Entrevista a Marcos Castro: “La era actual resulta fascinante desde el punto de vista de la Economía”

 

“La Ecología es la Economía de la Naturaleza, y como dijo el bioquímico Vester, es la única empresa que nunca ha quebrado en 4.000 millones de años”

“La sociedad visibiliza cada vez más la conexión de la economía dominante con el colapso ecológico y social que estamos experimentando a escala mundial”

“Pienso que la sociedad civil tiene que recuperar los espacios de participación y debate acerca del modelo de ciudad que queremos”

 

Marcos Castro es Doctor y profesor en Economía aplicada en la Universidad de Málaga. Realizó su Máster en Política Territorial y Urbanística con la Universidad Carlos III de Madrid. Su tesis doctoral se centró en la sostenibilidad urbana en Andalucía y recibió el premio especial de doctorado de la UMA y el Premio del Instituto de Estadística de Andalucía. Fue coordinador técnico en la elaboración de la Carta Verde de Málaga, dentro de la Agenda Málaga 21 y coordinador científico del Observatorio Provincial de la Sostenibilidad en Málaga. También ha sido miembro del Consejo Andaluz de Turismo. Sus líneas de trabajo son la economía ecológica, la economía urbana y la cooperación internacional.

En una charla reciente explicabas que la economía no es tan única ni tan gris, ¿crees que estos adjetivos tienen que ver con una identificación errónea de la economía como ciencia exacta? ¿piensas que de algún modo se ha desligado la economía de las ciencias sociales?

Ya en los 80 Manfred Max-Neef nos contaba en su Economía Descalza que la Economía no es realmente una ciencia. La Economía es una disciplina que ha evolucionado desde la filosofía moral hasta convertirse en una ciencia mágica poblada de hechiceros que prometen soluciones fáciles a todos los problemas del mundo. Podríamos decir que Economía es lo que hacen los economistas, un club cada vez más cerrado y críptico que propone sofisticados modelos matemáticos que pecan de reduccionistas y mecanicistas. Los economistas ortodoxos no saben trabajar sin externalidades, en sistemas abiertos e interrelacionados. Hoy en día, la Economía neoliberal dominante debería ser perseguida como pseudociencia por realizar afirmaciones peligrosas para la humanidad. Las afirmaciones, centradas en que es posible un crecimiento consumista y productivista sin límites, han generado desigualdades, pobreza y el cambio climático, que se esconde bajo la alfombra de las externalidades.

Muchos de mis compañeros piensan que la Economía convencional es algo así como una ciencia social exacta. Una ficción en la que los modelos económicos funcionan a modo de recetas únicas e inalterables, con resultados perfectos si los agentes siguen las instrucciones al pie de la letra. Es necesario despertar de esta ilusión reformulando la ciencia económica hacia lo que Funtowicz y Ravetz denominaban la Ciencia posnormal. Necesitamos responder a la incertidumbre y a las urgencias actuales. No desde un prisma exclusivamente técnico entre expertos, sino generando una comunidad científica abierta, interactuar de forma participativa con los hechos y los agentes involucrados. En nuestro caso, lo podemos interpretar como abrir la Economía a enfoques que incluyan retos y agentes ecosociales.

Con la situación actual, de deterioro ecológico y de emergencia climática, es evidente que la economía convencional se ha desligado de las ciencias naturales. Etimológicamente, economía y ecología tienen una misma raíz. Uno de los campos de estudio en el que te centras, la economía ecológica, recupera esta noción. ¿Debería ser la economía ecológica per se?

¡Sin duda! La Ecología es la Economía de la Naturaleza, y como dijo el bioquímico Vester, es la única empresa que nunca ha quebrado en 4.000 millones de años. No obstante, la sociedad humana ha desarrollado una economía doméstica o propia para gestionar la casa que nos ha llevado por otros derroteros, pero no siempre fue así. Aristóteles fue el primero en definir la economía (centrada en el bien común y en satisfacer de forma virtuosa las necesidades), diferenciándola de la crematística (centrada en el comercio y en la acumulación de riqueza), el lucro, por otro lado, se consideraba una “enfermedad del alma”. No hace falta explicar qué vertiente ha tenido más éxito en la evolución seguida por la economía capitalista centrada precisamente en la acumulación del capital como fin de todo agente económico. En la Economía de la Naturaleza no existe acumulación, ni propiedad, ni existen residuos, ni existe individualismo, ni consumo sin producción simultánea, ni tantas cosas que en la economía convencional se consideran realidades inamovibles. Tenemos que aprender de la Economía de la Naturaleza.

