3 mayo, 2022
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Entrevista a EsF sobre Economía Feminista

La agencia de información AmecoPress, especializada en elaborar, difundir y transmitir información periodística desde la perspectiva de género, ha publicado un artículo en el que reflejan la visión de EsF sobre la Economía Feminista, transmitida por nuestra compañera Elena Pérez . También han participado las compañeras de Senda de Cuidados y de A3Calles Cuidados en Territorio.

Reproducimos a continuación el artículo.

La economía feminista, el modelo económico más integrador

Por Nelson González Vicente

Artículo publicado por AmecoPress, 26 de abril de 2022.

El capitalismo provoca la invisibilización de las mujeres en la economía y el entorno laboral, aumentando su precariedad y dificultando el desarrollo profesional

Madrid, 26 abr 22. AmecoPress. – La economía feminista se muestra como un modelo económico que se basa en conceptos de igualdad laboral y propone cambiar el modelo actual, que está orientado únicamente en la acumulación de capital, centrándose en que la economía suponga un bien común para la sociedad.

Entre 1980 y 1990 la economía feminista comienza a definirse como una nueva categoría económica. Nace mediante la vinculación del feminismo y los estudios de género con la propia economía. Un punto importante dentro de la constatación del término economía feminista se dio en estos años noventa con la creación del International Association for Feminist Economics en Estados Unidos, que sirvió de impulsor para esta teoría.

«La Economía Feminista es, por tanto, un conjunto de teorías económicas heterodoxas o críticas que incorpora sus propios conceptos y herramientas analíticas, pero es también praxis y acción: busca organizar los trabajos y los procesos de satisfacción de necesidades de forma que la sostenibilidad de la vida sea privilegiada frente a la acumulación de capital y a la generación de beneficio económico a toda costa», define Elena Pérez, de Economistas sin Fronteras.

Crítica al planteamiento de Adam Smith

Por otro lado, hay que destacar también el carácter patriarcal atribuido a la economía cuando esta nace de la mano de Adam Smith, quien establecía así la economía como una ciencia ortodoxa destinada al «ser humano varón, blanco, adulto, sano». Frente a este modelo, la economía feminista es heterodoxa, siendo esta una de las principales diferencias con el sistema de Smith. La mirada sobre la desigualdad es una de las bases sobre las que la economía feminista se sostiene, a diferencia de lo explicado por Smith, que defiende el libre funcionamiento y equilibrio de los mercados y no se centra en los problemas de desigualdad que concretamente el modelo capitalista crea, la economía feminista busca acabar con ella.

El modelo capitalista y ortodoxo se basa únicamente en el crecimiento económico, la continua consumición y la inversión, sin atender a las posibles consecuencias que este planteamiento puede llegar a tener sobre el medio ambiente y la sostenibilidad del planeta. A su vez, tampoco considera otras cuestiones como el prestar un servicio a la sociedad, la solidaridad, la igualdad y el bienestar.

Dentro del concepto de economía creado por Smith, se encuentra el hombre económico. Según el escocés, el hombre económico asume que el humano de por sí busca la maximización de las ganancias y su acumulación, ya sea de beneficios, rentas u otras remuneraciones. Relaciona por lo tanto únicamente la figura del hombre con la economía, sin tener en cuenta el papel de la mujer. Según Silvia Federicci «el capitalismo consiste en la transformación de la vida en capacidad para trabajar».

La economía feminista se basa en otros puntos. Busca la eliminación de la discriminación laboral que sufren las mujeres, que ven limitada su participación económica. Expone así los problemas todavía presentes como la brecha salarial, la poca presencia de mujeres en altos cargos de decisión y gestión, y la gran cantidad de mujeres que se ven relegadas a trabajos marcados por la precariedad laboral. Además, a partir de la división sexual del trabajo, sobre las mujeres recae el trabajo doméstico no remunerado de cuidados.

Con la exposición de estos conceptos y teorías, la economía feminista desafía el modelo actual económico. El sistema feminista defiende una economía diferente, integradora, social, e igualitaria, y que lucha contra la invisibilización del trabajo de las mujeres (doméstico, de cuidados, de subsistencia, comunitarios, etc.) el cual no se ve reconocido.

Los cuidados

Por otro lado, Pérez explica que «este sistema hace uso de los trabajos de cuidados no remunerados para la continua reproducción del propio sistema, creando así una lógica que genera violencias que se asumen como necesarias para la supervivencia del sistema». Aquí se encuentra una de las debilidades del modelo capitalista, que a su vez afecta a las personas que se tienen que dedicar a los cuidados, y que por esto ven perjudicada tanto su vida personal como laboral, al limitar la progresión de puestos en las empresas por las limitaciones que suponen los cuidados. Frente a esta problemática, la economía feminista busca visibilizar la consideración de los cuidados como trabajo.

