaquín Gonzalez Sancho

Joaquín Gonzalez Sancho de Zaragoza reflexiona sobre la intervención de los Econoplastas con cuento para cambiar la economía.

La sostenibilidad económica planetaria está en ruina, tendremos que comprobar si una ruina bien administrada dura toda la vida o por el contrario acaba arruinándolo todo. Lo primero, ante un título como este, es pedir disculpas por la ironización de los términos vida y muerte, a las posibles personas que estén leyendo esta reflexión.

Sin embargo, y al mismo tiempo, el juego de palabras intenta sugerir la proximidad a la idea de: el que menos tiene menos necesita, cercana a su vez a la alternativa del consumo responsable, que fue uno de los conceptos que el colectivo Econoplastas presentó en las “Cuartas Jornadas de Otra Economía está en marcha 2017”. Cuando hablamos de desigualdad, tendemos a ser etnocéntricos e incluso egocéntricos en nuestra percepción de esta realidad. A menudo no somos conscientes de que nosotros mismos estamos alimentando desigualdades con nuestra incidencia en el mundo global a través de nuestros propios hábitos de consumo. ¿Tenemos que sentirnos culpables por consumir? ¿Hasta dónde el consumo es responsable y a partir de qué momento o producto consumido estamos cometiendo una irresponsabilidad? Lo loable de muchas bien intencionadas alternativas, como la del consumo responsable, se disipa habitualmente en nuestro día a día, en cuanto nos toca de cerca tener que decidir dejar de consumir algo que a nuestros ojos es imprescindible en nuestras vidas. Ni los más estrictos, parcos o justos códigos éticos que se pudieran redactar a nivel global e internacional, serían capaces de ponerse de acuerdo en que es más o menos prescindible o imprescindible, salvo en excepciones tales como los productos de primera necesidad para el mantenimiento de una vida en condiciones dignas de salud biológica, psicológica y, porque no citarla también, salud social. Y es ahí donde más nos duele, uno de los indicativos que denota más claramente que nuestro mundo globalizado goza de mala salud social es la desigualdad. Todos somos diferentes pero merecemos igualdad de oportunidades en nuestras vidas. Nacemos con nuestra existencia lastrada por condicionantes étnicos, geográficos, biológicos, sexuales, etc. Tal vez debería ser la sociedad global la que, en vez de transnacionalizar los bienes de consumo y los valores económicos, procurara un tempero social que rezumara una pedagogía de fomento de los mecanismos suficientes para soltar esos lastres, por medio de bienes culturales al alcance de todo el mundo y un equilibrio económico sostenible, que cuidara de igual modo a personas con diferentes identidades sexuales, géneros, capacidades, discapacidades, procedencias étnicas y/o geográficas. Sería un buen intento para poder comprobar que no siempre el valor de lo útil es valor económico, y que la economía es una herramienta que hay que poner al servicio del ser humano y no al contrario. Entonces y tan sólo entonces, pienso que sería posible articular un sistema económico mundial con igualdad de oportunidades para prosperar desde lo local a lo global y desde lo micro a lo macro y viceversa. La base que sustenta la economía no debe ser el tráfico del dinero, cuya definición y concepto se han transcendido y van camino de la fagocitación, al dejar este de ser un instrumento de cambio para pasar a convertirse en un fin en sí mismo. La educación en el uso de las herramientas es fundamental e indispensable para que estás funcionen prestando un servicio beneficioso al ser humano, y el proceso de la economía no debería ser diferente al del uso de un martillo. Si perdemos la perspectiva e intentamos clavar dos clavos a la vez, es bastante probable que fracasemos en nuestro propósito, y no digamos si intentamos clavar un clavo inexistente y nos martilleamos los dedos de una mano.

Una respuesta a «No tener donde caerse muerto… ¿es un seguro de vida? Por Joaquín Gonzalez Sancho»

  1. <p>
    Otro año más no he podido asistir a estas interesantísimas Jornadas, así que he decidido ojear los comentarios y, aunque todos los que he leido están muy bien, este me ha llamado especialmente la atención. Tod@s hablamos siempre del consumo responsable pero cuando se trata de nosotr@s, de puertas para dentro, aunque no siempre, tendemos a usar un doble rasero. También me ha gustado mucho lo que cita Joaquín con respecto a la desigualdad y al uso (o abuso) del dinero. Me parece que hemos perdido el Norte… y el Sur… y el Este… en fin… Espero que este tipo de iniciativas sirvan para concierciarnos de que un mundo mejor y más justo es posible y que tod@s debemos aportar nuestro granito de arena. Salud a tod@s!!
    </p>

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