Antropoceno, Econoceno, Capitaloceno, ¿qué papel tiene la economía en el cambio de época y civilizatorio al que nos enfrentamos?

Considero que la Economía es el mejor reflejo de una sociedad. Refleja perfectamente cómo se distribuye el poder, quién realiza la toma de decisiones o cuáles son los recursos disponibles y necesarios para la sociedad. Por mucho que se intente negar, la Economía es Política y responde a una ideología o esquema de prioridades que obliga a elegir entre capital, trabajo y naturaleza (factores de producción) o entre el bien común y bien empresarial.

La economía no es única responsable puesto que funciona como intermediaria de una ideología concreta, el capitalismo neoliberal. Es esa sed de crecimiento material y acumulación de riqueza la que trata a la vida, en todas sus dimensiones, como un mero recurso o capital a explotar.

La era actual resulta fascinante desde el punto de vista de la
Economía. Lejanos quedan los años de oro del capitalismo industrial y de la globalización. Vivimos crisis encadenadas producidas por shocks energéticos, de materias primas, financieros, sanitarios… La sociedad visibiliza cada vez más la conexión de la economía dominante con el colapso ecológico y social que estamos experimentando a escala mundial.

Pienso que en los siguientes 10 años, la Economía será el campo de la batalla violenta entre estas dos ideologías: la del capital y la de la vida. Por un lado, el neoliberalismo seguirá su carrera tecnológica y globalizadora hacia una economía circular de crecimiento verde, con una mano de obra precarizada y dependiente, generando desigualdad y pobreza, incluso en sus propios territorios, a costa de los recursos minerales y agrícolas de la periferia.

De otro lado, es en esta periferia donde puede generarse una resistencia económica surgida de la propia necesidad de satisfacer necesidades básicas. Esta periferia económica, de los pueblos y los territorios, sin acceso al mercado ni a financiación, está llevando a desarrollo nuevas economías transformadoras. Como ejemplo tenemos la economía social y solidaria o las comunidades en transición que, desde estas fisuras del sistema, dan respuesta a necesidades sociales reales como los cuidados de la vida. Así es como estos territorios evitan sucumbir como víctimas a los procesos extractivistas de los que se alimenta el crecimiento consumista de la sociedad tecnocapitalista.

Los ODS de la Agenda 2030 sin duda están teniendo una influencia positiva, pero también han recibido críticas e incluso se han llegado a catalogar de ‘irrealizables’, ¿Qué opinas del Objetivo 8 de la Agenda 2030 ‘Trabajo decente y Crecimiento Económico’?

Sin palabras. Es una Agenda que nació sin vocación de transformar la Economía y por tanto incapaz de solucionar realmente los problemas asociados al propio modelo de crecimiento y acumulación de capital. Que la actual economía genera pobreza, desigualdad y deterioro ambiental es una realidad incuestionable. Los nuevos modelos hacia una Economía PostCrecimiento o Decrecentista recogen muy bien esta idea de los efectos negativos del llamado crecimiento deseconómico, destructor de bienestar humano y ecológico.

 La tendencia global es un aumento de la población en las ciudades. En España concretamente un 80% de la población habita en ellas. Además, se ha relacionado el aumento de la población y la urbanización con la expansión de la actual pandemia. Las Naciones Unidas estiman que el 90% de los casos comunicados de COVID-19 se han dado en zonas urbanas, ¿cómo combatir la crisis sanitaria, ecológica y económica desde parámetros urbanos?

Las ciudades, como centros decisores y de consumo, son grandes responsables de los problemas climáticos, ecológicos y sociales a los que nos referimos. Es necesario conseguir ciudades más responsables y eso sólo es posible mediante una toma de conciencia de la huella ecológica, energética, hídrica y social de nuestras decisiones diarias en materia de vivienda, movilidad, consumo y trabajo. La ciudad es el ecosistema creado por y para el homo economicus y está cada vez más diseñada para ser más productivos y funcionales. Las Smart cities siguen invisibilizando el origen de la energía, el agua o los materiales que tan alegremente consumimos en ellas. En este sentido, me parece muy interesante la iniciativa de colectivos como el de Ciudades Cuidadas. Estos colectivos proponen un urbanismo más participativo que visibiliza los cuidados, tan necesarios y más en la actual situación de pandemia. Este tipo de iniciativas ponen al descubierto la necesidad de estos cuidados en nuestras ciudades, diseñadas exclusivamente para producir y consumir y no para cuidar.

