Financiación inclusiva: porque todas las ideas merecen una oportunidad

¿Te imaginas tener una buena idea, ganas de emprender, incluso una comunidad que apoya tu proyecto… pero no poder avanzar porque nadie te da crédito?
     Esto no es una historia aislada, es la realidad de muchas personas —especialmente mujeres migrantes— que viven en Euskadi. Por eso, el pasado 3 de abril, Economistas sin Fronteras organizó una jornada muy especial en el Ekonopolo de Bilbao: “Acceso Justo al Crédito,  Construyendo Caminos para Emprender”.
       Fue una tarde donde entidades, colectivos y personas emprendedoras se dieron cita para algo más que escuchar ponencias: vinieron a hablar, compartir y, sobre todo, construir soluciones. Porque sí, emprender es difícil. Pero aún más si no sabes dónde pedir ayuda… o si al pedirla, te cierran la puerta en la cara.

Desde Economistas sin Fronteras, el compromiso con una economía más justa no es solo teoría: se traduce en acciones concretas. En palabras de Ernesto, técnico de Emprendimiento Social y Economía Social y Solidaria de la organización, “esta jornada nace de algo muy real: la desconexión que existe entre los colectivos migrantes con ideas emprendedoras y las entidades que pueden financiar esos proyectos”.

Esta jornada formó parte de un proyecto más amplio impulsado por Economistas sin Fronteras, cuyo objetivo es crear materiales divulgativos, recoger experiencias y avanzar hacia criterios de financiación más inclusivos, especialmente con perspectiva feminista.

¿Qué entidades participaron?   Durante la primera parte del evento, diferentes entidades presentaron sus fondos y condiciones de acceso.

> Finanzas Éticas Euskadi, representada por Javier Egia, gestiona un fondo de la Diputación Foral de Bizkaia destinado a personas en situación de exclusión. Ofrecen microcréditos de hasta 6.000 euros sin intereses, con aval social y acompañamiento, priorizando proyectos impulsados por personas migrantes o con ingresos bajos
> Refas (Red de Finanzas Alternativas y Solidarias), a través de Irune Lekaroz de Microfides, ofrece créditos complementarios a entidades sociales que presentan proyectos de emprendimiento social. Lo hacen desde la lógica de la confianza, no de la garantía bancaria.
> Caritas Bizkaia, a través del proyecto Incorpora, acompaña cada año a 70-80 personas en su camino emprendedor, con formación, apoyo y asesoramiento personalizado. Su colaboración con Microbank permite acceder a créditos de hasta 30.000 euros, sin avales, pero con un plan de negocio viable.
> Fondo Calala, representado por Greta Frankenfeld, propone una alternativa aún menos conocida: las donaciones. No son préstamos, sino ayudas económicas sin devolución, destinadas a organizaciones de mujeres o disidencias que promueven la economía social y solidaria.
> Bizkaia Mikro, entidad pública que ofrece microcréditos sociales. Su director, Marcos Sayero, recordó que “el emprendimiento real no es solo Steve Jobs: es la peluquería de tu barrio, la tienda de alimentación del pueblo, o la mujer que quiere abrir un taller de costura”. Sus préstamos tienen un interés del 2,5% y no requieren aval, aunque sí es necesario ser persona jurídica (algo que cambiará próximamente).
> Además, participaron entidades como Migratoria, Koops o iniciativas emergentes como Etorkinet, una futura cooperativa digital para personas migradas

Una de las partes más interesantes de la jornada fue la dinámica participativa, dinamizada por el equipo de EQUIPARE.
      Se trataba de ir más allá del diagnóstico habitual y entender de verdad qué impide que tantas personas accedan a la financiación.
      La primera gran barrera que surgió fue clara: la falta de información. Muchas personas migrantes ni siquiera saben que existen ayudas o microcréditos para emprender. Algunos testimonios lo dejaron claro: “Yo no sabía que Cáritas ofrecía apoyo para montar un negocio”, dijo Ibrahim, uno de los asistentes.
    Esta desinformación se agrava cuando el lenguaje financiero es incomprensible. Palabras como “inmovilizado”, “circulante” o “amortización” resultan intimidantes y desconectan a quienes no han recibido formación previa. Como resumió una participante: “Parece que los productos financieros no están pensados para mí”.
     Y si hablamos de mujeres migrantes, las barreras se multiplican: falta de redes, prejuicios, carga de cuidados, miedo a endeudarse… Muchas no se sienten con derecho a emprender, aunque tengan capacidades y buenas ideas.

Durante la jornada se habló también del impacto psicológico del emprendimiento.
    No tener acceso a financiación no solo frena un proyecto: también desgasta la autoestima. Porque cuando te dicen “no” muchas veces, acabas creyendo que el problema eres tú.
      Además, la burocracia puede resultar desmotivadora,  y aunque algunas personas ven el esfuerzo como una inversión que vale la pena, otras se sienten abrumadas ante tanto papeleo, requisitos, justificaciones, formularios.
  En estos contextos, la labor de acompañamiento y asesoría cobra especial valor. No se trata solo de facilitar un crédito, sino de estar ahí para revisar números, repensar ideas o incluso decir que no… cuando ese “no” evita un problema mayor. Como dijeron desde Caritas: “A veces ayudar también es decir que no, si el negocio no es viable”.

Propuestas que nacen desde abajo,  porque no todo fueron quejas.
  La parte más esperanzadora de la jornada fue precisamente ver cómo las personas asistentes no solo identificaron problemas, sino que propusieron soluciones muy concretas:

> Traducir el lenguaje bancario a términos sencillos, para que todo el mundo entienda lo que firma y lo que asume.
> Llevar la información donde están las personas: locutorios, asociaciones, barrios, redes sociales… porque si no te enteras de que existe una ayuda, nunca podrás pedirla.
> Hacer talleres de educación financiera, adaptados cultural y lingüísticamente a la realidad de las personas migradas.
> Generar redes de colaboración entre organizaciones, para unir 
esfuerzos y compartir recursos, experiencias y contactos.
> Establecer criterios de género y migración en el acceso al crédito, valorando las trayectorias vitales, los saberes informales y la experiencia previa de las personas.
> Simplificar los procesos para el famoso “dinero para subir la persiana”, reduciendo plazos y papeleos que muchas veces resultan imposibles para quien está empezando.

¿Y ahora qué?.- La jornada del 3 de abril no fue un punto final, sino un punto de partida.
Desde Economistas sin Fronteras ya están trabajando en recoger todas las conclusiones, convertirlas en materiales de utilidad pública y seguir promoviendo un modelo de financiación más justo, inclusivo y transformador.

Porque el crédito no debería ser un privilegio reservado a unos pocos con contactos, avales o estudios financieros. El crédito debería estar disponible para todas las personas que tienen una buena idea, compromiso y ganas de generar valor para su comunidad.

Como dijo uno de los ponentes: “No se trata de que cada individuo tenga derecho a que le den un préstamo. Se trata de que, como sociedad, no dejemos que proyectos viables se queden por el camino solo por falta de acceso”.

Y eso es lo que buscamos construir desde espacios como este: un ecosistema más justo, donde emprender no sea un salto al vacío… sino un camino posible

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