Profundizando en los cuidados y debido a la importancia y la gran cantidad de mujeres que se dedican parcial o totalmente al cuidado, existe lo considerado como economía del cuidado. Los cuidados son un trabajo que no siempre está remunerado, requieren energía y tiempo, y a su vez frenan el ascenso y desarrollo laboral, afectando así a la situación de las mujeres, que suelen ser las encargadas de esta tarea.

El paso del tiempo y la evolución de la sociedad no ha servido para que las condiciones de los cuidados se hayan ido adecuando a los tiempos o modernizando. Así lo explica Ana Montón, parte de la cooperativa A3Calles Cuidados en Territorio, «el avance social de esta realidad no ha ido de la mano de un reconocimiento de derechos laborales reales y de políticas públicas que aborden estas necesidades».

La falta de distribución de las tareas del hogar, de solidaridad, o responsabilidad por parte de los hombres, hace que muchas mujeres tengan que dedicar tantas horas como en una jornada laboral a cuidados y conciliación. Este obstáculo actúa como freno en el escalamiento en la vida laboral. Por el contrario, los hombres, que no suelen participar en estas tareas, pueden dedicarse completamente a su trabajo. No solo la dedicación a los cuidados ralentiza el desarrollo en el entorno laboral, sino que puede llegar a suponer la imposibilidad de compaginar ambas tareas, conduciendo a la falta de ingresos propios y de independencia económica.

Otra consecuencia de la injusta e histórica distribución de los cuidados es que en muchos casos las mujeres tienen que atenerse a turnos de trabajo parciales, para poder ocuparse de los cuidados de familiares, hijos e hijas, personas dependientes, o mayores. De esta manera, al no poder contar con un puesto de jornada completa las mujeres pierden la oportunidad de tener mejores salarios, condiciones, así como la posibilidad de mejorar laboralmente, ya que en los horarios parciales este tipo de cuestiones no son tan frecuentes.

A su vez, como se ha comprobado en la pandemia, los cuidados no dejan de ser una parte crucial de todo el sistema y son imprescindibles. Así lo explica María José Torres, de Senda de Cuidados, «creemos que el trabajo de hogar y cuidados es la punta del iceberg de la situación de injusticia estructural que viven las mujeres y los colectivos más empobrecidos». A pesar de que en esta crisis se haya evidenciado la importancia de estos, la situación no ha evolucionado.

Propuestas que integran la economía feminista

Actualmente en España se celebran cada año los Congresos de Economía Feminista, jornadas en las que se profundiza sobre las teorías de la economía feminista y sus prácticas. Su última edición, celebrada en marzo de este año, contó con la presencia de expertas como Amaia Pérez Orozco, Sandra Ezquerra, Sonia Ruiz, o Ana Muñoz. Mediante estas jornadas se consigue visibilizar las cuestiones que persigue la economía feminista y dar a conocer las problemáticas aun persistentes hoy en día para las mujeres en el ámbito laboral.

Con esta expansión, tanto empresas, como organizaciones, o asociaciones, han ido integrando conceptos de la economía feminista. En torno a los cuidados existen asociaciones que se encargan de dignificarlos. Defienden el derecho tanto de las personas a ser cuidadas, como de las que se encargan de esta tarea, que habitualmente se encuentran en unas condiciones precarias. De esta manera, se busca que se valoren los cuidados, ofreciendo este servicio de una manera especializada y que cuenta con condiciones laborales adecuadas.

A3Calles es una cooperativa dedicada a facilitar las relaciones entre personas cuidadoras y cuidadas. Llevan a cabo un proceso de acercamiento entre estos, buscando que la proximidad y cercanía entre ambos sujetos sea la mejor posible. Debido a esto los terrenos que trabajan son Vallecas Puente, Villa y parte de Moratalaz. La asociación se basa en los principios expuestos en la Carta de Principios de la Economía Solidaria, algunos de ellos como la equidad, solidaridad social, y formas de producción o distribución diferentes a las actuales, de un modo que se cumplan necesidades de la sociedad, valores que defiende la Economía feminista.

Por su parte, Senda de Cuidados, es una entidad enfocada en los cuidados que centra su trabajo en Madrid. Cuentan con diferentes proyectos como el de Intermediación laboral «Trabajos y cuidados dignos», la Escuela de Cuidados, centrada en la capacitación profesional y formación, y el Observatorio Jeanneth Beltrán, dedicado al asesoramiento en las denuncias de vulneración de derechos de las trabajadoras. Desde la entidad reivindican la creación de una política pública de cuidados, que ayudaría a establecer los cuidados en una mejor posición y que estos se ejerzan en unas condiciones favorables. «No puede ser que solo tengan cuidados dignos quienes puedan y quieran pagarlos», señala Torres.

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