Fuiste el coordinador científico del Observatorio Provincial de la Sostenibilidad en Málaga. Este observatorio se promovió desde la Diputación, la Universidad y la Agenda 21 Provincial en el año 2005. Málaga fue una ciudad pionera a nivel europeo, 15 años después, ¿qué aprendizajes y reflexiones puedes compartir de esta experiencia?

Lamentablemente, el tiempo nos da la razón al constatar la importancia de anticiparse a los profundos cambios ecológicos, territoriales y económicos que se están produciendo y que denominamos Cambio Global. En aquellos años el Observatorio se integró en una red nacional y generó información y debate muy relevante sobre usos del suelo, cambio climático y economía en la provincia. Lamentablemente, el cambio de gobierno posterior en Diputación desmanteló un Observatorio que era una verdad incómoda para las políticas de crecimiento económico realizadas desde entonces en la provincia.

El ayuntamiento de Málaga ha aprobado el Plan del Clima 2050 denominado Plan Alicia. El Plan del Clima está alineado con los 17 ODS de la Agenda 2030 y con los contenidos de la Agenda Urbana Española de 2019. Tiene dos etapas de desarrollo, siendo la primera el periodo más importante, de 2020 hasta 2030 y la segunda etapa de 2030 a 2050. ¿Qué implicaciones tiene en la práctica esta iniciativa del Observatorio de Medio Ambiente Urbano (OMAU)?

El OMAU hace un diagnóstico técnico realista que, como en el cuento de Christian Andersen, desnuda a ojos de todos al emperador, dejando al descubierto una ciudad cuya economía, basada en el turismo y el sector inmobiliario, presenta graves déficits ambientales y urbanísticos. Una ciudad con la huella de carbono de las mayores de España debido a la fábrica de cemento, a la central térmica de Campanillas, al aeropuerto y al tráfico de cruceros del puerto. Una ciudad que es incapaz de tratar todos los residuos sólidos urbanos ni realizar el tratamiento de aguas residuales que recomienda la Unión Europea.

A partir de este valiente diagnóstico, el OMAU plantea unos escenarios y un plan Alicia con medidas, a mi juicio, demasiado suaves para el horizonte 2030, máxime cuando el Ayuntamiento no las está integrando de forma efectiva más allá del greenwashing institucional en las áreas clave de promoción económica, transporte y urbanismo.

Pienso que es la sociedad civil la que tiene que recuperar los espacios de participación y debate acerca del modelo de ciudad que queremos. Desde el año pasado, la Alianza Malagueña por la Emergencia Climática denuncia esta realidad, reclamando al Ayuntamiento que se aleje de la economía fósil. Es decir, que deje de apoyar a las empresas y actividades de los sectores basados en combustibles fósiles y que empiece a invertir en proyectos de cero emisiones, proyectos comunitarios y ciudadanos, proyectos sociales generadores de calidad ecológica y calidad de vida. Ámsterdam o París ya han iniciado esta revolución para generar ciudades mas humanas, ecológicas y resilientes. Son referentes a nivel internacional en la actualidad.

El crecimiento económico en Málaga se ha basado casi exclusivamente en los sectores construcción y servicios, dependientes del turismo. Este año se aprobaron, dentro del Plan de Impulso a la Economía Local, el Plan de Reactivación Económica Municipal 2020 y el Plan de Impulso a la Economía Municipal 2020, dos planes de inversión que se han centrado en reactivar la economía desde la construcción. ¿Es necesario un aumento de la construcción y la urbanización? ¿Es la inversión en este sector la única forma de reactivar la economía? ¿Están estas políticas públicas alineadas con los ODS de la Agenda 2030?

La economía está siempre en evolución. El turismo y la construcción han sido las locomotoras de la economía malagueña desde los años 50 del siglo pasado, tras superar la profunda crisis agraria, industrial y textil que truncó la transición desde una economía rural a una economía capitalista en la provincia y que había alcanzado su punto de esplendor a mediados del siglo XIX. Y la economía sigue en transición.

Desde un punto de vista estrictamente económico, no es socialmente rentable este tipo de ayudas a estos sectores. Personalmente optaría por una reconversión de los mismos hacia actividades con mayor rentabilidad, beneficio social y ambiental. Deberíamos ser conscientes de la necesidad de diversificar nuestras economías y reducir la dependencia de los ciclos y de las fluctuaciones del comercio global y la demanda exterior. Es por ello que diría que es un error reanimar o reflotar estos sectores, caracterizados además por la generación de un empleo precario y de baja cualificación. Además de un reducido retorno social de la inversión, es decir, los beneficios del turismo y la construcción no repercuten en la sociedad y en el medio ambiente, sino en multinacionales turísticas y sociedades de inversión mobiliaria que capitalizan recursos naturales y patrimonio urbano y cultural en sus cuentas de resultados.

En segundo lugar, en el contexto de cambio climático actual, resulta urgente desmaterializar nuestras economías, es decir, reducir los consumos de materiales, energía y agua, reduciendo nuestras emisiones de gases efecto invernadero. La economía malagueña es de las que más carbono consume por unidad de PIB provincial dada nuestra especialización en construcción. Por esta segunda razón, deberíamos apostar por una transición hacia una economía post crecimiento donde usemos otros indicadores más allá del crecimiento del PIB para evaluar y dirigir nuestra economía hacia un modelo socialmente más justo y resiliente en el contexto de cambio climático. La agroecología, el tratamiento de residuos y aguas urbanas, la economía de los cuidados y la restauración de los ecosistemas son sectores en auge en las ciudades en la vanguardia de la lucha frente al cambio climático generando empleo y calidad de vida.

Málaga es una de las ciudades que más se ha esforzado en implementar los presupuestos de las smart cities y desde este año, hasta septiembre 2021, será Capital Europea de Turismo Inteligente. Una de las contradicciones que se señalan en la transición ecosocial es el uso de soluciones tecnológicas (technofixes). ¿Cómo crees que se está implementando el Objetivo 11 Ciudades y Comunidades Sostenibles?

El movimiento de las smart cities surge a principios de este siglo XXI y evoluciona desde el concepto de ciudades sostenibles siendo claves en lo que Rifkin llama la tercera revolución industrial o revolución científico-tecnológica. En busca de la eficiencia, las ciudades se convierten en agentes o centros de aplicación de nuevas tecnologías de la información aplicadas a la movilidad, la vivienda, el consumo y la producción de energías renovables. Los gobiernos municipales en Málaga han estado siempre preocupados por el posicionamiento de la ciudad en esa especie de competición invisible por visibilizarse entre las ciudades europeas, por lo que se han destinado considerables recursos para estar en el lobby urbano avant-garde de la sostenibilidad o las ciudades inteligentes. Era previsible este tipo de protagonismo para el próximo año que contrastan con una ciudad muy dual, con grandes contrastes por barrios a la hora de hablar de implementación de políticas hacia una ciudad sostenible. A lo sumo tenemos algún que otro barrio smart o verde pero en términos urbanos las soluciones smart no responden a los retos ecosociales ni comunitarios. Son soluciones técnicas para consumidores de alto standing que pueden afrontar su coste, o para regocijo de las grandes empresas tecnológicas y energéticas que entran en el mercado urbano del big data, y gratis.

El 6 de noviembre de 2019 el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía aprobó la formulación de la Estrategia para la Transformación Económica de Andalucía (ETEA) 2021-2027, ¿qué supondrá esta estrategia?

Este tipo de documentos son requisito para recibir los Fondos Europeos, por lo que son documentos muy generales que tratan de satisfacer las líneas marcadas desde la UE para los territorios, no es una estrategia que nazca desde Andalucía, sino todo lo contrario. En este caso, la Estrategia ETEA persigue que la economía andaluza sea más fuerte y competitiva, realizando una importante apuesta por la internacionalización y el comercio exterior mediante planes de innovación y apoyo a las exportaciones. Todo esto mediante ayudas y subvenciones que colocan nuestros productos en los mercados internacionales.

Hasta ahí todo muy bonito, pero una mirada desde la economía ecológica, visibilizando los flujos de energía, agua y materiales incorporados en esas frutas, verduras o productos que exportamos, por lógica economicista, nos debe llevar a cambiar nuestra actitud ante las exportaciones que hacemos. No sólo transformamos ecosistemas y agotamos recursos escasos y no renovables en nuestra región (capital natural), que son claves para nuestra generación y las futuras, sino que, además no recibimos contrapartida económica por ello pues el precio al que se exporta no recoge estas amortizaciones del capital natural, ni los beneficios de estas empresas exportadoras son distribuidas entre la comunidad más allá de las rentas de empleo generadas. En definitiva, corremos el riesgo de que a través de estrategias pro-internacionalización, como la Estrategia ETEA, estar pagando nuestro propio asesinato, estamos subvencionando nuestro propio colapso hídrico, energético y ecológico a beneficio de la empresa privada que exporta.

Uno de los últimos estudios en los que participaste se centra en las preferencias de consumo a través de Internet. La investigación analiza los componentes cognitivos y afectivos en la compra digital. En la actual crisis estamos viviendo las dificultades de los pequeños comercios locales mientras empresas globales como Amazon aumentan sus ventas y beneficios. ¿Cómo interpretas esta situación?

Era una situación previsible. El llamado lockdown o cierre de las economías que obligó a parar la actividad económica y a quedarnos en casa a la población al inicio de la pandemia no rigió para las grandes empresas globales como Amazon o Aliexpress. Sus cadenas de suministro globales se rigen por acuerdos unilaterales con los países por los que comercian. En definitiva, están más allá de las leyes vigentes para las empresas comunes y también mas allá de las pandemias. Han obtenido beneficio incluso de la tragedia de la pandemia pues gracias al confinamiento han tenido mas clientes cautivos del mercado online. Las grandes empresas españolas de consumo y de alimentación no han tardado en seguir la misma estrategia hacia la venta online. Sin embargo, el comercio local y de cercanía ha visto muy reducido el número de clientes asustados por un hipotético contagio que nunca ha existido en las tiendas de barrio. Sin la capacidad tecnológica, la capacidad de inversión, ni el marketing agresivo, estas tiendas están echando el cierre en muchos casos. Ésta sí que sería una buena orientación de las políticas de reactivación económica: dar ayudas al comercio de cercanía para facilitar su conexión con la población del barrio, vendiendo productos de cercanía, re localizando las economías, lo que redunda en una menor huella ecológica y una mayor calidad de los productos.

En una charla sobre el efecto de la pandemia y la crisis en Málaga hablabas de los índices de pobreza en la ciudad, ¿crees que el 1º objetivo, el fin de la pobreza, se está aplicando con resolución?

Muchas personas piensan que la pobreza es una enfermedad propia de las economías subdesarrolladas o corruptas de los países africanos o del sur de América. La pobreza es una realidad con la que se convive también en las ciudades de los países desarrollados. Andalucía es la segunda región con mayor pobreza del país. En Málaga más de un tercio de la población está en riesgo de exclusión social. Además, la pobreza se está volviendo crónica en determinados colectivos y barrios. Está afectando cada vez a más población joven e infantil (en torno a un 40% de la infancia corre riesgo de pobreza). Este hecho se agrava con el incremento del paro derivado de las medidas ante la pandemia.

Hay dos tipos de pobreza. Por un lado, y como recoge el OMAU, la pobreza visible que se distribuye por barrios entre los que existen grandes diferencias de renta, de calidad de aire y calidad de vida. Por otro, la llamada pobreza invisible, que aumenta espectacularmente como denuncia la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social. Esta pobreza invisible existe en muchos hogares donde viven familias que no tienen recursos para pagar la vivienda o la comida y subsisten gracias a las ayudas de asociaciones o colectivos de economía solidaria. Estas acciones son el mejor ejemplo de qué puede ser la Economía, aunque no coticen en bolsa ni obtengan beneficios monetarios. Su finalidad es satisfacer necesidades que el mercado o el sector público no están cubriendo.

 

Por: Florencia Mieles (entrevista realizada en el curso: Laboratorio de periodismo sobre economía y Agenda 2030)

Con el apoyo financiero de la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo en el marco del proyecto «Laboratorio de Economía y ODS: localizando la Agenda 2030 desde la Universidad»

 

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